Un día más sin usar el trinomio cuadrado perfecto

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11 ideas sospechosas que aprendemos en la vida escolar

Sin duda, uno de los lugares donde mejor se incuban nuestras complicaciones vitales es en la escuela (colegio) y otro tanto en nuestra familia de origen. Me centraré en ese bizarro mundo escolar donde estuvimos expuestos a tantas cosas con las que finalmente no pudimos hacer nada. Será una revisión breve con una simple intención: abrir los ojos y darnos cuenta de qué es todo aquello que nos enseñaron, que aprendimos y que seguimos repitiendo sin darnos cuenta.

Aquí no mencionaremos nada sobre cuál método pedagógico es mejor, ni cual país tiene el mejor sistema educativo o qué tipo de escuela y educación básica es recomendable. Ya hay suficiente gente escribiendo sobre eso. Mi interés aquí es que cada uno haga el ejercicio de saber finalmente qué toma y qué deja de la educación que recibió y, sobre todo, que descubra qué puede usar o qué le falta para ser el “ciudadano” que quiere ser.

1. Hay una persona a cargo que siempre tiene la razón: el oficio de maestro es tal vez uno de los más duros y exigentes que existe, aparte de la inmensa responsabilidad que representa. Sin embargo, varios estuvimos expuestos a la idea de que quien se para al frente no sólo tiene el poder, sino que carga con la obligación de tener todas las respuestas. Su función era hacer que le obedecieran y que todo marchara bien. En ese mismo sentido nos convencieron de que esa persona podía decirnos que algo era de determinada forma o simplemente amargarnos la vida si pensábamos de forma diferente. Lo digo por varios episodios de honestidad y algo de valentía donde me atreví a contradecir algunos de mis profesores por cosas que yo sabía que no estaban bien…

2. Obedece sin chistar: consecuente con lo anterior en mi educación siempre estuvo la idea de que había que obedecer sin chistar. Veo que en el mundo educativo de hoy esto viene cambiando e incluso empieza a irse para el otro extremo de una insulsa anarquía, pero el tema es que a varios nos mostraron una clase de fascismo soterrado que nos enredó bastante la posibilidad de construir nuestras propias respuestas sobre la vida en general. Tuvimos que consumir muchos años de la adultez corrigiendo esa cadena de errores y desequilibrios con las que se alimentaron nuestras mentes.

3. Seguir un credo y una bandera: con el mismo ahínco que me enseñaron una religión y los símbolos patrios de una sola nación, también hubiera agradecido que me mostraran muchas otras religiones sin decirme que “eran malas” o “amenazantes” y que me hubieran explicado que al final casi todos son sistemas de control social basados en el miedo. También me hubiera gustado que me contaran que las llamadas “religiones” nacieron como tradiciones y caminos espirituales que luego se fueron deformando y que incluso algunas que parecen tan diferentes entre sí adoran al mismo dios… Algo parecido ocurrió con el supuesto “amor por mi país”: me hubiera gustado que me enseñaran a sentirme como un ciudadano planetario, como un hijo de la Tierra, no como un ser separado de ella. Así hubiera sido más natural amar a mi país y a cualquier persona o lugar de cualquier parte. Sigo aprendiendo.

4. De la ignorancia y otros mitos: tardé muchos años en comprender qué era la ignorancia. Digamos que veo una ignorancia superficial que es la de “no saber algo”; esa se resuelve fácil. Pero percibo una ignorancia mayor y que encuentro bastante peligrosa: la ignorancia guiada por la cultura y la costumbre, la ignorancia guiada por la creencia y por una visión deformada de la realidad. Veo con mucha preocupación, en la sociedad que vivo, niveles crecientes de ignorancia: cosas como que legalmente se apruebe la tortura de animales como un espectáculo público, que se arrase un bosque nativo para construir un condominio campestre (???), que se prefiera destinar recursos para construir un monumento en vez de un acueducto o que mantener un tradición casi lleve a la extinción algunas especies vivas. No nos enseñan a pensar más allá de la norma sino a seguirla ciegamente consumidos por una forma de pensamiento bastante primaria.

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5. El título dice que sabes: obtener un título no sólo “dice que sabes”, sino que más bien debería ser la responsabilidad por seguir aprendiendo de eso que dices saber. Pero no, la educación nos hunde más y más en la sobre–especialización.

6. Aquí no se aprende nada que tenga que ver con la vida “real”: a esto me refiero con el “trinomio cuadrado perfecto” y con infinidad de cosas que vi en la vida escolar que luego no me sirvieron en la vida real. Debo aclarar que no digo que esos conocimientos sean buenos o malos; estoy seguro de que el ordenador que utilizo para escribir esta entrada y el edificio donde vivo llevan mucha álgebra implícita; lo que quiero hacer ver es que la “vida real”, la de la calle, la personal, donde ocurren los problemas y los retos de verdad, nos exige unos conocimientos diferentes. En las entradas de la serie “Lo que me hubiera gustado que me enseñaran…” (Primera, segunda y tercera parte) detallo todo esto mucho mejor.

7. Si está escrito en un libro es verdad: crecí con esta idea y la albergué mucho tiempo hasta que tuve como catorce años y me enfrenté a un libro de texto de educación religiosa y moral. Era un absoluto adefesio esa obra, no tenías que ser un profundo pensador ni un pequeño Noam Chomsky para darte cuenta del jueguito en el discurso; mi aparente error fue hacer público el cuestionamiento ante gente más poderosa que yo (docentes) en ese momento. Por fortuna la saqué barata porque el rector del colegio, quien preocupado me mandó a llamar para preguntarme por qué pensaba así, era un tipo relativamente ecuánime y buscó razonar conmigo. En todo caso este episodio me dejó muchas lecciones para la vida…

8. Estudia mucho… para que seas exitoso: en la entrada sobre “El arte de decidir cuánto es suficiente (P2)” lo explico en detalle. Poco a poco la historia y la descarnada realidad de la vida se fueron encargando de mostrarme que no necesariamente es así, que la educación no garantiza nada en sí misma, sino lo que sabiamente sepamos hacer con ella. Es ahí donde reside la contradicción: la educación no nos provee esa sabiduría para aprovechar el conocimiento, ese pedazo es el que queda faltando, por eso ser exitosos nos cuesta tanto trabajo, porque nuestro sistema escolar no nos conecta con nuestro talento genuino.

9. Tienes que parecer algo… distinto a quien eres: lo he dicho hasta el cansancio en otras entradas y no me detendré mucho aquí. Carecimos de espacio para aprender a ser nosotros mismos, a cooperar, a construir redes. Simplemente hubo un estándar de lo que era malo, bueno y deseable, y de ahí para adelante el resto era cuestión de hacer match para sobresalir compitiendo.

10. Evaluación estandarizada – la llave para el cuadro de honor: ese mensaje de que “tienes que ser bueno en todo” para muchos es una cruz. Me pregunto cuántos talentos desperdiciamos, cuanta gente valiosa termina perdida, frustrada y sin hacer realidad su propósito vital.

11. Descansar es un premio con cara de privilegio: aunque no puedo negar la realidad de que en la vida escolar que viví se pierde mucho tiempo (comparada con la de nuestros pares japoneses o coreanos por ejemplo) con el tiempo fue ocurriendo que el descanso se convirtió en un privilegio mal visto, por lo que era necesario que nos despacharan con tarea y deberes para la casa. Esta es como una leve culpa que va creciendo dentro de uno y que cuando llegas a la vida empresarial te das cuenta de que se convierte en una fuente de señalamiento y mala cara cuando dices que tomarás vacaciones. No falta quien diga que es “una mala época” para que te tomes un descanso (en realidad cualquier época del año eventualmente lo puede ser) y que tu descanso no debería ser tan largo dadas tus obligaciones. Si algo de esto te pasa o te ha pasado entenderás de qué te hablo.

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Un par de comentarios finales:

De lo que hay que zafarse: espero que hasta este punto hayas podido darte cuenta de aquello de lo que hay que zafarse. Siempre estamos a tiempo de poner en cintura todos esos desequilibrios que arrastramos en la vida, que no son más que pura inconsciencia. El poder está en cada uno de nosotros.

Y si lo olvidaste, un trinomio cuadrado perfecto es un polinomio de tres términos que resulta de elevar al cuadrado un binomio. Todo trinomio de la forma:

(a+b)^2 = a^2+2ab+b^2 \,\!
es un trinomio cuadrado perfecto ya que
(a+b)^2=(a+b)(a+b)= \,\!
=a^2+ab+ab+b^2=a^2+2ab+b^2 \,\!

No obstante, es claro que después de aprenderlo han pasado muchos días, meses y años sin que esto me sirviera para pedir préstamos al banco, presupuestar mis viajes, planear los gastos del hogar, hacer mi declaración de impuestos y para ocuparme de otro tanto de cosas que en mi vida diaria debo hacer. Habrá algún matemático que me diga que sí sirve, pero le puedo asegurar que el mundo en el que vivimos es mucho más simple que esta fórmula.

 

 

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