El Hoyo: un análisis aficionado para que no te molestes en leerlo

No espero que nadie lea esta entrada. Es la primera vez que escribo una entrada espontánea y a dos manos. Esta vez la protagonista fue mi amiga del alma, Claudia Mesa. Hace unos días me recomendó que me viera las películas “El Hoyo” (la española) y “Parásitos” (la coreana). En la noche del jueves pasado hice la tarea de ver El Hoyo y hoy sábado le di mis comentarios. Si no te has visto la película, no sigas, si ya la viste, no importa que leas esto. En todo caso, no quería dejar perder este humilde y desapasionado análisis de lo que más nos gustó de una película que, para nuestro gusto, es sencillamente brillante.

Este diálogo transcurre a través de un chat de Whatsap, así que me di a la tarea de copiarlo tal cual y sin correcciones. De antemano me excuso por los posibles errores.

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Confía al cruzar el puente en medio de la niebla

Es fascinante estar en este momento de la historia. Probablemente poca gente lo vea o lo sienta así y es entendible. Cada quien en su realidad, en las tensiones de su propia supervivencia y en su respectivo grado de consciencia, evaluará la misma situación con una escala singular. El asunto de fondo es la pregunta: ¿Cuál es el sentido y propósito superior de todo esto? ¿Esto qué tiene que ver conmigo?

Ahora bien, que si el patógeno fue creado, que si fue un bio–ataque entre potencias, que tiene y no tiene genes insertados de otros virus, que un país lo ha hecho mejor que otro paliando la situación, que un día son tantos y al otro más… que unos mueren y otros sobreviven, que si ancianos o jóvenes, que si soplamos o no soplamos, que en casa debe haber la zona limpia y la zona sucia, que si salimos y no salimos, que la cura mágica, que la cura cierta, que el tratamiento falso, que si un líquido u otro, que esto sí funciona y lo otro no, que lo que se debiera haber hecho o dejado de hacer… y otro largo bla, bla, bla…

Creo que ya estamos llegando al punto de saturación con todo esto. Más y más información, más noticias que no llevan a nada y que lo único que hacen es alejarnos de la gloriosa oportunidad nunca antes vista en muchos siglos.Leer más »

La vida en “modo avión”

Cuando dejamos el móvil en modo avión sabemos que ese ícono lo detiene casi todo, pero hasta cierto punto podemos seguir operando el equipo y haciendo otras cosas en él. Una parte se adormece, se desconecta para no molestar y el resto sigue andando normalmente o con funciones restringidas.

Lo que nos ocurre en este momento nos da la lección desde la función que es fundamental para sobrevivir: Respirar. Nos acostumbramos a respirar agitados, a respirar mal. Somos poco conscientes de la forma como respiramos. No nos detenemos a respirar ni le damos respiro a nada… y peor aún, detenerse a respirar es visto como un signo de debilidad, falta de motivación, distracción, improductividad y desinterés.

Lo que pasa ahora puede ser un símil del “modo avión”. Tal y como le he visto a mucha gente ignorar la orden de activarlo durante los vuelos, luego de que la tripulación lo solicita, así luce lo que nos pasa ahora a todos. Creo que muchos de ustedes están tan hastiados de conversar del asunto del Covid–19 como lo estoy yo y de toda la ola de info–toxicación estupideces, ansiedad y poesía que ha desatado; así que por ahí no será el tema esta vez.Leer más »

El trabajo es una obra de teatro llena de payasos

Estoy seguro de que has estado en una de esas reuniones interminables donde no se resuelve nada y todos discuten y blandean sus egos como si fueran banderas y pelean por ganar y tener la razón, mientras sabes al mismo tiempo (o gracias a las notificaciones de tu móvil) que te entran y te entran correos electrónicos llenos de nuevas tareas y cosas por revisar, a la par que los mensajes de Whatsapp te llenan de notificaciones y te pueden estar saturando de noticias inoficiosas, divertidos memes con estupideces, pornografía rápida de tus amigos de cervezas o algún llamado familiar para que sirvas para algo.

La reunión termina envuelta en una niebla densa de desesperación donde las especies que están más arriba en la cadena trófica sacan sus uñas y dientes para revelar la ferocidad con la que defienden la privada ficción del poco y endeble poder que creen que tienen. Hace un tiempo llegué a una conclusión… dudo que sea nueva en el mundo, pero no la había hecho presente en mi vida concreta: la vida del trabajo es como una gran obra de teatro… todos llegamos al comienzo de turno, nos ponemos la máscara, a algunos nos corresponde sonreír y ser más amables que al promedio, y a otros les corresponde otro tipo de papel.Leer más »

Nuestra vida solo tiene sentido en el misterio

 

¿Cuándo fue la última vez que hiciste una pregunta que sintieras que valió la pena? ¿Qué hace en últimas que una pregunta valga la pena para ti? ¿Tanta seguridad tienes de lo que crees saber que no te preguntas nada? ¿Qué podrías estar haciendo a un lado simplemente por no preguntar? ¿Cuáles son esas preguntas que tienes por ahí dándote vueltas en la cabeza y que aún no te respondes? ¿Cuántas de esas respuestas permanecen en el misterio más absoluto? Nuestra vida tiene sentido salvo en el misterio.Leer más »

Siete formas como cedemos nuestro poder personal

¿Se te hace un nudo cuando piensas en tu propia “autoestima”? Seguro que muchas veces te has mirado al espejo y te has sorprendido preguntándote por qué tu vida parece hundirse en el mismo lodazal. Tratas de dar tu mejor cara, pero sabes que en el fondo hueles a fraude… y cuando digo fraude no es solo “pérdida” en el sentido de llegar al final de la carrera o salir derrotados…Leer más »

Anonimato: Descansar haciéndose invisible

Hace poco estuve de vacaciones y no pensé que finalmente la concepción de descanso sufriría una mutación hacia el poder evitar ser encontrados… hacia el hacernos decididamente invisibles. Whatsapp ha sido la estocada final que nos ha puesto en la posibilidad de ser encontrados y “endosados” en cualquier momento y lugar, si nos descuidamos y dejamos abierta alguna conexión. Un mensaje, un audio, cualquier texto y ya hay comunicación, no hay escapatoria.Leer más »

Hay que enseñar a cuidar las cosas

Cuidar

Hace poco escuchaba a una persona cercana que me decía que sus “niños a veces son dañinos y es mejor no tener determinadas cosas…”. He de reconocer que en ese momento su respuesta despertó en mí una oleada de pensamientos relacionadas con creencias profundas que tengo frente a este asunto del respeto y el cuidado de las cosas. Esto fue lo que en principio le respondí:Leer más »