La “crítica constructiva” es como perfumar estiércol

A veces se me hace que eso de la tal “crítica constructiva” es una mentirilla como la de las botellas de plástico con menos plástico y las balas de plomo con menos plomo. La botella de plástico sigue teniendo plástico y la bala sigue siendo bala. La una contamina a más no poder y la otra sirve para asesinar. Decir que una crítica es constructiva es como perfumar estiércol. Sigue leyendo

Como no tienen vida propia…

Sí, es esa gente que habla de todo mundo y de cuanta tontería ven por ahí. De ellos está lleno el mundo. Es esa gente que habla de sí misma cada que puede, que no escucha porque está pendiente de pensar qué replicar sobre lo que “a ellos les pasa…”. Son imposibles para conversar, son abundantes y son tenencia. Su síntoma más común es que pasan mucho tiempo hablando de todo el mundo, de si hacen o no hacen, de si vienen o van, de si están o si se quedan. Sigue leyendo

La maestra y el corcho

Hace años, un inspector visitó una escuela primaria. En su recorrido observó algo que le llamó poderosamente la atención; una maestra estaba atrincherada atrás de su escritorio, los alumnos hacían gran desorden; el cuadro era caótico. Decidió presentarse:

– Permiso, soy el inspector de turno… ¿Algún problema?

– Estoy abrumada señor, no sé que hacer con estos chicos… No tengo láminas, el Ministerio no me manda material didáctico, no tengo nada nuevo que mostrarles ni qué decirles… Sigue leyendo

Y último día 10: Suelta… perdona… y olvida

dejar-ir

Decirlo es facilísimo, pero hacerlo es una mierda. Es complicado borrarse de la mente lo que se escribió en el alma. Son recuerdos eternos, y si hiciste como te dije en la entrada de ayer, es mucho peor, la cosa se complica más. Son sensaciones y querer volver a eso es como una droga, como una especie de adicción. También hay que decirlo, hay que reconocerlo. Sigue leyendo

Día 9: Date tiempo, siente y luego existe, en todo caso deja la pensadera

esperar

Indiscutiblemente nos gustan los resultados rápidos. Todo está armado para que así sea y dentro de las actuales trampas de la “idea de la felicidad” está eso de que todo tiene que llegar inmediatamente solo por desearlo, lo cual en sí no tiene nada ni de bueno ni de malo, hasta tanto no se te vuelva una compulsión. Sigue leyendo

Día 7: Deja de estarte comparando

compararse

Adapto lo siguiente: Alguien se graduó a los 22 y consiguió trabajo a los 27; alguien se graduó a los 27 y ya tenía trabajo; alguien a esa edad ni siquiera había podido estudiar.

Hay alguien que sigue soltero y tiene un hijo, hay quienes están casados y llevan años buscando poder tener un hijo; hay quienes ni siquiera buscaban un hijo y ahora son padres. Sigue leyendo

Día 3: Cambia y si no hay cambios cámbialo todo y cambia

cambio

Hemos hablado mucho del hastío y de la aburrición ¿Todavía no sabes qué es lo que te aburre en el fondo? Ah, se me olvidaba que nos sabes qué es el fondo porque todavía no lo has tocado. No sabes qué es “tocar fondo”. Ya quisiéramos tocar fondo de nuevo, pero esa es una cuestión que ocurre pocas veces en la vida. Es una bendición escasa. Sigue leyendo

La triste obligación de tener que ser feliz

La filosofía del “be happy” frivoliza la felicidad, presionándonos para serlo y exigiendo que documentemos y compartamos nuestros momentos felices. La persecución de la felicidad es tal vez el mayor cliché cultural que nos acecha: las imágenes de sonrisas desbordadas que deambulan en las redes sociales, los grandes hits musicales diseñados para celebrarla, los épicos […]

a través de La triste obligación de tener que ser feliz — La Brújula del cuidador

Principio del vacío (Sobre el posponer todo…)

vacio

Usted tiene el hábito de juntar objetos inútiles en este momento, creyendo que un día (no sabe cuándo) podrá precisar de ellos.

Usted tiene el hábito de juntar dinero sólo para no gastarlo, pues piensa que en el futuro podrá hacer falta.

Usted tiene hábito de guardar ropa, zapatos, muebles, utensilios domésticos y otras cosas del hogar que ya no usa hace bastante tiempo.

Usted tiene el hábito de guardar resentimientos, tristezas, miedos, entre otras más.

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