El arte de decidir cuánto es suficiente (Segunda parte)

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En la primera parte conversábamos sobre “llenar el vacío” y “tener aspiraciones”. Estas son dos creencias que nos dificultan saber cuánto es suficiente y dónde poner límites a lo que verdaderamente queremos conseguir. Hasta el momento hemos estado revisando parte de los “cuentos” que nos han echado o que nos hemos creído. A continuación revisaremos un par de cuentos más: “¡Que no te vean como un (una) mediocre!” y “El ‘olor a sacrificio’: La ilusión del ‘esfuerzo extra’”.

“¡Que no te vean como un (una) mediocre!”

mediocre-awards-mantenlosimpleEl círculo vicioso de la supuesta “mediocridad”, la cárcel del perfeccionismo y las “aspiraciones”, se basa en un montón de tergiversaciones. Cuando hablamos de mediocridad nos referimos a algo de “poco mérito, tirando a malo” (eso dice la Real Academia y yo les creo…).

Efectivamente actuar como un mediocre le hace daño a la vida de cualquiera, lo que pasa es que el juicio de valor sobre ser o no mediocre siempre hay que ponerlo en perspectiva: ¿Bueno o malo para quién o según cuál escala de comparación? Si hiciste tu mejor esfuerzo, si diste todo de ti e incluso lograste lo que te habías propuesto ¿Por qué habrías de calificarte de mediocre? ¿Acaso fue que no le ganaste a alguien más?

Esta reflexión y estas preguntas nos dan otra pista de cuánto es suficiente: recibir justamente lo que me merezco. Acá no estamos hablando de competencias deportivas (que se han vuelto tan enfermizas y obsesivas últimamente… con su publicidad multimillonaria y sus escándalos de dopaje) ni de negocios ventajosos, sino de batir mis propias marcas, encarar mis propios miedos, superar mis propios obstáculos y lograr lo que realmente me importa lograr, no lo que otros digan que “está bien lograr”. Ese parece ser el fondo de todo.

“Ser mediocre” lo resumo como vivir por debajo del nivel y el estilo de vida que integralmente soy capaz de vivir, y uso el término “integralmente” porque quiero ser incisivo en algo: abarcamos todos los ámbitos de la vida, no sólo qué modelo de automóvil soy capaz de comprar ni los metros cuadramos de mi residencia (delicioso tener ambas cosas… nadie dice que no), sino la vida completa que soy capaz de vivir en paz y armonía, sin deudas de ninguna clase.

mediocre_mantenlosimpleSi genuinamente sueñas con comprarte un yate, está bien y es tu problema…, pero también es igualmente respetable aquel que sueña con ser un gran repostero y elaborar “cup cakes” de clase mundial, así no le importe hacerse rico preparándolos… lo curioso es que el segundo puede tener más probabilidades de vivir una vida exitosa y abundante porque tendrá una oferta de valor que muchas otras personas valorarán y pedirán…

Por otra parte, a no ser que tu yate te sirva para repartir comida o llevar libros a poblaciones costeras sumidas en el hambre y la ignorancia, con seguridad a nadie le importará tu barquito ni las tonterías que hagas con él.

Aquí tenemos una pista adicional de cuánto puede ser suficiente: obtener aquello que verdaderamente le agrega valor a la vida (a la mía y a la de otros). Ni más ni menos.  ¿Le estamos apuntando a lo que de verdad nos importa? En lo que hacemos o buscamos ¿Buscamos agradarle a alguien más o queremos capturar su atención o competir con esa persona? Porque si es así, entonces todo el esfuerzo va camino a ser basura, y no solo por el acto en sí, sino por el mero hecho de desperdiciar energía que se hubiera podido aplicar a cosas realmente valiosas.

El “olor a sacrificio”: La ilusión del “esfuerzo extra”

Hasta este punto he hablado de que la suficiencia se da en “obtener” en una medida justa. Deliberadamente he utilizado la palabra “obtener” y he buscado sonar como si se trata de seguirnos llenando de objetos, pero quiero hacer ver con claridad que todo parte del interior. Si el recipiente sigue vacío vamos a querer seguirlo llenando con más y más cosas. Pero si el recipiente está lleno y debidamente cuidado cualquier cosa adicional será innecesaria.

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El mito griego de Sísifo

Todo esto puede ser difícil de entender si nos quedamos en la lógica de seguirnos llenando por fuera; el juego interior es mucho más exigente: es un juego de despojo, desapego, serenidad, austeridad y vacío. Parece una paradoja, pero se trata de dejarnos a nosotros mismos con lo esencial que ya traemos, sin más ni menos que eso, “justo con lo justo”.

Aquí aparece en escena el fantasmita que nos dice: “… pero es que yo hice mucho… ¿Cómo es que no tengo más?”. La pregunta a continuación es: ¿En dónde dice que obtenemos resultados por el esfuerzo? ¿Quién estaba pidiendo mártires? Somos premiados por el valor que creamos, no por hacer más. Sé que esto en principio es difícil de entender porque no concuerda con lo que siempre aprendimos: la ética de los superlativos, la ética del auto–sacrificio y del esfuerzo siempre creciente, imparable e insostenible.

Cuántos de nosotros cuando íbamos mal en las clases nos decían: tienes que esforzarte más… ¿Más esfuerzo? ¿En qué me tenía que esforzar? ¿Para qué? El problema era otro y yo no lo veía: simplemente no tenía método, no me organizaba para estudiar adecuadamente, o prefería darle más peso a otras materias que de verdad me interesaban y en las que me sentía más a gusto.

Posiblemente mis maestras o mis padres se esforzaban para hacerme memorizar algo sin conexión ni sentido y yo no era capaz de aprender así; yo aprendía entendiendo las razones de las cosas y algunos de mis compañeros aprendían más fácil viendo los procedimientos. Esto no está ni bien ni mal. Simplemente son casos que muestran que el problema no es de esfuerzo, es de valor. Si yo obtenía resultados era sólo una cuestión de enfoque y de trabajo inteligente. Insisto en que nunca fue un asunto de esfuerzo.

Creemos que por cumplir y “hacer mucho” nos merecemos una indulgencia, así sea que lo que hayamos entregado no tenga la más mínima utilidad o impacto… pero “cumplimos”. Aquí tenemos la última pista de cuánto es suficiente: hacer justamente lo que nos piden o lo que nos comprometimos hacer. Si hacemos más es porque le añade valor al acuerdo inicial; si hacemos menos, estamos deshonrando la promesa.

En esta entrada terminamos de revisar las pistas de cuánto es suficiente. En la próxima entrada reforzaremos los argumentos en cuanto a la suficiencia clarificando el sentido de lo valioso, cuestionando por qué hacer o tener más no necesariamente nos genera valor y hasta lo puede destruir. Revisaremos el criterio de sostenibilidad como base para decidir cuándo algo es suficiente y cómo abandonar la vida de “persecución”.

2 comentarios en “El arte de decidir cuánto es suficiente (Segunda parte)

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