Bases filosóficas de la sencillez financiera: Por qué el culto al dinero es la nueva religión (2da Parte)

dinero religion“Uno se da cuenta de que ya es adulto el día en que hace su primera declaración de impuestos”. El cuento de hadas se derrumba cuando descubrimos que casi todo lo que toca nuestra vida cotidiana requiere de dinero: salud, educación, vivienda, transporte, recreación, etcétera. Hemos construido una civilización, que como nunca en la historia, ha puesto el dinero en la médula de lo que llamamos “realidad”.

Lo más inquietante es que el dinero en sí mismo no es nada, el dinero es una idea y un acuerdo que hemos construido como sociedad. Creemos en el dinero como una unidad de intercambio y una medida de valor percibido. El dinero es un instrumento, una herramienta, y como tal es tan “bueno” o tan “malo” dependiendo del uso que le demos. Solo basta que cambies de país para que veas que los billetes del tuyo no sirven para nada; a nadie le interesan.

El dinero es una idea

Hoy día existe más dinero virtual que físico. Mucho del dinero que como sociedad e individuos decimos poseer, se basa más en una idea legalizada y aceptada que en algo tangible. Se trata de números plasmados en documentos o en cifras cuidadosamente controladas por sofisticados sistemas de administración de bases de datos. Inclusive existen instrumentos financieros que hoy día se negocian en las bolsas donde se transan cosas que ni siquiera “existen” y que ni siquiera son “cosas”.  Hemos creado una economía en la que transamos acuerdos y promesas. Cada vez hay menos billetes y monedas por ahí.

Agregados monetarios

Agregados monetarios

Hemos construido un espejismo abstracto al que le dedicamos toda nuestra vida y energía: Alcanzar la meta de tener un número muy grande que nos defina como seres en esta sociedad ¿No se parece esto un poco al mismo fin de alcanzar el reino de los cielos… pero en la Tierra? Se puede ver con facilidad que la mayoría de religiones hablan de que un dios o varios dioses crean todo y que su presencia perdura en su creación.  Pareciera que lo mismo ocurre con el dinero.

Distinto a la creencia popular, el dinero no corrompe a nadie; el dinero es una idea y un recurso neutral, es una herramienta y un medio que saca el ángel o el demonio que nos habita por dentro; el dinero es un detonante y gracias a su flexibilidad y aceptación generalizada, nos da la posibilidad de hacer casi cualquier cosa. Funciona igual que la lógica de un destornillador: puede servir para armar o desarmar un aparato… o para asesinar a alguien; todo depende de quien lo use y de las intenciones que tenga.

Por qué el “culto al dinero” se ha convertido en la nueva religión

Cuando hablamos de un culto, nos referimos a aquella “admiración afectuosa de que son objeto algunas cosas”. Sin embargo, hay otras definiciones que aplican y que nos conducen directo al plano religioso. Algunas de estas tienen que ver con: “Honor que se tributa religiosamente a lo que se considera divino o sagrado”; “demostraciones exteriores, como sacrificios, procesiones, cantos sagrados, adoraciones, súplicas, ofrendas y dones”; “–culto superfluo– que se da por medio de cosas vanas e inútiles o dirigiéndolo a fines distintos de los aprobados por la Iglesia católica”.

¿Por qué decimos que el culto al dinero está más cerca de volverse una religión? Vayamos despedazando la definición que nos da el “diccionario”:

Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto. En este caso parece no estar clara cuál es la divinidad, si el dinero en sí mismo o su poseedor, pero digamos que la posesión de dinero confiere cierta “gracia especial” y a su vez esa gracia se vuelve alimentadora de sentimientos de veneración y temor.

Si hablamos de “normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales”, a muchos nos sonará familiar el predicamento de: estudia, consigue un trabajo, sigue trabajando duro para que conserves tu empleo, paga tu pensión o fondo de retiro, compra una casa [con hipoteca], cásate, ten hijos y endéudate para salir de vacaciones cada año, por quince días… y eso sí,  bueno serás si puedes consumir tanto como puedas; malo serás si no gastas.

El camino al cielo ya no es un trayecto ascético de “purificación del alma”; por el contrario, la idea de la nueva religión es que precisamente vendamos o empeñemos el alma y la libertad para que sigamos fieles al predicamento de que el dinero es la medida de lo bueno y lo mejor. El reino de los cielos ya no es algo que exista después de la muerte y al que se llegue por “buena conducta”; el reino de los cielos ya se puede vivir acá en la Tierra si se tiene suficiente dinero para pagarlo.

De ninguna forma estamos diciendo que trabajar, vivir en pareja, ser padres y todo lo demás esté mal; esas son decisiones que cada uno de nosotros toma en su interior según su libre albedrío. El problema está cuando se hace por cumplir con un convencionalismo social producto de la nueva religión. Ten presente que serás digno de más gracia mientras más consumas y mientras más posibilidades tengas de gastar y endeudarte. Si te crees el juego caerás en él.

Virtud que mueve a dar a Dios el culto debido. El “dios dinero”, el soplo divino de la nueva religión tiene sus templos: bolsas de valores, bancos, entidades financieras… y una interminable lista de otros negocios. Tal y como lo menciona James M. Nelson en su libro “Psychology, Religion and Spirituality”, algo que caracteriza a cualquier religión es su integración con la vida cotidiana de las personas. Si tenemos pensiones o ahorros en algún fondo mutual, este dinero pasará por alguna bolsa de valores o comprará algún título valor, lo sepamos o no. De un modo u otro, el dinero que llega a nuestras manos ha tenido que hacer su tránsito por alguno de los templos de la nueva religión.

El “dios dinero” también tiene su panteón al que le rendimos culto y que se vuelve objeto de veneración.  La nueva religión tiene sus brazos evangelizadores que se encargan de recordarnos a todos que el cielo se puede comprar en la Tierra, y año a año nos deleitan con su ranking del panteón de los mejores “santos”, “dioses” y “diosas”. Por si te interesa ver ese cielo lleno de estrellas, Forbes y Bloomberg te darán una imagen clara.

“Panteón” de millonarios según Forbes (año 2013)

Profesión y observancia de la doctrina religiosa. Felicidades por todos los miembros del panteón; muchos se han ganado el cielo a pulso y con esfuerzo; eso es algo que hay que reconocerles y aprender de ellos; indudablemente otros no lo han hecho así.  Pero bueno, esa es otra discusión. El problema es que nos obliguen a todos a ser iguales, a llegar allá y a sentirnos menos por no ser como estas deidades.

Obligación de conciencia, cumplimiento de un deber. La historia con el “dios dinero” nos deja como al principio: los budistas saben que están lejos de ser como el Buda, que están lejísimos de la iluminación; los cristianos están lejos de parecerse a Cristo, a Sor Juana Inés de la Cruz o a San Francisco, incluso les importa poco porque son los más propensos a la adoración en la nueva religión; los musulmanes, que parecieran estar en un mundo intermedio, también están lejos de la excelencia del profeta Mohamed (Muhammad). Los ciudadanos del mundo somos educados con la promesa de que podemos llegar a ser como los nuevos dioses del panteón, y eso es el bien.

Escapar de la trampa y la doctrina

Dentro de las bases filosóficas de la sencillez financiera nos vamos sumergiendo en las trampas mentales que nos enredan en nuestra relación con el dinero. Cuando nos descuidamos todo esto se convierte en una tremenda fuente de complicaciones y miedo. La nueva religión crea un sistema basado en las dudas sobre el futuro; esto nos pone las trampas y nos amarra lo suficiente para que el porvenir se vea como una barrera imposible de superar si no se trabaja lo suficiente y no se tienen los ahorros necesarios.

Este sistema religioso últimamente nos está instando a que seamos innovadores, creativos y emprendedores, pero a la par nos consume el suficiente tiempo y energía como para que esa actitud sea una quimera ¿Quién después de un arduo día de trabajo y un tráfico insoportable puede llegar a soñar con una vida distinta? ¿Quién que deba casi la mitad de su sueldo es capaz de pensar en algo diferente? ¿Quién con nuestro sistema educativo basado en la repetición y la memoria es capaz de explorar un camino nuevo?

Ese “quién” es cada uno de nosotros cada vez que sea capaz de hacerse estas preguntas, respondérselas y hacerse otras nuevas. ¿Cómo sería mi vida si la viviera distinto? ¿Cuál es el juego que estoy jugando? ¿Quién o qué me manipula? ¿Qué estoy permitiendo que me esclavice? ¿Cómo sería mi vida si no tuviera miedo? ¿Cómo sería mi vida si fuera libre?

En la próxima entrada exploraremos el pensamiento reaccionario que plantea una nueva alternativa “no–religiosa” para retornar a las raíces del dinero como herramienta y no como objeto de culto; abriremos algunas rendijas que nos pueden servir como rutas de escape.

Referencias:

James M. Nelson. “Psychology, Religion and Spirituality”.

Carl Jung. Acerca de la psicología de la religión occidental y oriental. Editorial Trotta.

Revista Forbes. The World’s Billionaires. http://www.forbes.com/billionaires/list/

Bloomberg. Bloomberg markets’ richets of the rich. http://www.bloomberg.com/infographics/2013-11-05/bloomberg-markets-100-top-billionaires.html Junto a este otro artículo http://www.bloomberg.com/news/2014-01-02/billionaires-worth-3-7-trillion-surge-as-gates-wins-2013.html

Referencia sobre disponibilidad de dinero: Growth of Global Money Supply. http://dollardaze.org/blog/?post_id=00565

Referencias rápidas de conceptos en Wikipedia: Money supply; Agregado monetario

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4 comentarios en “Bases filosóficas de la sencillez financiera: Por qué el culto al dinero es la nueva religión (2da Parte)

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