Bases filosóficas de la sencillez financiera (1ra. Parte)

Early RetirmentEsta entrada está hecha intencionalmente para quienes gustan de leer entre líneas. Hace poco leí un libro llamado “Early Retirement Extreme: A philosophical and practical guide to financial Independence” (Jacob Lund Fisker) (se puede descargar en la sección Libros gratis del blog). Definitivamente sabía que no leía un best seller, pero al recorrerlo y comprender su esencia, me impactó lo suficiente como para hacerme algunas reflexiones y compartir algunas ideas que considero valiosas desde el libro.

El Renacimiento: una breve clase de historia

Creo que jamás me contaron (y tampoco me ocupé de investigarlo) qué era lo que ocurría con la gente del Renacimiento, por qué esta época fue tan valiosa y por qué hoy día sería útil que recuperáramos un poco de la actitud de esos tiempos.

El Renacimiento fue el proceso de cambio cultural que tuvo lugar en la Europa de los siglos XIV a XVI, especialmente en Italia. Este movimiento se dio en un contexto donde se recuperaron algunos valores de la tradición greco-latina, se iniciaron los viajes ultramarinos, el nacimiento de la economía de mercado, se revisó la concepción general del mundo y sobre todo la del ser humano, pasando de una visión marcadamente “teocentrista” (centrada en Dios) a otra más “antropocentrista” (centrada en el hombre). Hasta aquí la clase.

La personalidad Renacentista

Indudablemente el Renacimiento fue un movimiento reaccionario, como muchos otros en la historia y como tal fue producto de su tiempo. La personalidad del hombre del renacimiento, palabras más palabras menos, se orientaba hacia lo siguiente:

  • Apelar a la razón para buscar la verdad, comprender al ser humano y entender la realidad. Ya no serían Dios ni la Biblia la fuente de todas las explicaciones.
  • Hacerse dueño de su propio destino. Ya no más de obedecer a la Santa Madre Iglesia y al señor Feudal. El cambio iba desde pintar cuerpos desnudos, hasta usar barcos para cruzar el océano y llegar a donde nadie antes había llegado.
  • La personalidad se expandía porque la riqueza podía estar en más manos… Ya la Iglesia y los nobles feudales dejaban de ser los únicos dueños del dinero y de la vida de la gente. Al abrirse el comercio, más manos podían acceder al dinero y se podían explorar nuevos negocios distintos a la agricultura y la artesanía.
  • El hombre del Renacimiento retó muchas creencias en medio de la hostilidad de un enemigo poderoso: La Iglesia Católica. Los aportes de Copérnico, Kepler, Lutero y Galileo son ejemplos de esos que se arriesgaron y asumieron el reto de poner el mundo patas arriba.
  • El asombro y la curiosidad por la naturaleza fueron claves en la personalidad renacentista. Esto tuvo especial énfasis en el arte y la ciencia. Se había abierto el campo para entender y describir la obra de Dios. Temporalmente se recuperó el interés por contemplar la creación.
  • El hombre del Renacimiento entendió que estaba a medio camino entre lo terrenal y lo celestial. No se vio exclusivamente como materia que actúa con la materia, pero tampoco se creyó Dios; su búsqueda tomó lo mejor de los dos mundos para trascenderse a sí mismo.

Una estupenda descripción que encontré es esta: “El hombre renacentista es artista, es místico, es constructor, es inventor, es científico, es pensador político, es integrador de las diferencias, pues busca la unidad que subyace en todo, es joven y viejo a la vez, pues a su juventud une la sabiduría de la Antigüedad, y en definitiva, es un filósofo, pues ama esa sabiduría, la busca y se esfuerza por alcanzarla” (Miguel Ángel Antolínez).

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Recuperar la sencillez renacentista

La personalidad del Renacimiento puede darnos indicios sobre muchas cosas que están ocurriendo y que estamos dejando de ver. El cielo ha dejado de ser la aspiración de la vida; el cielo ya es algo que existe aquí, que tiene un precio y que se puede comprar. Quien no tenga con qué comprar ese cielo, tendrá que conformarse con sólo tener un pedacito de él, ver cómo otros viven en él, trabajar en el cielo que otros crean o incluso matar o venderse por conseguir ese cielo. Entonces ¿Qué podría pasar en nuestra personalidad para que haya un Renacimiento?

  • Apelar a la razón para buscar la verdad: aquí hablamos de desenmascarar la mentira fundamental en la que vivimos, la mentira sobre nosotros mismos, la mentira sobre lo que creemos del mundo y la mentira que nos hemos creído sobre lo que tiene que ser la vida ¿En el fondo qué es lo que genuinamente queremos? ¿Para qué lo queremos? ¿Cuál fue el cuento que nos creímos? Se ha incubado en nuestro tiempo cierto desprecio por el “hemisferio izquierdo”, por la razón, por la lógica. Decir que alguien es “racional” es visto como un sutil defecto. Pero si de verdad aplicáramos más razón a la vida, no estaríamos en la sin-razón autodestructiva que nos atrae como un vórtice hacia el fondo de un pozo oscuro y sin fondo. Si usáramos más la razón, tendríamos menos deudas, compraríamos menos basura y sabríamos cómo vivir con lo necesario sin añorar lo innecesario que no tenemos. 
  • Hacerse dueño de su propio destino: basta de las excusas, basta de culpar al mundo, basta de culpar a los padres, al gobierno, a la familia, a todos. Hacerse dueño del propio destino pasa también por aprender lo más que se pueda y dejar de estar pagando para que alguien más haga lo que nos corresponde. Mientras más sepamos, mientras más polivalentes y hábiles nos volvamos, seremos capaces de ser más independientes, versátiles y útiles. Hemos sido educados para especializarnos y edificar una peligrosa vida alrededor de esa especialización; muy parecida a la oscura vida medieval de los siervos feudales. La sutil diferencia es que ahora tenemos dinero y una cierta compulsividad por la comodidad que nos lleva a pagar para que nos hagan todo y nos resuelvan la vida. Que así se genera mucho empleo… sí, tal vez… pero también mucho desempleo. 
  • Personalidad expandida: aquí hacemos referencia a la posibilidad de ser quienes queremos ser y hacer lo que queremos hacer. Hoy vivimos en la asimétrica ecuación de la “vida de 48 horas semanales” al servicio de los nuevos “señores feudales”. Esa “vida” nos encapsula, nos asfixia, nos aleja de nuestra esencia, nos deja sin energía y sin salida para buscar la personalidad expandida que estamos llamados a ser. Dios da de comer a las aves, pero no les pone la comida en el nido. Aquí no se trata de dejar de ser productivos, sino de buscar maneras alternativas de serlo sin perder los activos que quizá sean más valiosos para un ser humano: su vida, su salud y su tiempo. Ahí está el renacimiento de nuestra época. 
  • Retar creencias: no sé qué tanto nos estemos preguntando para qué hacemos lo que hacemos, si eso sirve o no, si nos deja algo o no, si nos gusta o no. Posiblemente no sepamos qué tan dueños somos nuestras creencias, o si alguien más nos la fijó. Tenemos creencias sobre lo que demos tener, sobre lo que debe ser el éxito o el fracaso, sobra las decisiones “correctas” que debemos tomar, pero ¿De quién son esas ideas? ¿Cuánto te están costando esas creencias? ¿Cuánto dinero desperdicias por esas ideas? 
  • El asombro y la curiosidad: en la personalidad renacentista este asombro y curiosidad estaban especialmente volcados hacia la naturaleza. Tal vez por eso los quince días de vacaciones que tenemos al año los añoramos y nos producen esa profunda sensación de liberación y euforia, pero también al regresar rejuvenecidos nos enfrentan a la realidad de una vida que ya no nos asombra ni nos genera ninguna curiosidad. El asombro y la curiosidad los hemos perdido por estar desconectados del aquí y el ahora; los hemos perdido por estar construyendo un futuro que ni siquiera sabemos si llegará; caminamos mirando la cima de la montaña, pero nos olvidamos de oler el perfume de las flores del camino; andando así perdemos oportunidades e incluso dinero. 
  • Recuperar la vida espiritual: en este punto quiero dejar a un lado a esos seres que confunden “vida espiritual” con la asistencia reglamentaria a la eucaristía dominical… junto con su sensación de alivio por el deber cumplido. No tiene nada que ver con eso. Acá hablamos del arduo y exigente trabajo interior que implica conocerse, confrontarse, saberse hijo y parte de Dios, tener una disciplina meditativa, trabajar con disciplina en transformar la consciencia, aprender a vivir en el aquí y el ahora, hacerse dueño de la vida y no creerse los propios cuentos. Acá hablamos de servir a un propósito solo por el sentido que tiene servir, por aportar a la creación, así eso no nos dé ganancias. Ser útiles sin sentirnos culpables o tontos por no haber ganado dinero.

Hasta este punto el pretexto de la sencillez financiera está tocado tangencialmente, pero la historia hasta ahora está empezando. En las siguientes entradas entenderemos cuál es la religión de la que tenemos posibilidad de liberarnos: la religión del dinero. Posteriormente revisaremos cuáles son los tipos de personas que predominan en el mundo de hoy y cómo se configura su relación con el dinero. Luego entenderemos por qué consumimos y qué nos mantiene como esclavos financieros. Acto seguido conoceremos unas claves para ganar libertad y sencillez financiera sin necesidad de hacernos millonarios, para finalmente llegar a los dominios del “Hombre del Renacimiento” (y la mujer también…) y fijar un plan de trabajo que nos ayude a construir la vida sencilla que queremos.

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5 comentarios en “Bases filosóficas de la sencillez financiera (1ra. Parte)

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