Lecciones de un “multitasker” fallido

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Cómo vivir de verdad una vida más simple sin perder un riñón en el intento

Desde que me propuse hacer las cosas más simples he descubierto lo económica que se puede volver la vida. Te puedes ahorrar tiempo, esfuerzo, atención y dolores de cabeza. En resumen, puedes sacarle más provecho a la existencia sin tener que llenarte de tareas y obligaciones. Aquí te comparto algunos tips reales que aplico y que me vienen funcionando:

1. ¿Cómo lo hago más simple?: Esta pregunta se me convirtió en mi mantra. Como por “arte de magia” empecé a crear mucha simpleza a mi alrededor. Menos pasos, menos trámites, menos intermediarios, menos basura, menos cosas, menos compras, menos deudas, menos sobre–compromiso (y más promesas ciertas), menos distracción, menos pre–ocupaciones. Podría decir que esta es la base de todo lo que sigue de aquí en adelante.

2. Si está suelto dejo que se caiga: el asunto es evitar profundizar el enredo. La idea es buscar cómo simplificar las cosas y si no se puede, más bien arrancar de cero nuevamente, rediseñar e incluso renunciar. El apego a una idea o a un único camino también es una fuente de complejidad.

3. Salir con buen tiempo y llegar temprano: esto ayuda a no tener que correr, a poder hacer el viaje sin afán, a llegar con tiempo y a esperar calmadamente.

sobrecarga-trabajo4. Una cosa al tiempo: fracasé en el intento del “multi–tasking”. Es una quimera y un desgaste. La simplicidad y la profundidad se producen cuando se está plenamente presente en una sola cosa. Mi gran descubrimiento fue que con la concentración salgo rápido del trabajo molesto y dedico más tiempo de “trabajo tranquilo” a lo que verdaderamente me gusta.

5. ¿A quién le importa esto?: Me he encontrado haciendo una cantidad de cosas extra que a nadie le importan. Otra pregunta que me ha funcionado ¿Habrá alguien lo suficientemente interesado (y desocupado) para ponerse a revisar todo esto? Adivinen cuál es la respuesta frecuente…

6. ¿Qué es lo importante aquí?: sí, yo era de esas criaturas que adornaba, perfeccionaba y hacía cosas absolutamente rimbombantes, a veces a costa del propósito central. Me metía en diez tareas cuando en realidad sólo se requerían dos de ellas. Lo más inquietante es que cuando empecé hacer muy bien lo poco que era verdaderamente importante hacer, mis resultados se dispararon… y mi tranquilidad también.

7. Gastarme lo que tengo: lo contrario a esto se llama “deuda mala”, es decir, gastarse el dinero que todavía no me he ganado. Esto es lo mismo que uno comprarse su propia esclavitud. La deuda es genial cuando alguien más te ayuda a pagarla, pero no cuando tienes que trabajar para hacerlo. Una vida simple pasa por el hecho de no empeñar la libertad financiera.

8. Hacerlo por mí mismo: aprender hacer muchas cosas por sí mismo ahorra mucho dinero, dolores de cabeza y puede ser hasta divertido. Es un camino expedito hacia la sencillez financiera. Un ejemplo real: En un fin de semana, si decido cocinar en casa, la comida me puede costar la quinta parte de lo que me costaría comer por fuera. Adicional a esto, cocino una buena cantidad y conservo una parte para calentarlo y consumirlo tiempo después, lo que a su vez me ahorra tiempo, nuevos costos y el tedio de comer lo mismo todos los días.

9. Evitar sobrecargar mi memoria: Dejo que la tecnología haga el “esfuerzo” de recordar por mí. Hace tiempo me libré de los “papelitos” y un tanto de los post-it. Todo en la nube, accesible en cualquier parte. Lo mismo aplica para el calendario que igualmente reposa bajo el gentil abrigo de los servidores de Google.

10. Asumir más riesgos constantes y graduales: he descubierto que algo que complejiza enormemente mi vida [y la de la mayoría de la gente] es la dificultad y el miedo a probar cosas nuevas y aprender de ellas. Ese adoctrinamiento alrededor de “tener la razón” y las “respuestas correctas” nos coarta la libertad para deleitarnos en el ensayo y el error que con el tiempo enseñan tanto.

11. Cero compras impulsivas: nadie niega lo extrañamente placentero que es comprar, pero la buena noticia es que se puede controlar. Las preguntas ¿Para qué necesito esto? ¿Qué me ayuda a resolver esta compra? Ayudan a evitar llenarnos de tonterías y comprar cosas que no necesitamos. Igualmente la idea de que “mientras menos tengo, menos necesito” me ha ayudado a no comprar cosas que generen costos posteriores.

12. Disfrutar de las cosas pequeñas: nos encanta pagar un dineral por ir a espectáculos, cuando la vida misma ya lo es… y lo mejor es que no nos cobran nada por presenciarla ¿Cuándo fue la última vez que de “verdad verdad” presenciaste un atardecer?

tomado de: https://www.tumblr.com/search/simplicity%20nature%20beauty
tomado de: https://www.tumblr.com/search/simplicity%20nature%20beauty

13. Comer despacio y saboreando: aparte de la paz que produce, es algo que ayuda a bajar de peso. Estoy en una cruzada por eliminar los “almuerzos de trabajo”, costumbre que encuentro bastante detestable, pero de la que a veces me cuesta escapar, sobre todo cuando el que invita es otro.

14. No parar de reírse: ¿Hay algo más placentero y sencillo que reír? Me rodeo de gente divertida y procuro ser divertido también para otra gente.

15. Hacerle la vida sencilla a los demás: Pienso mucho en cómo evito enredarle a la vida a los demás y mientras más lo hago veo cómo me la desenredo yo mismo. Por ejemplo, hacer cosas sencillas para los demás evita que me busquen para preguntarme tonterías y escribir pocos emails evita que la gente tenga la tentación de llenar mi bandeja de entrada con sus respuestas y que yo tenga que perder tiempo leyendo y leyendo mensajes. Así de simple.

16. Entro y salgo de la caja: si estoy estresado o cansado, me paro, camino un poco, salgo a comer algo, busco con quien conversar rápido sobre otra cosa, busco reirme, me sirvo un vaso de agua… y luego vuelvo a entrar a la caja con la mente despejada.

17. Cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa: practicar esto en Latinoamérica es casi una herejía. Las cosas no se me pierden, no tengo que desperdiciar tiempo ni atención buscando nada, ni recargando mi memoria tratando de recordar dónde fue que lo dejé, además de que ayudo a que las cosas se vean bien ubicadas. Como los espacios son limitados, también me “obligo” a no llenarme de cosas innecesarias. Esto también aplica para hacer lo que hay que hacer en el lugar que corresponde: no–trabajo en el almuerzo y no almuerzo en el trabajo, por ejemplo.

18. Mejor caminar y hacer del ejercicio algo cotidiano: en nuestras ciudades el tráfico cada vez es peor. Si puedo llegar caminando (o en bicicleta) mejor lo hago; es más descomplicado, permite despejarse mentalmente, hacer ejercicio y en la mayoría de los casos tengo control sobre el tiempo de desplazamiento. Me evita el estrés y la impotencia de estar metido en un automóvil sin poderme mover, sin saber si el tráfico se solucionará y sin la preocupación posterior de encontrar dónde estacionarme o de tener que dejar un riñón para poder pagar la cuenta del estacionamiento. Otra clase de estupidez es tomar el ejercicio como algo “por fuera” de la vida cotidiana; conozco mucha gente que usa su automóvil para ir al gimnasio, quedándoles cerca de su casa… ¡Asombroso!

19. Escapar del qué dirán: frecuentemente nos enredamos pretendiendo agradar a todo el mundo o queriendo tener explicaciones listas. La compulsión por agradar es una fuente de complicaciones, aparte de ser un claro síntoma de algún “conflicto intrapsíquico incubado en la relación con nuestras figuras de apego”, es decir, alguna bobada que aprendimos de nuestros padres.

sobrecarga20. Mantener el ritmo de las pequeñas tareas: las grandes tareas son pequeñas tareas que no se hicieron a tiempo, así que ponte a trabajar con buena antelación, despacio y poco a poco. De las carreras solo queda el cansancio. También bájate del perfeccionismo que es tan letal para la simplicidad.

21. Tener la valentía de salir del sobre-compromiso: no hay que estar haciendo algo a toda hora; tampoco hay por qué sentirse culpable por tomarse dos minutos al día y simplemente no hacer nada. ¿Por qué se ve “bien” mantenerse sobre–comprometido?

22. Creerle al señor Pareto: sí, el 20% de las cosas son las más importantes y me traen el 80% de la felicidad. El 80% restante no me interesa, así que mejor elimino todo eso. Si desconoces la Ley de Pareto, te recomiendo estudiarla y aplicarla, es de enorme ayuda para la simplicidad vital y para poner el acento en las prioridades.

23. Cancelar todas las suscripciones o alertas inútiles: ando eliminando todas las suscripciones, newsletter (boletines), alertas y cuanta cosa que me distraiga. He silenciado todos los grupos de Whatsapp así como varias notificaciones de Facebook y he destinado unos momentos específicos del día para revisarlos. Todo esto empezaba a salirse de control y a volverse abrumador.

24. Enamorarme del pragmatismo: la simplicidad, en sí misma, es un llamado deliberado al pragmatismo, es un llamado a “hacer lo que hay que hacer”, lo preciso, lo necesario, lo importante, lo que aporta al propósito. Las obras son palabras hechas acción; hablar de las cosas no hace nada.

Finalmente ¿Qué tan complicada parece tu vida? Espero que estas ideas te ayuden y si tienes alguna adicional que ya vengas aplicando es completamente bienvenida.

 

 

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3 comentarios en “Lecciones de un “multitasker” fallido

  1. Hace una semana que descubri este Blog y no puedo parar de leerlo me encanta! Estoy tratando de poner en practica poco a poco todos tus consejos. Gracias!

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