Algunas razones de por qué consumimos – La manipulación mediática (2da y última parte)

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Tal y como lo describe Noam Chomsky en “Armas silenciosas para guerras tranquilas” (claro está, en un contexto diferente), hay diez formas de manipular nuestra mente para que también compremos más de lo que realmente necesitamos. Muchas de estas estrategias operan de manera silenciosa e inconsciente, por eso es que no las notamos. Pero si miras a tu alrededor o simplemente abres tu closet y vez qué es todo lo que guardas, entenderás el poderoso efecto que han tenido en ti. Veámoslas:

1. La estrategia de la distracción (entretenimiento): mantenernos ocupados consumiendo entretenimiento para que nos olvidemos de los problemas fundamentales, tanto de nuestra vida como de la sociedad. Es un hecho que vivimos cansados, y nos han vendido la idea del entretenimiento como un premio a nuestro esfuerzo. El juego está en la alta carga hipnótica y adormecedora de esta industria ¿De qué te estás perdiendo en realidad? Nadie dice que no tengamos derecho a descansar, pero ¿Cómo lo estamos haciendo? ¿A costa de qué?

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones: este método es bastante común e inconsciente y se basa en infundirnos miedo sobre supuestos riesgos a nuestra salud y seguridad ¿Has sabido de amenazas imaginarias, epidemias aisladas, vacunas innecesarias o riesgos ínfimos? Muchas de estas supuestas amenazas nos hacen consumir “cosas” para “mantener” una falsa idea de protección.
 
3. La estrategia de la gradualidad: en términos de consumo, esta estrategia va de la mano de la anterior (problemas con solución), sobre todo en la creación de necesidades graduales e incluso muchas de ellas inaceptables o que en circunstancias normales no se requerirían. Por ejemplo celulares que rápidamente se hacen obsoletos, bombillas ahorradoras que en varios países ya son de uso obligatorio y que son altamente contaminantes en su operación y disposición final; la venta de alimentos procesados porque supuestamente son más higiénicos y seguros (¿Qué tal la comida para bebés?).
 
4. La estrategia de diferir: parece una tendencia natural en los seres humanos el “vivir con esperanza”, es decir, sostener la creencia de que en el futuro las cosas serán mejores. En este sentido muchos productos se crean y se venden para un futuro mejor que claramente es imaginario. Planes vacacionales de tiempo compartido, seguros de vida, pólizas de retiro en la vejez, fondos de inversión, loterías o juegos de apuesta, modalidades de ahorro con sorteos, entre otras opciones, se basan en comprar algo para un consumo posterior e incierto en un momento lejano de la vida con la promesa de que las cosas “serán mucho mejores”.
 
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad: varias de las alternativas ya mencionadas te las venden con el mensaje escondido de que “tienes que ser un tremendo tonto o tonta si no compras esto o si no aprovechas esta oferta”. La publicidad juega bastante bien con nuestros egos endebles y con el niño inseguro que estaba necesitado de amor y cuidado. Valemos por el simple hecho de ser criaturas de Dios, punto. Seguimos apegados a ese afecto inseguro y ansiamos que nos den ese amor lleno de condiciones al que estamos acostumbrados. Compramos lo que sea para que nos amen y nos respeten.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión: nos llevan a consumir aprovechándose de nuestra sugestionabilidad y disminuyendo nuestro sentido crítico. Apelar a las emociones es un camino en línea recta para insertar ideas inconscientes con extrema facilidad. ¿Alguien ha visto los comerciales de P&G sobre las madres de los campeones olímpicos? ¿O los comerciales de Huggies sobre pañales? ¿Y los tranquilizadores y esperanzadores mensajes de “felicidad” de Coca Cola?

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad: esta estrategia habla por sí misma. Se trata de ofrecernos un pésimo modelo educativo basado en la repetición y la memorización para que aceptemos la realidad sin ningún sentido crítico y para que se sigan reproduciendo  los esquemas de riqueza y pobreza existentes. Un pueblo mal educado compra cualquier cosa, es más influenciable y difícilmente somete a juicio crítico lo que le venden. Un sistema social donde conviven la “extrema riqueza” con la “extrema pobreza” (con una delgada capa transitoria de clase media) hace que las personas encuentren en el consumo la posibilidad de anestesiarse contra las carencias que creen que tienen: comprarse un automóvil para ascender en la escala social, acceder a electrodomésticos y ropa de marca, etcétera.  Como leía hace poco: “La gente no quiere ser rica, la gente lo que quiere es tener las mismas experiencias que creen que solo tienen los ricos” (Timothy Ferris).

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad: aquí viene inmediatamente la idea de “moda”, “estar en la onda”. Cualquier cosa de moda, como sea que es, estará bien. Estará mal quien quede por fuera de esta corriente. Este fenómeno se hace especialmente visible con muchas de las grandes estrellas y con varias producciones de la música o el cine actual.

9. Reforzar la auto-culpabilidad: “Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos”. Solo por poner un ejemplo, esto se ve claramente en la relación desempleo–educación; sigo viendo a mucha gente que no encuentra empleo en un mercado laboral restringido y que al verse desocupados, rápidamente corren a gastarse sus ahorros en un programa de maestría, que al terminarlo, los deja casi igual a como estaban al principio, con un título por el que nadie les pagará y con menos dinero en el bolsillo.

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen: “El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos”. La idea habla por sí misma. Estamos hipnotizados.

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Hasta este punto las cosas parecen tan simples o tan complejas como uno las quiera ver. En realidad se trata de un juego de consciencia y estamos en un sistema que funciona basado en mantener la inconciencia. Si has leído esto y no haces nada, finalmente será tu elección, pero en el fondo todos tenemos el poder de decidir qué hacer o dejar de hacer, de consumir basura o aprender a vivir con lo que realmente nos importa y le da valor a nuestra vida.

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