Olvido: Cómo hacer para borrarte de la cabeza eso que no se borra del alma

Tenemos recuerdos más o menos vívidos que llevamos en el bolsillo y sobre los que podemos regresar cada que queramos. Hoy día es complicado porque la fotografía y el vídeo conviven cotidianamente con nosotros.  Esto hace que el acto de olvidar sea más complejo. Poéticamente decimos que el “tiempo” cura todo, pero esto es parcialmente cierto porque damos rodeos sobre los mismos recuerdos. Rumiando el pasado, lo que hacemos es mantener la red neuronal y simbólica que sostiene esas imágenes.

Es un problema de atención

La atención es energía puesta en algo. Si no olvidamos es porque seguimos poniendo energía en eso y lo mantenemos presente. La presencia plena es atención plena. Prestar atención es mantener en el presente algo, así eso ya haya ocurrido. Entonces, en vez de vivir en el fluir del momento actual, mantenemos nuestra atención en el momento pasado, vivimos en una circunstancia que ya ocurrió. ¡En serio que es una locura!

Quizás el presente no sea tan atractivo

Que esto no suene a excusa. Si añoramos el pasado quizás es porque queramos desconectarnos del presente ¿Cuál es la razón para hacerlo? Despacio, piensa un momento en ello ¿De qué quieres escapar?

Muchas cosas del pasado las convertimos en una fijación, en una droga que nos adormila y nos negamos a soltarla porque esas situaciones nos dieron algo que quizás no estemos encontrando en este momento. Nos aferramos a una experiencia y la interpretación que construimos frente a ella es una cuestión netamente simbólica y metafórica, es algo que armamos en nosotros y a la que seguimos aferrados como si fuera real.

Olvidar es recordar sin sentir

Olvidar es lo contrario a recordar, es un no–tener–necesidad–de–recordar. Voy a detenerme en este asunto de la “necesidad”: cuando es llevada al extremo se vuelve compulsión. Si necesitamos estar recordando algo estamos en la obsesión de seguir en eso, lo que es en sí mismo es una forma de ansiedad.

Por otra parte, cuando simplemente dejamos pasar y seguimos en el fluir de lo que nos ocurre ahora mismo, vamos quitándole poder (energía) a lo que pasó y la ansiedad desaparece. De nuevo viene la pregunta: ¿Para qué le sigues dando vueltas y vueltas a lo mismo? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué pretendes que te dé eso? Si sabes que ya no volverá, que no tiene objeto ni beneficio para tu vida ¿Para qué le sigues dando vueltas?

Cómo se puede hacer

Soy malo para las recetas y las fórmulas estándar. Lo primero es recordar que cada uno de nosotros es un caso singular y es dueño de su realidad y de la forma como la construye y la comparte con otros. Así que por el momento solo se me ocurre proponer unas salidas generales:

  1. Soltar: lo primero, antes de soltar, es no agarrarse de nada. Decirlo es sencillísimo, pero hacerlo es complejo, sobre todo en una cultura que, como la nuestra, está basada en la acumulación como el máximo valor social y motor existencial. Mentalmente estamos programados para llenarnos de cosas y acumular; esto no es diferente para los recuerdos y las sensaciones. Entonces, el primer paso para eliminar la necesidad de “tener que olvidar” es el principio de “evitar aferrarnos a recuerdos” y no volver a ellos a cada momento. Recordar solo lo necesario. Basta con eso ¿Para qué más?
  2. Aprender: el pasado solo sirve para eso, para aprender. Recordamos y volvemos al momento para obtener la solución, la lección aprendida, para contrastar el presente si es que aplica y nos sirve, para analizar la situación actual. Una cuestión adicional que pasamos de largo con facilidad es que hoy somos unos seres muy diferentes a quienes éramos cuando nos ocurrió la situación. Siendo quienes somos hoy, seguimos aferrados a quienes éramos antes. Somos una consecuencia y seguimos aferrados a una causa entre otras varias.
  3. Estar atentos al presente: tan sencillo como estar conectados con el aquí y el ahora. Respirar, hacernos conscientes de la posición, el estado del cuerpo en general, aquietarnos y ver pasar los pensamientos, en una palabra, meditar. Quitarle poder a la compulsión mental de estar pensando de todo a toda hora, especialmente con relación a los recuerdos.
  4. Abrirnos a la experiencia (fluir): estar abiertos al fluir del momento; por estar prestándole atención al pasado, nos perdemos de lo que ocurre ahora, lo que a su vez resulta también un poco loco porque añoramos un pasado en el que también estábamos desconectados del presente de ese momento, lo que hace que terminemos alimentando la fijación irreal en unos eventos de “dudosa realidad”.
  5. Quitarle emoción al recuerdo: casi que esta posibilidad recoge todo lo anterior y nos sirve de conclusión. Nos aferramos a los recuerdos por la emoción que les asociamos: gusto, remordimiento, lujuria, paz, alegría, tranquilidad… en fin, lo que sea que tenga la mezcla de sensaciones que se nos venga. La pregunta es ¿Cómo quitarle emoción al recuerdo? Más o menos de la misma forma como se lo pusiste: ¡De acuerdo a cómo percibes la situación! Tan solo cambia la percepción de lo que te ocurrió.

Ya sé que te puedo sonar como un “cerdo cruel e insensible”; entiendo que también somos adictos a ese apasionamiento. Te sugiero varias posibilidades de ejercicio: visualizar la situación desde otro ángulo, como si te estuviera pasando otra cosa, como si fuera una película en la que eres su espectadora; si en realidad no fuera tan feliz o tan triste como te convenciste que era la situación, asúmelo como si se tratara de algo temporal que debías atravesar, como un escalón que debías pisar para poder avanzar hacia donde estás ahora… en fin.

Esculca a ver en qué extremo estás: si en la indiferencia–huída, en el apego, o en el odio–ataque. Es más posible que estemos en una de estas: en el apego o el odio. Se nos dificulta olvidar porque tememos perder el recuerdo de eso que teníamos o porque creemos que no podemos olvidar eso que odiamos para poder “vengarnos” tan pronto como nos sea posible ¿Y todo para qué? ¿Quién es en el fondo la persona que alberga esa fijación? ¿Qué pasaría si perdieras esa fijación? ¿Dejarías de ser tú por no tenerla, por darle paso al olvido? ¿Entonces qué queda de ti, quién eres? Quizás estés en la creencia de que tus recuerdos te dan un sentido de identidad, la ilusión de “saber quién eres”.

¿Para qué recuerdas? ¿Para qué evitas olvidar?

 

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4 comentarios en “Olvido: Cómo hacer para borrarte de la cabeza eso que no se borra del alma

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