Las dudas que en la noche eran tinieblas, son simples tonterías a la luz del Sol

¿Recuerdas cuáles han sido tus momentos más oscuros hasta ahora? ¿Cuáles han sido tus noches oscuras del alma? ¿Qué pensabas en ese momento? ¿Cómo te sentías? Era como estar en el fondo de un hoyo oscuro y sin salida. Mirabas para los lados y no veías nada; mirabas hacia arriba con la esperanza de encontrar luz y una pista de cómo salir… y tampoco… lo único que había era más oscuridad… Entonces ¿Cómo saliste?

De seguro tenías muchas dudas, te preguntabas una y otra vez cómo habías terminado envuelta en esta situación, cuáles fueron las decisiones que tomaste, por qué siendo como eres habías caído en ese agujero, dónde fue que pisaste mal o dejaste que te pusieran zancadilla. Rumiamos y rumiamos tratando de encontrar una explicación como si eso nos sirviera de algo.

Te sigues preguntando: ¿Cómo salir de esto? Luego miras alrededor y no ves nada ¿Quién nos ayuda? Entonces empiezas a preguntar, a pedir orientación y apoyo y te das cuenta de que hay muchas otras posibles salidas y alternativas ¿Acaso vas a dejar que sea alguien más quien venga a corregirte y a sacarte del hoyo? Cada respuesta que recibes se convierte en una nueva versión y con cada posibilidad te llenas de más y más dudas. Así que mejor paras de preguntar.

¿Cómo salgo de este agujero? El fondo de ese hoyo es desagradable. Pocas veces has estado ahí y por eso lo evitas. Te impregnas de una sustancia pegajosa, que huele mal y que al mismo tiempo se te hace familiar ¿Por qué? ¿Cómo ha sido antes estar en ese hoyo? Y empiezas a tantear en la oscuridad, a ver qué agarras con la mano, a ver si encuentras una puerta que puedas abrir y escapar por ahí.

A ciegas te das cuenta de que ese hoyo es más grande de lo que creías. Es oscuro, sí, pero al final tiene espacio, te puedes mover en él y mientras más avanzas más te impregnas de esa sustancia, aunque te puedes seguir moviendo. Ya estás abrumado por las dudas, ya no vale la pena empezar a pensar en cómo resolverlas, en cómo darles luz porque precisamente eso es lo que escasea en este lugar: la luz.

Sin embargo, tu deseo de salir sigue intacto y ya le dices a tus dudas que se vayan al diablo. Empiezas a explorar esa sensación de “ya lo perdí todo, ya no tengo nada más que perder” y avanzas más por el espacio del fondo del hoyo hasta que te das cuenta de que este tiene como forma de barriga ¿Qué será todo eso? ¿Podría tener salida por encima? ¿Tendrá un techo o una abertura?

Avanzas más y vas tanteando las paredes hasta que encuentras algo que al tacto parece una manija: ¿Será una puerta? ¿A dónde conducirá? El miedo te detiene, no sabes con qué te vas a encontrar. Sin embargo, llega un momento en el que te das cuenta que por más dudas que tengas no tienes ya mucho qué perder ¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Hay algo más oscuro que el fondo de ese hoyo en el que estás en este momento?

Empujas despacio y la puerta se abre con un leve chillido. No hay nada que indique que está pegada y a juzgar por lo fácil que se mueve, posiblemente tiene algo de uso. Poco a poco avanzas, con algo de temor y de alguna manera te das cuenta de que hay más seres ahí, no estás sola. ¡Hola! ¿Hay alguien ahí? Preguntas…

Varias voces indistinguibles al mismo tiempo te responden diciendo: ¡Hola, bienvenido! No percibes agresión ni peligro. Más bien se oyen como voces cansadas. Todavía no sabes de quiénes se trata, qué son y por qué están ahí. Hasta este momento estabas convencida de que eras la única vida consciente en este agujero y resulta que hay más gente. Solo atinas a preguntar quiénes son y qué hacen ahí.

Una voz te responde: ¡Somos tus demonios, los demonios que habitan en tu sombra! Ahora estás más desconcertado ¿Por qué están ahí? ¿Cómo que son tuyos? Momentáneamente te divides, una parte de ti tiene miedo y te sugiere salir por donde entraste, la otra está llena de curiosidad y quiere ver a la cara a esos demonios, sean quienes sean ¿Qué harás? ¿Y qué tal que estos demonios sepan cómo salir de acá y cómo sacarme de este hoyo? Al final, resulta más tentadora la posibilidad de poder salir con algo de ayuda, no importa de dónde provenga.

Preguntas en voz alta: ¿Cómo así que son demonios y que son míos? ¿Por qué están aquí? ¿Por qué no salen de este hoyo y se quedan encerrados en este cuarto?

Otra voz te responde: Somos todo lo que rechazas de ti, somos tus vergüenzas, tus ansiedades, tus inseguridades, tus miedos, tus sentimientos de derrota, tus supuestas debilidades, tu incertidumbre y también tu defensa, somo eso y todas las mutaciones posibles que quieras agregarle. Llevas años aprisionándonos aquí y en la superficie crees que no existimos, es más, haces todo lo posible para que uno de nuestros hermanos nos mantenga prisioneros sin dejarnos salir, sin explicación alguna, sin darnos la opción de decirte todo lo que sabemos de ti.

Somos los hijos mal–nacidos de tu dolor. Por eso no nos vez claramente la mayor parte del tiempo, porque solo nos dejas salir cuando el dolor te vence, porque en la superficie te enseñan que siempre es bueno estar feliz, que está mal caer al hoyo e impregnarte de la baba de tu propia miseria, que caer es una muestra de debilidad, que siempre debes mostrar tu mejor sonrisa, aún cuando las cosas se ponen feas… y por lo que sabemos esta vez están realmente feas… tanto es que recurres a nosotros para ayudarte a salir ¡Por fin!

En este punto entiendes qué hace todo ahí y por qué te habla… pero hasta ahora no te han dicho nada sobre cómo salir del agujero. Ahora pregunta de nuevo ¿Cómo salgo de aquí? ¿Ustedes han salido antes? ¿Cómo lo han hecho?

Y otra voz te da esta respuesta: “Sí, salimos cuando nos abrazas. Cuando entiendes que también somos parte tuya y que somos consecuencia de algo más: cuando un trauma, una situación, un pensamiento y un aprendizaje tuyo nos ha forjado. Siempre tenemos algo qué decir, pero solo podemos hablar cuando nos escuchas, porque si nos niegas lo único que intentamos hacer es escapar. Entonces tienes rabietas, golpeas todo, dices lo que no querías decir, lo que está mal decir a otros, te enfermas en el cuerpo, pierdes la noción de muchas cosas o te quedas sin piso y sin saber quién eres en realidad hundiéndote en más dudas. Si nos dejas salir, sabemos cómo llegar a la superficie; cuando nos reprimes, intentamos salir a trompadas y eso a nosotros también nos duele”.

En este momento tienes muchas dudas: ¿Serán sinceros mis demonios? ¿Sí será cierto que saben salir? ¿Cómo es que yo los he puesto acá? Y un demonio te responde: “Cada que quieres controlar las circunstancias, agradar a alguien, apegarte a algo, castigarte a ti misma, cada que te engañas y manipulas… en general, cada vez que dejas de ser genuinamente quién eres, alguno de nosotros termina siendo incubado por el dolor y enviado acá. Tú sabes que existimos y que nos engendraste, pero a la vez nos niegas. Ahora vienes a pedirnos ayuda, pero para poder hacerlo tienes que vernos y la única que tiene la luz eres tú”.

Ahora entiendes por qué caíste en este hoyo. Esto te lo labraste, fue tu elección, podrías seguir en la superficie o hubieras podido bajar al hoyo y volver a salir si tuvieras la luz de la consciencia, pero no, esta vez bajaste a ciegas completamente… pero ya te dijeron por qué estás aquí y cómo te construiste la forma de bajar. Fue tu temor, tu desconfianza, tu dejar de estar en el momento presente, tu pre–ocupación, el terror que te produce la incertidumbre porque la idea del control se te ha vuelto como una droga tranquilizante ¿Ya entendiste que no controlas nada?

Todos tus demonios están ahí para recordártelo. No son ni buenos ni malos, solo son ellos mismos y cuando salen a la superficie lo hacen para recordarte algo que no has comprendido o que no quieres aceptar. Son tu creación y son parte de ti.

Entonces, cuando entiendes esto, ya dejas de temerles y poco a poco la habitación de las sombras y el agujero se empieza a llenar de luz y en principio tus demonios se ven terribles, pero una vez que los conoces y les escuchas sin juzgarlos entiendes sus mensajes. Ya te diste cuenta de que no hay hoyo, son simplemente zonas a las que no les has puesto tu luz.

Creaste una cápsula para que no se viera eso que no entiendes, eso que no has integrado, pero ya lo sabes, eres un sol que no cree que pueda brillar porque resulta más creíble la oscuridad, es más fácil imaginársela, pero más dura vivirla. Te acostumbraste a esperar lo peor para estar más tranquilo y sentir que tomas más el control de la situación, porque de otro modo te tocaría confiar y para hacerlo hay que soltar y dejar que las cosas fluyan y vengan como son y ahí tienes de frente la incertidumbre.

Ahora ya saliste del hoyo y ves que las dudas que anoche eran tinieblas, son simples tonterías a la luz de tu sol.

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🙂

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