Once síntomas de un alma desencantada

 

La oscuridad en la que se mueve un alma desencantada

¿Quién te mandó a meterte en este delirio?

Estamos todos cansados de muchas cosas. Estar vivos en este planeta parece que se ha vuelto una carga difícil. Va pasando el tiempo y no entiendes de fondo qué es lo que pasa. También es posible que en ocasiones te preguntes qué sentido tiene todo esto, para qué venir a vivirlo.

Es como si cada vez te hundieras más y más en el hoyo sin fondo de un círculo vicioso existencial incomprensible. Vas al supermercado y te encuentras una avalancha de libros de autoayuda cuyo título te invita a estar en paz, a ser feliz y a “encontrar tu camino” … ¡Zas! Terminas enganchado (a) porque todos sabemos que algo de eso nos falta… por eso los venden en supermercados, vamos a esos lugares a conseguir aquello que nos hace falta. Por eso somos buscadores permanentes de la confianza que perdimos en nosotros mismos, el problema es que la buscamos afuera.

Veamos los diez síntomas de este desencanto espiritual:

1. El futuro no te emociona porque estás en el presente equivocado

El futuro se ha vuelto una preocupación netamente económica. De fondo, el sistema de vida material en el que funcionamos se mueve gracias al combustible del dinero: comemos, vivimos, sobrevivimos y sanamos si tenemos el dinero suficiente para pagar por todo eso. Entonces todo se enfoca en conseguir la base fundamental que pone en movimiento nuestra existencia: más dinero. Si no lo tenemos, tendremos que depender de alguien más, lo que en sí también se ha vuelto complicado.

La suma de estos eventos es quizás la causa intrínseca de los casi ochocientos mil (800.000) suicidios que ocurren al año en el mundo según la Organización Mundial de la Salud. Hay muchos quienes sucumben a esta realidad.

Frente a esta sombría realidad, el presente se convierte en una carrera de ratas de la que es difícil salir y es por eso que los héroes modernos son los que “se hacen ricos”, no importa cómo. “Todo lo que necesitas es una idea y hacerla rodar”. Quisieras hacer muchas otras cosas, vivir otra vida, pero te tienes que comprometer con otras cuestiones que no te importan. Todos terminamos viviendo una vida de obligación, más que de elección; todo juega en la escala de tu sentido de responsabilidad, pero en general nos dedicamos a sobrevivir y a sobrellevar.

2. Te ronda permanentemente la idea de cambiar de vida

Conectado con lo anterior, entonces vives con un pie en esta vida y con otro en la vida que quieres. Por ejemplo vives en una ciudad, pasas algún tiempo soñando en cómo sería vivir en esa casa en el campo cultivando esa huerta, cómo sería no tener que levantarte todos los días a correr para llegar a ese trabajo desgraciado, mal pago y lleno de maltrato… cómo tener tu vehículo para que no te aprieten en el transporte público… y si vives en el campo es al contrario: piensas en cómo irte para la ciudad y poder estudiar, encontrar el trabajo que acá no puedes tener porque no existen las oportunidades.

Es como una especie de juego macabro en el que, donde sea que estés, no hay escapatoria. Sin embargo, la salida está más cerca de lo que imaginamos, la salida no está afuera, está adentro… ya veremos de qué se trata.

3. Vives con una sensación de estar desconectado (a) de la existencia

La secuencia sigue; entonces como sientes que estar aquí “no tiene nada de bueno para ninguno” te desconectas de la existencia en este planeta. Si te descuidas, llegas a un punto de permanente desprecio y molestia porque nada de lo que te ofrece este “zoológico” te agrada.

No hay escapatoria a la miseria que construyen los humanos. Estamos hastiados y a la vez muy cómodos, es una contradicción tremenda. Nos dicen que nos estamos suicidando, pero seguimos pagando por el suicidio: envases de plástico, combustibles fósiles, comida artificial, infotoxicación, trabajo en exceso, etc. Actuamos como si no viviéramos aquí, es como una especie de esquizofrenia colectiva, cada uno en su propio mundo “creado” para poderse desconectar del mundo que hemos creado entre todos.

Dejamos que cada quien se salve como pueda y también encontramos miles de timadores que piden ayuda sin necesitarla, ese es su negocio, así que no nos importa nada de esta humanidad.

4. Experimentas sentimientos de soledad y aislamiento

Como te disocias de ti, no estableces relación contigo ni con los demás ¿Qué tal que quedes al descubierto? Serás carne de cañón, te juzgarán y tu gran secreto será sacado a la luz pública. Por eso nos encontramos a los demás y solo hablamos de tonterías superficiales, solo hablamos del abundante entretenimiento al que estamos expuestos. Hablar de cosas trascendentes, hablar de la misma tensión en la que vivimos es incómodo y molesto… quizás has escuchado frases del tipo “¡Ay no, ya te empezaste a meter con esos temas profundos, qué pereza, mejor cambiemos de tema… viste que ayer…!”

Vivimos como en una especie de “cadena trófica social” y como el nuestro es un sistema basado en la competencia donde hay vencidos y vencedores, no comprendemos la idea de la circulación de la energía. Por eso hemos creado la ilusión de la superioridad basada en la materialidad, o lo que es lo mismo pero dicho más sencillo, nos sentimos “más o menos” según lo que tengamos en la mano y según el poder que tengamos sobre los demás (I wanna be an influencer).

5. Sentimos que poco a poco nos hemos puesto un valor de intercambio y de uso

Dicho lo anterior, nos ponemos un valor de intercambio en términos de la utilidad que nos representamos entre sí para ascender en la escala. Ayudamos si esto nos resuelve un interés de fondo, si nos trae un rédito futuro o si se puede publicar en redes sociales…: “miren mis fotos yo aquí pintando escuelitas o casitas… qué bueno (a) persona soy”. No te digo que no pintes la escuela (yo lo he hecho, por cierto…), pero nadie se tiene que enterar, hazlo en silencio. La vida en comunidad se está disolviendo por completo; lo que nos ayudó a prosperar como civilización se está yendo por el caño.

La confianza está rota. En esa carrera por sobresalir y por ser “superiores” nos hemos vuelto los jueces más ácidos de todos y de todo. Las redes sociales se han convertido en la tribuna por excelencia. Quizás por eso se ha vuelto tan popular tener mascotas, porque el perro y el gato son ellos mismos y nos aceptan como somos, así nos empeñemos en humanizarlos (vestirlos, celebrarles el cumpleaños, llevarlos al spa para mascotas, etc.) para que se parezcan a los seres humanos que hemos perdido. No me imagino un perro huyendo de ti el día que vea que te pones un pantalón que no le gusta. Con pantalón bonito o feo te seguirá igual y caminará a tu lado por la calle.

Ya no tenemos amistades ni relaciones, solo tenemos intereses. Por eso nos estamos quedando tan solos. Las ciudades, las distancias, el tráfico y los altos costos tampoco ayudan. Cualquier salida y cualquier encuentro es una complicación tremenda… tampoco es que provoque hacer mucho.

6. Eres una montaña rusa de emociones

En este desencanto te debates en una montaña rusa de emociones: pasas a toda velocidad de comer mierda a probar ambrosía. Todo viene como es, pero no siempre lo entendemos. Algo puede agradarnos, darnos una luz de esperanza por un momento, pero pronto nos damos cuenta de que no es lo que creemos.

También tratamos de recuperarnos, de ver qué hacemos para que el paisaje no luzca tan gris, y hasta cierto punto lo logramos. No sabemos cómo, pero encontramos algo que quizás nos da una luz de esperanza; hasta creemos que podemos hacer algo por salvar toda esta historia y pronto nos damos cuenta de que no es así, nos estrellamos o nos tropezamos con algo en algún momento, encendemos las noticias y vemos cómo estalla un nuevo escándalo o cómo alguien se sale con la suya nuevamente sin que pase nada.

Pasan los días, nos decimos en algún momento: “Nada, tengo que seguir adelante, nada me afecta” y nuevamente se enciende una pequeña esperanza en nosotros, el ánimo vuelve, vemos la vida distinta, otra vez el sol brilla, hasta que ¡Pum! Un nuevo portazo en la cara, caemos al suelo y la boca nos sabe a mierda de nuevo… y así sucesivamente.

7. Sensación permanente de anhedonia (acompañado de depresión, ansiedad, etc.)

Cuando el alma está desencantada nada la hace feliz, no encuentra gozo en el sencillo acto de fluir con la existencia (anhedonia). Todo esto se puede confundir fácil con las entidades clínicas de varios trastornos mentales, especialmente cuando los síntomas empiezan a volverse crónicos. Posiblemente la Psicología convencional de occidente está en deuda con la civilización. En su afán de “hacerse científica” se ha empecinado en negar una parte fundamental de la existencia humana: la conexión con el espíritu y con las realidades trascendentes.

Desde luego ha habido (y las sigue habiendo) notables disidencias, pero en general esa negación del espíritu está basada en la idea (por demás ideológica, autocrática y anti–científica) de lo real y lo irreal. Nos ponemos de acuerdo como sociedad y civilización para decir qué es lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo real y lo irreal. Basados en estos preceptos, construimos todo a nuestro alrededor. Por eso en muchos sentidos la ciencia también es una construcción histórica y moral. Sí, ya sé que me puse muy técnico, pero voy a algo con esto…

El método científico está para comprobar o refutar, pero la ciencia convencional parte del hecho de que hay cosas reales a irreales, así que lo irreal se echa de lado y no hay que molestarse en investigarlo. De hecho, hasta lo ridiculiza y niega. Entonces, estas cuestiones del alma y del espíritu que son reales para cada quien y para algunos grupos, simplemente se ignoran o se les pone una fría y estandarizada etiqueta a las que luego se les receta un método… y después nos sorprendemos de que los síntomas no remitan (prescriban, terminen) y de que los procedimientos sean tan lentos… es que nos negamos por completo a la posibilidad de llegar al fondo del problema y trabajar con él.

8. El sueño no te repara, sensación permanente de cansancio, dolor corporal y desánimo

El alma no descansa al mismo ritmo que descansa el cuerpo. Por más que duermas, si tu alma no encuentra sosiego, es como si no durmieras. Tu cuerpo se levanta igual de cansado y el desasosiego no se va. Las enfermedades no se van, los dolores permanecen, el sistema inmune se viene abajo, cualquier gripe tonta te tira la cama. El cuerpo te pide que pares y la detención te deja en casa sin poder moverte. La vida te noquea, aunque en realidad no sea así.

Tienes que detenerte para darte cuenta de que has perdido algo fundamental para esta existencia: la salud. Cuando te enfermas simplemente te das cuenta del contraste de la dualidad más fantástica en la que vivimos: de que somos salud perfecta. Habitamos un cuerpo que en todo momento tiende a la salud. Ese hueso roso se suelda, esa infección viene acompañada de una fiebre que es el síntoma de la batalla que se libra por devolverte al estado de equilibrio y perfección al que perteneces.

Sin salud no hay nada, estando enfermos no podemos desplegarnos en este plano de consciencia. Un cuerpo enfermo no permite nada más allá de lo necesario para sanarse. La enfermedad nos roba toda la atención, nos quita el ánimo e incluso cuando hay dolor presente se vuelve una molestia. Lo primero que se enferma es el alma; un alma enferma alienta un cuerpo enfermo.

Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano.

Pedid un alma fuerte que carezca de miedo a la muerte,

Que considere el espacio de vida restante entre los regalos de la naturaleza,

Que pueda soportar cualquier clase de esfuerzos,

Que no sepa de ira, y esté libre de deseos

Y crea que las adversidades y los terribles trabajos de Hércules son mejores que las satisfacciones, la fastuosa cena y la placentera cama de plumas de Sardanápalo

Te muestro lo que tú mismo puedes darte, con certeza que la virtud es la única senda para una vida tranquila. (Sátiras de Juvenal)

 

9. Deseos de huir de todo lo que parezca “responsabilidad”

La idea de responsabilidad nos conduce inexorablemente a la noción de “carga”. Todas las responsabilidades que asumimos son un lastre que sentimos que llevamos a todas partes y que nos atrapan. Pero ¿Qué de todo eso es real? ¿Qué es responsabilidad y qué no lo es?

Ahora bien, vamos a la noción de causa y efecto: Somos responsables de las consecuencias de nuestras decisiones y actos. Todo por lo que tenemos que responder es por aquello que hemos resuelto hacer en el pasado… y en el futuro responderemos por todo lo que hagamos ahora. Así que antes de afligirnos por las supuestas responsabilidades que tenemos, lo mejor sea revisar de qué son producto… seguro te llevarás muchas sorpresas al hacerlo.

Entonces, por más que intentemos huir, de lo único que no podemos escapar es de nosotros mismos y de la vida que hemos decidido construir. Tan sencillo como eso ¿Te queda alguna duda? Antes de hacer ese viaje a la India para “transformarte”, te puedes sentar en casa, cerrar lo ojos, respirar y entregarte a lo que te diga tu inconsciente; presta atención a las imágenes, las metáforas, los símbolos, los sueños y las sincronicidades. Medita.

10. Vives en automático, como un zombi inconsciente

Temes o te agobia ir al trabajo. La vida cotidiana te parece una pesadilla. Lavar la ropa sucia, responder el correo, ir a esa reunión… qué agobio, todo parece detestable. Como hacemos muchos, ponemos la vida en pausa durante la semana para esperar el fin de semana y “volver a ser nosotros mismos”.

Vivimos una vida en automático durante toda la semana, apagamos la consciencia y simplemente vamos de un lado a otro sin fijarnos. Miramos el reloj todo el día y añoramos que esta pesadilla termine pronto y volver a casa, “encuevarnos” y no volver a salir de la madriguera. Recuperamos la consciencia en el momento en el que nos quitamos la ropa y nos ponemos el pijama o simplemente nos quedamos en ropa interior. Volvemos a ser quienes somos… volvemos a esa exquisita simpleza de no deber nada a nadie.

11. Desinterés por aquello que antes te hacía vibrar

Para cerrar, este es quizás el síntoma más pesado de todos, el que debería encender todas las alarmas. Por más que te esfuerces, por más que lo intentes, lo que antes te hacía feliz, lo que te apasionaba, ya no te sabe igual, ya no te mueve nada, ya no te inspira ni te llena el alma. ¿Esto se llama “depresión”? Sí, posiblemente lo sea en este plano.

Un alma vacía no irradia ninguna luz ni la encuentra en ningún otro lado. Cuando el alma se apaga todo se oscurece alrededor (un fantástico ejemplo metafórico de esto lo vi en la película “Intensa Mente” de Disney – Pixar, te la recomiendo especialmente), y al oscurecerse se seca y termina por derrumbarse. Esto es más allá de la anhedonia de la que hablamos atrás, es simplemente que la vida ya no te sabe a nada… y es literal, hasta con la comida puede pasar eso. Comes para quitarte el hambre, pero te sabe igual un postre de cereza que una insípida tostada de dieta.

Antes de recomendarte que pidas ayuda, que desde luego te corresponde hacerlo… quiero decirte que, por experiencia, me doy cuenta de que la primera ayuda está dentro de ti. En la próxima entrada te daré algunas recomendaciones de cosas que hago y que me funcionan en estos momentos cuando se me ha “desencantado” el alma.

Te puede servir leer:

Cómo romper el desencanto del alma

 

😦

 

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11 comentarios en “Once síntomas de un alma desencantada

  1. Que joya de artículo, expresas perfectamente situaciones por las que he y estoy pasando. Es bueno el saber que muchos en este momento pasamos por lo mismo, y que interesante sería que existiera una cadena de apoyo, así fuera virtual, para situaciones como estas, que solo parecen ser entendibles por personas en tu mismas situación, o aquellas que ya han pasado por algo similar. Muchas gracias por este escrito y lo compartiré para que muchos que están como nosotros sepan que no están solos, que aunque tengamos conocimientos de psicología, coaching, o cualquier otra actividad que apoye al ser humano desde su SER siempre podemos pasar por situaciones difíciles en la vida, y que nos hace mas conscientes de que cuando ayudo a sanar a otro, me sano a mi mismo…

  2. Hola a veces pienso que influye demasiado en esto la edad. Mientras más viejo eres más te vas sintiendo así, desencantado de todo. Cómo decía un maestro sufi, tal vez es que ya de mayores necesitamos “juguetes” más trascendentes con los que “jugar” y por supuesto nos vamos a sentir vacíos si seguimos aferrados a los juguetes del mero mundo intrascendente.

  3. Me encanta leerte. Espero esa próxima entrega. Paso por un momento de oscuridad y lluvia y aunque todo puede estar mejor, a veces pierdo mi rumbo. Un abrazo y saludos a los tuyos 💜

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