Cómo romper el desencanto del alma

Luego de revisar los once síntomas de un alma desencantada es menester concentrarnos en cómo superar el desencanto. De fondo, el mensaje de todo esto es que no hay necesidad de buscar nada afuera, porque adentro tenemos lo necesario para trascenderlo. Si estás pensando en ese viaje a la India para encontrarte, verás que no hay que ir tan lejos ni gastar tanto para volver a tu interior.

Vamos en orden…

1. Cuestionar las obligaciones

Algunas obligaciones las asumimos, otras son reales y algunas nos las dejamos endosar. Es extraño que seamos conscientes de esto, pero si hacemos el ejercicio de verificarlas nos daremos cuenta de que quizás una proporción grande de todo aquello que llamamos y tomamos por obligación en realidad no lo es. Mucho de todo eso lo hemos aceptado como parte del juego social en el que terminamos viviendo, de esa obra de teatro a la que llamamos “vida” o “realidad”.

Un buen ejercicio si sientes la carga de muchas obligaciones, es hacer una lista de todo aquello que consideras como “obligación” y luego marcar al frente si es Real (R) o Asumida (A). Una obligación real es aquella de que la que no tenemos forma de zafarnos o que si lo hacemos puede traer consecuencias nefastas; por ejemplo, tener un niño a cargo puede ser una obligación real. Paralelamente, tenemos obligaciones asumidas, que no son más que cosas que creemos que tenemos que hacer, pero si dejamos de hacerlo prácticamente no tienen efecto; por ejemplo, comprar ropa de marca o cambiar de smartphone cada que sale un modelo nuevo.

Este ejercicio también puede ser muy revelador de los gastos que asumes. Si haces un análisis financiero te puede mostrar muchas fugas de dinero. Desde el punto de vista emocional, también te puede mostrar muchas “fugas energéticas” y emocionales en las que te embarcas por darle importancia a cosas que no las tienen. Una vez hechos estos hallazgos, es cuestión tuya que te des cuenta de qué obligaciones te puedes ir desligando y alivianando la vida.

Si te aferras a obligaciones, también es valioso que revises por qué lo haces ¿Cuál es el apego ahí? ¿Qué es lo que crees que eso te da?

2. Practicar sistemáticamente el agradecimiento

Este asunto lo había escuchado varias veces, pero no le había dado la importancia real que merece. El agradecimiento tiene un profundo valor sanador–terapéutico, aparte de que exige poco esfuerzo y llega un momento en que se vuelve natural y divertido.

Un primer ejercicio es tomar la disciplina diaria de agradecer por lo menos por cinco cosas que te pasan o tienes en el día. Los primeros ejercicios son fáciles, luego pasan los días y te vas dando cuenta de que ya no fluye tan sencillo y tienes que pensar más en qué es lo que agradeces y eso te obligará a reflexionar y profundizar más; en este punto ya no solo empiezas a agradecer por lo del día sino por cuestiones estructurales del pasado y presente de tu vida como un todo.

Adicional a eso, cuando te haces consciente de lo que tienes para agradecer lo conviertes en un hábito y lo haces natural, ya no precisas de la lista determinada. Por ejemplo, vas de camino al trabajo y ves toda esa gente que está al sol y al agua vendiendo algo, arañando algo para sobrevivir y te das cuenta de que eres un privilegiado por tener un trabajo bien pago en una oficina con aire acondicionado y una provisión casi ilimitada de bebidas, aunque a veces las cosas no sean tan agradables con tus compañeros…

En otro momento te haces consciente de que en este momento no te duele nada, de que puedes comer, respirar y caminar sin ninguna molestia y agradeces tu salud… cuando agradecemos desdramatizamos la vida y nos damos cuenta de que nos quejamos por nimiedades y de que nos desgastamos prestando atención a tonterías. Verás también la profunda tranquilidad y concentración que esto facilita.

Sales en la mañana, miras al cielo, desayunas, ves los árboles, el sol (si es que está ahí), tuviste agua corriente para bañarte, un techo y ropa limpia… cosas sencillas y cotidianas que valen mucho y de las que desdeñamos todo el tiempo creyendo que son “rutina”. Solo piensa en que no pudieras vivir esa rutina y te darás cuenta de que es una completa bendición.

Ahora bien, otro ejercicio es pensar en las cosas que se oyen en las noticias y agradecer porque no estamos en esa situación: Nuestra casa no fue destruida en un bombardeo, no amanecimos en un refugio luego de un desastre natural, no estamos en medio de una guerra… hoy podemos volver a empezar.

3. Estar en el aquí y el ahora, meditar

Es quizás el ejercicio más complicado para mentes dispersas e inundadas de pensamientos triviales como las nuestras, pero es la práctica raíz de todo esto. Hace un buen tiempo mi maestra me decía en los momentos difíciles: “Respira”. Yo no le entendía, pensaba que era un tremendo simplismo, pero no lo es. Respirar te reintegra al aquí y al ahora, es la llave de conexión con la existencia que te liga con la esencia universal de la trama de la vida.

La vida plenamente presente es una meditación. Creemos que hay que encender una varita de sándalo, poner musiquita suave, sentarnos y asumir la posición que vemos en todas esas publicaciones de wellness y “felicidad”. Nada más lejos de la realidad… la vida cotidiana consciente es la verdadera meditación. Viajar en el metro a plena hora pico, sentir el calor y la humedad dentro del vagón, presenciarse, presenciar el malestar, las quejas, la incomodidad, estar con todo eso sin juzgarlo, solo sentirlo, luego bajarse y sentir la frescura en el aire de nuevo, poder caminar, sentir los pies cuando pisan y cómo se mueve el cuerpo. Poco a poco se vacía la mente y estamos con lo que ocurre en el momento.

Si la opción es sentarse a meditar ¡Claro que sirve! Y es un ejercicio bastante propicio. Hay muchas formas de hacerlo; lo importante es que te ayude a conectarte con la fuente, con el “anfitrión”, para quitarle fuerza al “invitado”. No es fácil, pero tampoco debe ser un esfuerzo. Hay que volverlo un hábito solamente. Si la meditación es forzada o exige algún esfuerzo físico (cuestión en la que difiero con varios promotores de la Vipassana…) cambia un problema por otro, te saca de foco porque entonces te concentras en superar la molestia, no te entregas.

¿Estás con ese compañero “caradura” o ese jefe detestable? Solamente respira de nuevo, céntrate y entrégate a la maestría que te ofrecen esos seres que elegiste como guías en tu camino. Están ahí para mostrarte que la vida no es el país de los “ositos cariñositos” y que también aprendemos por contraste.

4. Ponerse en movimiento y comer bien

El sedentarismo “pega” el cuerpo. No te invito a que te hagas pedazos en el corssfit como parece que le ha dado a todo el mundo últimamente, pero mueve el cuerpo de alguna manera regular y programada. Tenemos un cuerpo prehistórico que todavía necesita movimiento y alimentación balanceada, además de ayuno esporádico.

Es gratis: Salir a caminar, meditar mientras se camina. Pisa las hojas secas y escúchalas. Vete a nadar y siente el agua en el cuerpo y el sonido que tiene. Camina y juega a no pisar las líneas en el andén (lo hago todo el tiempo…). Si te gustan los perros y alguno se te acerca para jugar respóndele… mira las flores, huélelas. Camina hacia la luz del atardecer y deja que te inunden los colores y el degradé de los tonos. Toma un baño de sol por la mañana cada que puedas.

5. Rodearse bien

Hasta ahora parece que todo esto es en solitario, pero las buenas relaciones son fundamentales para la salud. Seguimos siendo animales gregarios, nuestra existencia individual se define en la dualidad que nos plantean las relaciones con otros.

Cocinar para alguien es un profundo acto de amor. Practícalo y recibe el agradecimiento de otros. Trae visitas o visita a alguien más. No esperes a activar tu red de contactos y apoyos cuando estás en problemas o te quedas sin empleo (se estima que alrededor del 80% de la gente que consigue un nuevo empleo lo hace a través de su red de contactos y por referencias directas).  Déjate ayudar, deja que otros ejerzan el amor que te tienen.

Practica el arte de la conversación, no el “hablar por hablar”, ese parloteo sin sentido al que nos acostumbramos, hablar de cualquier tontería solo por romper la incomodidad del silencio.

Comparte con gente que tenga intereses comunes. Debate con quien piense distinto… siempre y cuando sepan debatir. Tu familia (sea cual sea tu definición de ella…), cuando es nutritiva, es un gran refugio. Mucha de la depresión y ansiedad que hay en el mundo empieza por la falta de redes de apoyo social, especialmente desde la familia de origen.

6. Crear conscientemente la realidad

Tenemos pleno poder para crear la vida que queremos para nosotros. Nuestro presente no es más que la consecuencia de las decisiones que hemos tomado en el pasado y el futuro será, en gran medida, la consecuencia de las decisiones que tomamos ahora mismo.

No hay mucho qué decir aquí: basta con que te concentres en lo que aspiras a construir. Todo depende de nuestro grado de compromiso y mediocridad. De nuevo: si algo es fácil todo el mundo lo hace, pero lo que vale la pena no es común. Es exigente, puede ser desgastante, frustrante, exige disciplina y perseverancia. Enfocándose, así es que se crea conscientemente la realidad… y una vez tenemos la mente enfocada las sincronicidades suceden, solo hay que estar atentos a ellas.

7. Dormir bien

Aunque en esto tengo un enorme “rabo de paja”, con el tiempo me he dado cuenta de lo valioso que es tener un sueño reparador y de lo revelador que es en sí el sueño con respecto a cómo es tu calidad de vida en el día… es un ciclo de doble bucle… si duermes bien, tienes un buen día y si tienes un buen día duermes bien, al final ambas realidades se retroalimentan.

Tener un horario fijo para hacerlo, prepararse bien antes de acostarse (nada de pantallas, ni emociones fuertes, ni peleas, etc.), beber un poco de agua, ponerse ropa cómoda o si el clima lo permite, dormir sin nada…

8. Hacer más de lo que te apasiona

Si vuelves al primer punto (obligaciones) y revisas todo lo que hemos dicho hasta ahora, te será fácil deducir que otra forma de abrazar el presente y de querer estar más en los brazos de Gaia pasa invariablemente por el hecho de hacer lo que nos gusta y nos apasiona. ¿Te la pasas solo trabajando? ¿Toda tu energía y capacidad se drena en el trabajo? Entonces tienes un problema, yo sé por qué te lo digo, eso seca el alma, dedicarse solo a producir.

Ahí habrá que cuestionarse si cambiar de trabajo, cambiar el trabajo o encontrar algo más y mejor que hacer. Puede pasar que en algún momento vivas una especie de existencia dual, pero si te enfocas, poco a poco haces que toda converja.

Finalmente…

Estos son caminos que aplico y que me funcionan. Es minimalismo aplicado, sin teorías, ni modelos ni ningún influencer o vídeo de Youtube en el medio. Prácticamente nada de esto tiene costo en tiempo o en dinero, es tan solo una vida minimalista, sencilla y simple.

Seguramente tengas tus caminos, lo importante es que te cuestiones si son sostenibles y sanos, que cuestiones su propósito y lo que te permiten encontrar, si al final de todo te ayudan a ser más consciente.

 

😀

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6 comentarios en “Cómo romper el desencanto del alma

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