Cómo ser de “verdadera” ayuda

No hay que echarse el mico sino caminar con él.
No hay que echarse el mico sino caminar con él.

En vez de echarse el mico y dar consejos

¿Te gusta ser esa clase de persona con la que otros cuentan para poner en orden sus ideas? Puede que se trate de que seas un buen amigo personal hasta un terapeuta profesional, pasando por un coach, el punto aquí es que buscar ayuda se convierte en una necesidad para salir de la caja. Si quieres ser de “verdadera ayuda” para servirle a los demás, aquí van algunas ideas que te pueden servir.

Por qué internamente detestamos recibir consejos

Pareciera que estamos diseñados para detestar los consejos, sobre todo si estos son no–pedidos. Como es natural, constantemente buscamos minimizar el dolor y la amenaza a la par que maximizamos el placer y la recompensa. Veamos algunas razones de por qué detestamos recibir consejos:

Cuidamos el estatus y la imagen pública: si te pones a pensar, en algunos casos los consejos pueden sonar más como una amenaza que vulnera nuestra imagen pública ante los demás y, en consecuencia, nuestro estatus. Dependiendo de qué tan influenciables y autónomos seamos, tendemos a ser más o menos dados a seguir el comportamiento y las recomendaciones de alguien más. Igualmente, dependiendo de quién venga la influencia reconocemos o no una autoridad en esa persona.

No nos digamos mentiras, como buenos animales sociales que somos le damos importancia (en mayor o menor grado) al estatus que tenemos dentro de los grupos u organizaciones a los que pertenecemos. Sencillamente tener que vernos como “alguien que al final hizo lo que alguien más le dijo” puede que llegue a tener un tinte de obediencia.

caminar-monoNecesitamos sentir autonomía: nos gusta sentir que tenemos el control y que podemos elegir. Nos gusta elegir por nosotros y los consejos los sentimos como una forma de control por parte de alguien más

Nos gusta que confíen en nosotros: conectado con lo anterior, nos gusta que los demás confíen en que somos capaces con las cosas. Cuando percibimos que alguien más nos da un consejo es fácil interpretarlo como que “esta persona no confía en mi capacidad real para hacerme cargo de lo que me ocurre; esta persona no cree en mí”.

Necesitamos algo de certidumbre: los consejos no–pedidos lo único que hacen es enredar más las cosas. Un consejo no–pedido le añade una variable más a lo que de por sí ya venía complicado. En situaciones de estrés y presión, un consejo no–pedido puede hacer que la otra persona simplemente explote.

Juzgamos y clasificamos siempre (amigos o enemigos): aunque suene un poco rudimentario e incómodo para muchos, una cosa que hacemos permanente e inconscientemente es clasificar a los demás como “amigos” o “enemigos”; con facilidad, alguien que nos da un consejo no–pedido ¡Adivina en cuál clasificación puede caer! Para poder dar consejos y que estos sean recibidos, es necesario antes crear capital de confianza.

¿Qué se puede hacer en vez de dar consejos?

Si quieres ser de ayuda tampoco se trata de que te sientes estático como un muñeco de cartón. Si alguien te busca y te pide ayuda es porque confía en ti y espera alguna ayuda. La confianza es un tremendo regalo y un valioso tesoro. Veamos algunas alternativas:

Ayudar siempre a reforzar la autonomía: ¿A quién no le gusta sentirse como “un genio”? Creo que para todos nosotros es deliciosa esa sensación de ¡Eureka! (¡Lo encontré!). Nos gusta percibirnos a nosotros mismos como capaces. El primer camino y tal vez la columna vertebral de toda la conversación, es ayudarle al otro a que sienta que puede hacerle frente a lo que tiene entre manos.

caminar-micoEscuchar: es lo primero y más importante, es el acto más sencillo. Cuando te obsesionas con procesar mentalmente el siguiente consejo que vas a dar, simplemente dejas de escuchar, te pierdes del hilo de la conversación, te metes en tu propio diálogo interior y te desconectas del diálogo con el otro. Para alguien que está plenamente presente escuchando le es imposible siquiera elaborar un consejo. Si en una conversación te descubres listo a dar un consejo, detente porque ya te desconectaste.

Preguntar para ayudar a poner en perspectiva: hacer preguntas puede ser de más ayuda que “decir qué hacer”. A través de las respuestas a varias preguntas puede reorganizarse la experiencia y no desde el único punto de vista de un único consejo. Veamos algunos ejemplos:

Ayudar a poner el “problema” en claro alejándose del mar de confusión:

  • ¿Cómo describirías lo que te pasa en una sola frase?
  • ¿Cuál es el punto aquí?
  • ¿Cómo sería esto si ya estuviera resuelto?
  • Si alguien diferente a ti describiera lo que te pasa ¿Qué podría decir?

Ayudar a poner en perspectiva los juicios y las acciones sobre la situación:

  • ¿Qué has intentado?
  • ¿Qué te ha funcionado y qué no? ¿Por qué?
  • Si esto le pasara a alguien más ¿Qué le recomendarías?

Ayudar a estimular la acción. De nada sirve preguntarse y que no pase algo:

  • ¿Qué pasaría si no hicieras nada, absolutamente nada…?
  • ¿Qué es lo peor que podría pasar si…?
  • ¿Cuál es el primer paso que podrías dar?
  • ¿Qué ayuda necesitas…?

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Usar metáforas también ayuda a ver las cosas desde otro ángulo. Veamos algunos ejemplos:

  • Usar una historia: “la tuya se me parece al cuento de… en el que…”. Otra opción puede ser: Si fueras a contar un cuento con lo que te está pasando ¿Cómo sería?
  • Una canción: ¿A qué canción se parece lo que te ocurre? ¿Por qué?
  • Una película: ¿A qué película se parece lo que te ocurre? ¿Por qué?
  • Un personaje famoso: Dentro de lo que te está pasando ¿A qué personaje famoso (cuento, historia, evento o película) se te parece? ¿Por qué?
  • Una imagen: Si pintaras un cuadro con la escena de lo que te ocurre, cómo sería. Incluso, si se puede llegar a pintar el cuadro realmente sería mucho mejor.
  • Algo tangible: por ejemplo si se trata de revisar un obstáculo percibido ¿Cómo son los obstáculos? ¿A qué se parecen? ¿Qué aspecto tienen? ¿A qué huelen? ¿Cómo se sienten al tacto?

Este tipo de conversación es un proceso creativo, jamás un libreto. Es posible que unas cosas funcionen y otras no, pero de eso se trata, de estar ahí presente con un fin en mente: ayudar al otro a salir de la caja. Espero que todo esto te sea de utilidad cuando sea que lo necesites.

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2 comentarios en “Cómo ser de “verdadera” ayuda

  1. Gracias por el artículo, vengo de leer “el mico” y ambos me han aportado una buena perspectiva sobre cómo “dar consejos” termina siendo una vara de medir para nuestra productividad y la de los demás.
    Saludos.

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