Esclavo de mis palabras y amo de mi silencio: el valor de escuchar

Estamos lejos de dar valor a lo que escuchamos. Nuestras conversaciones son monólogos con réplica. Cuando el otro me habla estoy armando mi respuesta sobre lo que me dice y preparando mi contra-argumento; así es complicado conversar.

El “valor”, lo “valioso”, son juicios que cada uno de nosotros hace sobre lo que le importa, le soluciona un problema, le simplifica la vida o le hace más feliz. La percepción de valor es totalmente subjetiva y variable.

Antes de seguir, haz una pausa y piensa ¿Qué es valioso en tu vida? ¿Qué es aquello que has perdido y que quieres recuperar en tu vida? ¿Qué es aquello que hoy en día tienes y que quieres conservar? Ahora haz una lista de todo eso, identifica por qué es importante y habrás descubierto qué le agrega valor a tu vida. Cualquier cosa que te ofrezcan, que venga a ti y que se “haga cargo” de satisfacer eso que te importa es algo que te “agrega valor”. Posiblemente también hayas descubierto que lo que te agrega valor a ti, sea irrelevante para otras personas y viceversa.

Cuando vemos el valor desde la perspectiva de alguien a quien servimos, las preguntas son las mismas. Antes de entregar algo, una forma de mantener las cosas simples es preguntarnos: ¿Qué es importante para esta persona? ¿Qué quiere, necesita o le gusta? ¿Cómo lo quiere recibir? ¿Para qué lo quiere? Esto ayuda a trabajar enfocado y evitar enredarnos haciendo cosas innecesarias.

Dejamos de escucharnos a nosotros mismos cuando dejamos de escuchar a los demás; perdemos oportunidades de observarnos escuchando para aprender. Nos dejamos nublar por la corriente reactiva de pensamientos que vienen cada que creemos que tenemos que reaccionar. El silencio se nos ha vuelto una fuente de incomodidad y estamos habituados a romperlo con lo que sea.

La estridencia parece que se ha vuelto un medio de supervivencia para tratar de estar en otro tiempo diferente al aquí y el ahora. La estridencia nos aleja de las complicaciones de la vida interior, pero no nos permite huir de ellas; en esa huida introducimos más complejidad.

Parece que nos estamos enredando más de lo necesario. Recalco: la vida es simple, el mundo es simple y económico. Nuestra mente es la que lo enreda todo. ¿Cuándo fue la última vez que te sorprendiste escuchando? ¿De qué te diste cuenta? Con seguridad, en cada respuesta hay un tesoro. Sea como sea, valora lo que escuches.

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