El que no quiso cuando pudo no podrá cuando quiera

tiempo-pasado-futuro Casi todos pasamos la mitad del tiempo en el futuro y la otra mitad en el pasado. Vivimos el presente en “piloto automático” con nuestro parloteo mental y por eso nos cuesta trabajo saber qué deseamos y luego decidirnos a materializarlo. Yo mismo soy el dueño y creador de mi distracción y aun así me quejo de mi falta de claridad. Si hay algo que complique la vida es nuestra relación con la idea del tiempo. Muchas veces me pregunto para qué quiero llegar rápido, para qué tener tiempo libre, para qué correr tanto y para qué aplazar tantas cosas. En ocasiones quiero parsimonia y otras veces ando acelerado sin siquiera entender qué pasó.

¿Cuál es mi deseo?

Cada uno de nosotros en general sabe qué quiere afuera. El problema parece estar en saber qué deseamos adentro y con tanto ruido mental nos cuesta llegar a la respuesta. Esto parece que se ha vuelto en el signo de nuestro tiempo: no sabemos qué deseamos y para qué lo deseamos. tiempo-vida-deseoRepito, el problema no viene de afuera; uno sabe qué quiere y en muchos casos hace la lista y lo consigue. El golpe viene después cuando ya lo consigue y se da cuenta de que lo que tiene es otra “cosa” prescindible y sin valor. Creo que al final lo que queremos es algo con significado y nada más, no importa que sea material o espiritual, pero algo que tenga sentido.

¿Y qué tiene que ver la pregunta de ‘qué quiero’ con respecto al tiempo? Es simple: es un estupendo camino para darnos cuenta de qué es aquello a lo que de verdad le damos importancia. Le dedicamos tiempo a lo que encontramos relevante… claro está, si actuamos en coherencia, porque si le dedicamos tiempo a otras cosas que no nos importan es evidente que no tenemos claro qué deseamos.

Saber qué deseamos es el primer paso para manejar el tiempo adecuadamente. No saberlo nos pone en alto riesgo de gastarlo en tonterías que no nos gratifican: un trabajo absurdo, una relación tóxica, un estilo de vida insostenible, vicios, etcétera. Hay una diferencia importante en la connotación de “querer” y “desear”, es un tema netamente espiritual: cuando digo que “quiero algo…” parto de la carencia, de lo que me falta; cuando declaro que “es mi deseo…” parto de una decisión de conseguir lo que siento que me merezco.

Esperar o no esperar

La “paciencia” es un don… tal vez bastante escaso en estos tiempos de abundante vida instantánea, “comprable” y “consumible”, donde todo ya está hecho y donde cualquier cosa se puede conseguir al precio que sea. ¿Habrá que esperar? ¿Habrá que actuar ahora? ¿Cómo distinguir la diferencia? Estas preguntas nos ponen en un enredo. No son preguntas simples. Hagamos un ejercicio sencillo: ¿Qué sientes que estás esperando ahora? Y volviendo a lo que comentamos ¿Qué es lo que en el fondo quieres recibir con eso que anhelas? ¿Una vez que lo tengas qué harás con eso? Estas últimas preguntas sirven para visualizar el para qué.

Ahora visualízate teniendo eso que en el fondo deseas… ya lo tienes ¿Ahora qué? ¿En quién te conviertes al tenerlo? ¿Tu vida sigue igual? Si al final parece que la vida sigue sin cambios entonces puede ser un indicio de que eso que “querías” no era más que una carencia temporal que luego llenaste y que una vez satisfecha te das cuenta de que ya no te llena más. Pero por otra parte, si las respuestas que obtienes te muestran que las cosas son distintas, que por dentro no vuelves a ser el mismo o la misma, entonces le atinaste; el problema aquí es que todo esto es una apuesta, no estamos seguros de si en verdad será ese el desenlace… pero uno se va conociendo y aprende sobre sí mismo. huir-tiempo Muchos de nosotros nos hemos pasado la vida esperando a que pase algo, pero lo único que pasa es la vida. Si quiero que algo llegue, si quiero que algo ocurra, no me queda más que actuar para que eso se dé.  En dicho caso no habrá nada que esperar, simplemente fluir con el actuar, fluir con cada cosa que se va dando en su perfecta secuencia, así no lo entendamos o necesariamente no lo veamos de ese modo. Es muy tentador forzar los resultados, pero forzado nada entra.

La mentira del momento perfecto

Ya lo he detallado en “El mito del momento preciso”, y acá hago énfasis en una idea sencilla que encontré hace poco: “Has pronto lo que quieras antes de que se convierta en lo que hubieras querido”. Hoy día siento que tengo menos tiempo para mí y que la vida se me está yendo. El tiempo cada vez se convierte en un absoluto tesoro ¿Para qué dinero si no hay tiempo de gastarlo? Es delicioso tener mucho dinero en el bolsillo, o por lo menos la cantidad suficiente para uno hacer lo que desea, pero inclusive con tiempo y poco dinero se puede hacer mucho.

Lo contrario no siempre ocurre. Aparte de tener dinero y tiempo, hay que contar con algo más importante: un plan… lo que ocurre es que eso muchas veces toma tiempo, exige paciencia y disciplina, no es algo instantáneo y también puede llegar a ser estresante o frustrante. Todo se resume en esto tan simple: tener un plan guiado por un deseo claro y ferviente. Nada más piénsate dentro de diez años, viéndote en un futuro sin haber hecho nada de lo que deseabas: ¿Cómo te sentirías? ¿Qué te dirías por no haberte arriesgado? ¿De qué te habrás perdido? ¿Cuál es el costo que pagaste por conservar tres gramos de seguridad en vez de haber adquirido una tonelada de incertidumbre, riesgo y felicidad? ¿Estás dispuesto a vivir con esa carga el resto de tu vida?

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7 comentarios en “El que no quiso cuando pudo no podrá cuando quiera

  1. Gracias por tu blog. Es verdad, se nos va la vida queriendo ese algo; lo triste es que lo conseguimos y la incertidumbre y vacío siguen presentes. Poder reconectarnos con nosotros nos da tanta plenitud y dominio, pero a la vez es tan esquivo si no le invertimos tiempo a conocernos. La verdad aprovechar el tiempo es una decisión que motiva y nos hace sentir mas cómodos con nosotros mismos.

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