Cómo no ser un “líder gaviota”

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Los “líderes gaviota” llegan volando, cagan todo y luego se van.

Ya hemos hablado lo suficiente sobre el desencanto alrededor de la idea del liderazgo. De ninguna forma pretendamos creer que existe un manual completo de lo que debería ser o no ser un líder; al final esto es algo que cada quien decide según su historia, conveniencia, puntos de vista y contexto. Pretender que el liderazgo sea una sola cosa que debe funcionar de una sola manera es como creer que el mismo par de sandalias de la misma talla le debiera servir del mismo modo a hombres y mujeres.

El liderazgo como camino espiritual

Hace tiempo en algún taller me preguntaban cuáles son las personas que más admiro, las que sigo, las que me inspiran por su liderazgo. Al final, la gran conclusión es que se trata de gente más consciente que yo, que con su misma consciencia terminan despertando más la mía.

Estas personas han recorrido un camino en su propio desarrollo, un camino que no tiene nada que ver con sus títulos, ni con sus logros materiales ni con el saldo en su cuenta bancaria. Era gente común como tú y yo, que hacían algo extraordinario: moverse hacia lugares donde nunca habían estado antes y, al hacerlo, habían forjado su espíritu de una forma diferente.

¿Qué tiene que ver esto con los “líderes gaviota”? Los líderes que han recorrido el camino espiritual simplemente se mueven dejando huella, pero no se cagan en nada, y si se llegaran a cagar en algo, tienen el tacto suficiente para darse cuenta de que cometieron un error y se enfocan en enmendarlo, aprender de él y salir más fortalecidos de la situación. Los “líderes gaviota” sencillamente lo cagan todo y se van.

Tal vez podamos partir de un convencimiento general: El principio de todo es quién es uno, no tanto qué hace; el liderazgo es una vocación genuina, una búsqueda personal, algo que está atado a nuestros valores, creencias y actitudes, no una técnica recetada y al alcance de cualquiera.

Es cuestión de serlo primero para parecerlo después

Parece complicada de responder, y hasta bizantina, la pregunta sobre si el liderazgo se nace con él o se hace (aprende). En todo caso, mientras hay gente haciéndose esta pregunta e intentando responderla hay otra aprendiendo a ser líder y dándose cuenta de que sea cual sea la respuesta, a casi nadie le importa o le sirve al final.

Parece claro es que no hay rutas rápidas ni caminos de rosas para forjarse como líder. Como decían en Kung-fu Panda: el secreto es que no hay secreto… ni recetas mágicas. Tampoco se trata de rendirse al mito del líder que lo sabe todo y lo controla todo; el líder que es un prototipo de suficiencia. La gente que lidera así se parece más a un déspota, a un dictador, a un imbécil con cargo. Este es el promedio del “líder gaviota” que al actuar de este modo ayuda a cagarse en todo.

Como un “líder gaviota” viene volando y se va volando es difícil identificarlo como un individuo auténtico y vulnerable que permite que la experiencia lo “sacuda”. Tal vez los seguidores o colaboradores normalmente esperan compostura, consistencia, seguridad y control de sí mismos en sus líderes, pero de vez en cuando puede salirse de la ropa y soltar la máscara de ser invulnerable que están por encima de las “tensiones de la realidad diaria”; la vida en un mundo con todo bajo control, planito, sin altibajos, es un mundo con riesgo de volverse confortable, poco educativo y pobremente retador. Caer en eso es el tipo de cagadas promedio que le funcionan al “líder gaviota”.

El equipo es el reflejo del líder

Como líderes nos revelamos al equipo desde nuestra humanidad y no como aves que vuelan interminablemente en el cielo (gaviotas) y bajando solo cuando necesitamos buscar comida o empollar huevos, o lo que es lo mismo, cuando necesitan usar o tomar algo para sobrevivir.

El liderazgo hace que el equipo funcione por sí solo de manera sostenible promoviendo la participación y la inteligencia de todos. El líder se obsesiona por crear una comunidad, más que una unidad funcional con gente que resuelve tareas; el funcionamiento llega más adelante como una consecuencia natural de ocuparse genuinamente por otros seres humanos y de sacar lo mejor de su capacidad real para contribuir.

Al “líder gaviota” le interesa todo aquello que le facilite alzar el vuelo tan pronto como sea posible, porque “si las cosas se ponen mal hay que salir a prisa sin resolver nada y listas para para que las resuelva otro o el equipo”, dejando las cosas peores de lo que estaban o, lo que es lo mismo, perfectamente cagadas.

Finalmente, el “líder gaviota” es un sobreviviente para sí mismo que no le sirve a nadie, que tiende a ser narciso y egocéntrico esperando a que le sirvan para poder volar tan pronto lo necesite.

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2 comentarios en “Cómo no ser un “líder gaviota”

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