Leer, releer, acumular y soltar: el arte de amar los libros

Recuerdo esa tarde del 21 de septiembre de 2023 cuando fue la última vez que me mudé. Fue una mudanza especialmente complicada porque vivía en el piso 26 de una torre de apartamentos donde sacar el menaje fue todo un desafío: lejos de la recepción, encaramado en un cerro, con muchas escaleras por subir y bajar, un día especialmente caluroso y un solo ascensor en funcionamiento. Todo fue muy difícil y desgastante, especialmente por algo: bajar y empacar en el camión las casi diecinueve (19) cajas de libros que tenía.

(2.466 palabras, 13 minutos de tiempo de lectura)

Digo “casi” porque una caja de libros la traje yo mismo: la que contenía la obra completa de Jung. Esa caja vino en mi auto, bajo mi cuidado y custodia, no a merced de la brusquedad y los riesgos del camión de la mudanza. Esos libros son la joya de la corona.

Pero: Por qué escribo ahora sobre esto, por qué me dio por traer ese recuerdo en este momento… sencillo: porque quiero resolverle a muchos (as) que me han preguntado ¿por qué y para qué compro libros en papel? Vamos al grano.

No es algo de ahora

Esta es una fijación y ambición vieja. Compro libros desde que inicié el bachillerato. Algunos me los compraba mi papá porque eran de obligatoria lectura en el colegio y otro tanto los conseguía yo juntando unos pesos de la mesada que me daban… naturalmente, algunos me demoraba una eternidad para conseguirlos y los compraba a escondidas para evitar los comentarios de mi mamá (para qué te gastas el dinero en libros…).

Ya fui creciendo y encontrando pequeños trabajos o cosas esporádicas para hacer, especialmente en vacaciones. Los tíos y abuelos me daban algo dinero en navidad y ¡Pum! Corría a alguna librería del centro a comprar libros (también CD’s).

Tal y como sigue siendo ahora, lo que compraba tenía que ver con mis intereses del momento. Por eso hoy día sobreviven pocos libros de esa época y me he ido haciendo más selectivo con lo que compro… aparte de que la mayoría, como son importados y nuestra moneda lleva varios años devaluándose, los libros se han encarecido notablemente.

Al llegar a la universidad, compraba algunos libros relacionados con mi carrera, pero realmente fueron pocos. En promedio compraba cuatro o seis al año, cuando mucho… hubo épocas de vacas flacas en aquel entonces y había que hacer rendir el dinero. Digamos que también tenía otras prioridades en ese momento, sin mencionar que muchos de los libros que tenía eran fotocopiados, de segunda mano o “piratas” (lo confieso y me avergüenza un poco).

En aquel entonces no eran tan comunes los libros en PDF y menos en formato Epub. El papel seguía reinando invariablemente. También la biblioteca pública y la de la universidad eran una tabla de salvación, pero muchas veces tenía que esperar semanas con un libro reservado hasta que se pudiera tomar porque el ejemplar que había ya estaba prestado.

Tiempo después, llegó la vida laboral formal, los ingresos mejoraron y la cuestión empezó a cambiar. Lo peor que hay para caer en compras compulsivas es venir de un largo periodo de carencias. Así me ocurrió. Poco a poco empecé a hacerme a algunos libros y casi que lo que veía, si me gustaba, lo compraba. Luego llegaron las compras en línea y conseguir libros era más fácil ¡y barato!, además de que me llegaban a casa. Así me hice a un montón de libros, muchos de los que me arrepiento de haber comprado y de los que ya me he ido deshaciendo. Quedan muy pocos de esa época.

Es increíble, pero antes compraba libros profesionales y relacionados con temas de negocios. Qué tontería… si mucho me queda una docena de esos libros y los conservo porque son de verdad buenos, atemporales, pero el resto ya los doné o vendí. Hace unos meses me deshice de la última camada.

Hay gente que gasta su dinero en ropa, “experiencias”, cosméticos, conciertos, utensilios de cocina y la más variopinta lista de “hobbies”. Yo me gasto parte de mi dinero en libros.

Es algo que parece sin sentido

Mucha gente me ha dicho que comprar libros no tiene sentido, que para qué compra uno libro si cuando se lo lee ahí queda y después lo guarda, no vuelves a hacer nada con él. «Para qué compras libros si están en la biblioteca o los puedes conseguir gratis en formato electrónico».

Otras personas me dicen que los libros solo acumulan polvo, que alguien como yo que padece de rinitis alérgica (al polvo, las motas y el polen…) tiene libros… que eso me va a enfermar más. Reiteran que eso no tiene sentido, que no comprenden para qué lo hago.

También me han dicho que con lo caros que están los libros, debería comprarme otras cosas, invertir ese dinero o irme de paseo. Otra persona, con cierto aire de suficiencia, me dijo una vez que prefería tener un Kindle y tener libros electrónicos. Me sugirió que me comprara un Kindle o que por lo menos leyera en la Tablet…

Escucho estos argumentos y tienen toda la razón, son completamente lógicos, reales y coherentes. Soy un ser humano peor que ellos, un ser humano al que le gusta comprar libros en papel… Aunque les invito a que investiguen la huella de carbono de un libro frente a la de una camiseta o unos zapatos. Mi libro de segunda pasará por muchas manos, muchos años, la ropa vieja no sé qué tanto…

Aunque no me lo han dicho directamente, quizás la compra de libros en mi caso sea una faceta de mi lado consumista, del cerdo capitalista esnob, consumidor inconsciente de libos que me habita y que dejo salir de vez en cuando.

¿Por qué compro libros?

Empezaré dando unos contraargumentos frente a los juicios que me hacen y que acabo de listar: Es cierto, hay libros que he comprado y que se quedan en la estantería. Estos libros me han enseñado a ser más cuidadoso y selectivo con lo que compro, incluso con las editoriales que tiendo a seguir. Me he arrepentido de compras que he hecho y esos libros ya no están conmigo, pero me han enseñado a cómo comprar grandes libros.

Me he dado cuenta de que hay editoriales de supermercado, cuyos libros se venden masivamente en las librerías–supermercado o en góndolas junto a las bebidas y las golosinas. Editoriales que normalmente comercializan “best sellers” que poco o nada me interesan; sacaré mi comentario arrogante y pedante: “editan y venden libros para la gran masa…” (aunque bueno, hay algunas excepciones por ahí). Hace años compré esta clase de libros… y ya no lo volví a hacer.

Luego hay editoriales intermedias, que desde luego sí tienen un mercado, pero que son más específicas en sus calidades y temáticas; pueden tener unos títulos muy comerciales, pero compensan su mezcla con otros títulos que no lo son tanto y que revisten un interés especial.

Finalmente hay editoriales de nicho o más especializadas, que publican libros para públicos específicos, en bajos tirajes y que normalmente son ediciones o traducciones particulares de obras clave en un tema singular. Suelen ser una joya.

Mi selectividad se ha quedado en las editoriales intermedias y las de nicho. Sobre todo, ahora que las compras en línea facilitan todo. Importar desde España, México, Argentina, Chile o Estados Unidos, dejó de ser una talanquera. Ya no dependo del interés del importador local de mi país o de un amigo o familiar viajero que me lo traiga.

Entonces, ya no compro “cualquier” libro. Me volví experto en comprar ediciones agotadas, libros de temáticas extrañas y poco difundidas, o recomendaciones de otros “nerds” y “weirdos” como yo. Sin mencionar el hecho común y natural de que casi siempre un libro lleva a otro; un autor cita a otro autor y, en algunos casos, lo alaba… la curiosidad me lleva al siguiente libro y ¡Pum! Empieza otra línea. Es un bucle delicioso, agobiante e inagotable, un universo sin límites.

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Algunos libros los bajo primero en formato electrónico, los hojeo y si de verdad amerita tenerlos en papel, pues entran a la “lista de deseos” / “favoritos” de mi sitio web de compras… y tiempo después “hago que vengan a mí con solo un clic”. Desde luego, es un porcentaje muy pequeño de libros los que hoy día pasan este filtro. Así que no compro libros para acumular polvo, porque “me gusten” o estén de moda, los compro porque el libro en sí mismo tiene un mérito, porque ya es escaso, es una edición agotada, es difícil de hallar y, sobre todo, porque su temática o el enfoque del autor me apasionan sobremanera.

Puedo ser brutalmente radical con la decisión de quedarme o no con un libro. No me aferro a ellos, salvo que de verdad sean libros que marcaron y siguen marcando una revolución en mí. No tengo escrúpulos para vender, intercambiar o donar un libro que ya no quiera tener o al que ya no le encuentre valor.

Hoy día tengo libros que me he leído hasta tres veces y que incluso, de vez en cuando saco del estante y leo lo subrayado, reviso un pedazo en particular que quiero repasar o recordar qué decía; algunos me sirven como fuente de consulta sobre determinados temas. También, en mi plan de lectura anual, fijo tres o cuatro libros para re–leer. Así que mis libros no están ociosos, simplemente aguardan su momento.

Respecto al precio de los libros, sí es un hecho que están por las nubes, se han vuelto un artículo de lujo. En mi caso no hay más qué decir ahí. El lujo y la exclusividad dan un sabor especial a las cosas. Adicional a eso, tengo libros que ya llevan décadas conmigo… creo que tengo libros que nadie más en Colombia posiblemente tenga; a veces medito sobre esa posibilidad y me da pie a pensar muchas cosas.

He leído y sigo leyendo algunos libros electrónicos. Tuve Kindle. Tengo Tablet. También leo en la laptop. Pero insisto: los libros electrónicos no me saben igual. Tienen su pro y su contra, como todo en la vida, pero no son lo mismo. Creo que funcionan bien para leer novelas, cuentos, narrativa en general, pero de resto no me apetecen, sin mencionar el cansancio visual, la dificultad para recordar dónde fue que leí tal o cual cosa (ubicación), en fin… Digamos que el libro en papel es la leche entera; el libro electrónico es leche descremada y deslactosada… no son lo mismo ni saben igual.

Desde luego es cuestión de gustos y hay gente que se mete en alegatos de si uno es mejor que otro. Tampoco falta la indignada que habla de la huella de carbono del papel del libro (será que el Kindle y la Tablet las hacen de algodón y bambú…), pero en mi caso sigo fiel al papel, ¡luego de haber probado por un buen tiempo el electrónico!

Solo los que compramos libros en papel, los atesoramos y los tenemos en nuestro estante comprendemos lo que se siente. Ya he hablado de lo que significa comprar un libro y esperar a que llegue, del olor a libro y otras cosas relacionadas con ellos. Los libros tienen algo que otros objetos no tienen. Su contenido es una conversación, es una historia, algo que se divulga desde la mente de alguien, es un diálogo sistemático a través del tiempo, algo que trascendió y me trascenderá.

Cuando muera, algo pasará con estos libros, confío en que no los boten o los quemen, pero lo que tienen, lo que enseñan y entrañan, trascenderá la historia y son una sana herencia… Hay mucho saber y comprensión sagrados ahí.

A veces me pregunto si en alguna otra vida vi morir o quemarse una biblioteca; si asistí a alguna clase de apocalipsis o final del mundo donde se perdieron muchos libros. Por eso, no en vano la mayoría de las dictaduras e ideologías de la historia han prohibido y quemado los libros, especialmente los de sus opositores intelectuales. Los libros son llaves para abrir el pensamiento y entrar a otras realidades.

Me asombra que haya gente que no lea, que considere que ya sabe lo que tiene que saber y que ningún libro le aporta ya nada adicional. ¿Será una forma de arrogancia?

Justo vine a nacer y crecer en un país con déficit de lectores; quizás en otro país yo sería uno más, sería “normal” e irrelevante, pero acá no, los lectores somos raros, nos miran raro, con algún dejo de pereza o desprecio; a veces me pregunto si parte de la decadencia social de este país tiene que ver con el hecho de leer tan poco. Quizás compro libros y los conservo con una motivación inconsciente: ayudar a salvar la civilización. Así sea yo solo el que lea, por lo menos queda un ejemplar de un libro que se salvará del algún modo.

El mercado de segunda mano

La afortunada confluencia de varios fenómenos me ha hecho volver al mercado del libro usado: Instagram y las librerías de segunda mano que se ofertan por ahí, la necesidad de deshacerme de libros que ya no quiero, el interés por temas raros de los que ya casi no se editan en libros nuevos, la alternativa de conseguir libros usados a un precio extraordinario, acceder a ediciones antiguas, el envío a casa, la posibilidad de hacer intercambios, etc.

Por esa vía me hecho a muchos libros que de otra forma me hubieran costado un dineral. Pero igualmente, para hacer espacio a lo nuevo hay que deshacerse de lo viejo. Esa ha sido la dinámica.

Sigo comprando libros, pero cada vez menos y mucho mejor seleccionados. Como cualquier buen comprador compulsivo de libros tengo muchos por leer ahora, pero he decidido recanalizar la compulsión hacia leer muchos y leerlos bien, antes que comprar más…

Tener muchos libros es un serio problema logístico, tengo que tener un gran estante, debo limpiarlos cada cierto tiempo, custodiarlos… espero no tener más mudanzas en muchos, muchos años…

No revelaré mi estimación del tiempo que me hace falta para leer todos mis libros pendientes, ya tuve la valentía de confrontarme frente a las matemáticas de esa realidad. Confieso que se me hace un poco bochornosa la cifra. Pero en aras de mi salud mental, seguiré aplicándome con disciplina a la lectura que tanto disfruto, así como a la re–lectura que tanto revela de mí mismo, de cómo he cambiado y de cómo veo el mundo ahora a través de un libro que volví a leer y que antes había entendido de otra manera.

¿Te lees en esta líneas…? Te leo en los comentarios…

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2 comentarios en “Leer, releer, acumular y soltar: el arte de amar los libros

  1. Avatar de Sandra Liliana Gaitán Peña Sandra Liliana Gaitán Peña

    Sabes mejor que nadie, que tanto amo los libros. Si me he cuestionado esa compulsión por comprar y tiene que ver con esa escasez o carencia en algún momento.

    Soy consciente que debo depurar, para remover las energías, del tema si son mejores los digitales, tambien tienen su problema igual estas consumiendo energía, que genera consumo de recursos naturales, es un debate de nunca acabar, pero definitivamente no puedo con los e-book, no logro terminarlos, mi mente lo asocia con trabajo y no con lo que deseo realmente que es abrir el universo de las infinitas posibilidades con lo nuevo que estoy leyendo y con lo que re leo.

    Un abrazo Paulo

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    1. Me dejas pensando con eso de la carencia… Hummm, puede haber alguna sombra por ahí metida que no veo con claridad y que puede ser muy real.
      De acuerdo con lo de los e-book, ahora las pantallas las vemos seguido y en todas partes, los libros en papel también son una forma de descanso si no hay forma de salir y ver otras cosas. Gracias Sandri por tu comentario y pasarte por aquí

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