Olor a libro

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El gozo es poderoso y también personal. Hay gente que goza comprando ropa, accesorios, perfumes, licores y esa clase de cosas. No obstante, también quedamos al margen los que gozamos comprando libros. Somos bastante escasos y raros.

Hace poco, en un curso que estaba haciendo, dos compañeras me cuestionaron con vehemencia porque dije en voz alta que me encantaba comprar libros y que no se los prestaba a nadie porque “los libros no perdonan ser compartidos con quien no lo merece”. Lo menos que me dijeron fue: “egoísta…”, que para qué compraba libros…, que para qué tener libros parqueados en la casa… y un largo etcétera…

book-snifferQue sepan que seguiré comprando libros en papel y parqueándolos en mi casa… cuando quiero compartir un libro no presto mi copia sino que le compro uno nuevo y se lo regalo a esa persona… claro está, con una nota en la portada, una dedicatoria, mi firma y la fecha; hago del “acto de regalar un libro” un ritual especial, íntimo y solemne.

Regalar un libro no es como regalar un par de calcetines o una camisa, no es algo que se hace por “salir del paso” y cumplir; regalar un libro es algo completamente intencional, complejo, deliberado, es igual a dar un mensaje directo y concreto a esa persona que se lo regalas.

A no ser que se trate del libro de moda que te sugirieron en la librería y que tú, por parecer que dabas algo interesante, lo compraste sin siquiera saber qué decía… Solo por precaución, recuerden que los de Dan Brown caen perfecto en esa descripción. En fin… Me parece sublime regalar libros (y que me los regalen).

Muchos libros son como un fetiche para mí. No solo se trata del tema que desarrollan, el enfoque del autor, la utilidad que tiene leerlos y consultarlos, sino de la experiencia de tenerlos en la mano, verlos y tocarlos. Lo más maravilloso es olerlos, sentir el papel en los dedos, pasar las páginas, ojearlos, ver dónde está todo, el orden que llevan, saltar de una página a otra más adelante, leer párrafos aleatoriamente, ver si tienen tablas, imágenes, diagramas o cosas por el estilo.

Me encanta tomar un libro y aspirar el olor de sus páginas. Sé toda la historia química del papel, la celulosa, las tintas, la oxidación, las gomas y todo ese cuento… no me importa por ahora, no me concentro en eso cuando olfateo un libro. Quizás sea como aspirar una droga… No lo sé, no hay nada que se le parezca. Cada libro tiene su olor, su identidad, así como su contenido.

Ahora las compras de libros por internet le añaden un ingrediente especial. Ya la olfateada no es en la librería, se ha vuelto más íntima y, por tanto, más apasionada y prolongable. Ahora recibo el paquete, me siento en calma, lo destapo, le quito el plástico que lo protege, me preparo… lo abro más o menos por la mitad y aspiro ese olor… ese bendito olor que no tiene parecido en el mundo. Todo esto que describo ocurre muy despacio… lentamente, es casi como un ritual.

Los libros son para aspirarse, los nuevos y los viejos. Los libros de anaquel, los de biblioteca pública, son una mezcla de olores. Los propios aromas de la oxidación de sus hojas, tintas y compuestos, insecticida, así como los aromas que dejan muchas personas que los usan y que los tocan con sus dedos… Hay gente que se perfuma y luego toma el libro con sus manos. Dejan su marca de olor en libro y este adquiere muchas huellas aromáticas.

Mi libro de Joseph Campbell, “Imagen del Mito”, es una edición de lujo, papel de alta calidad, policromía, es una verdadera obra del arte literario del mundo, casi una pieza de museo. Tiene su olor distintivo, es un aroma que destila autoridad. Muy parecido es “El Libro de los Símbolos” de Taschen.

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Particularmente me encanta el aroma de los libros de Editorial Kairós (este comentario e está lejos de ser publicidad…). Tengo muchos puntos de comparación… Los del Fondo de Cultura Económica son muy neutros, no sé cómo los produzcan, pero llegan a mis manos prácticamente sin olor. Confieso que una parte de mí (una muy infantil) cree que a estos libros del FCE les falta un poco de sustancia, de diversión. No obstante, tienen buenos títulos, me gustan.

Por otra parte, los libros piratas son insípidos en su aroma, no se distingue bien a qué huelen. Son un ahorro tonto, hace años compré un par y me arrepiento, la ilegalidad es lo de menos, los libros piratas son copias vulgares en muchos casos, se parecen a esos carros chinos que pretenden tener la forma de un BMW y no logran… simplemente son de mal gusto, no son lo mismo, carecen de identidad, son un irrespeto.

Hay unas ediciones económicas que venden en el centro de la ciudad. Son obras clásicas o de alta demanda. Muchos se fabrican en el mismo papel que se emplea para imprimir periódico. Es un olor amaderado, es especial. Oler libros puede llegar a parecerse a oler vinos.

Los ebooks y los archivos en PDF serán perfectos el día que de alguna manera puedan igualar esa marea sensorial que tienen los libros en papel. Estamos empecinados con la electrónica que nos desplaza de la experiencia completa y le quita el sabor a muchas cosas de la vida.

 

 

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2 comentarios en “Olor a libro

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