Lo que confesamos los lectores

Existimos seres a quienes nos gobiernan algunas obsesiones. Yo era de esos que me leía libros de principio a fin, no dejaba ni una página. Me sentía “sucio” si dejaba algo sin leer. Hasta las notas de pie de página, las notas de referencia al final de los capítulos o al final del libro y hasta los comentarios de la traducción los revisaba profusamente. Poco a poco y con los años me fui dando cuenta de cosas…

Entre esas que muchos autores no son del todo sistemáticos ni ordenados con sus ideas y que muchas veces repiten dos y tres veces lo mismo. También los hay quienes pretenden sonar profundos, inteligentes o técnicos perdiéndose en un galimatías incomprensible de palabras rebuscadas y sobre todo ideas rimbombantes que, una vez las descifras, te das cuenta de que no ameritaban semejante esfuerzo.

También hay muchos autores, especialmente los estadounidenses o los de literatura de negocios, cuyos libros se basan en unas pocas ideas fundamentales y el resto del texto es una cantidad de ejemplos, consejos y casuística. En las american ways of reasoning es común que “el punto” se sustente con ejemplos y ejemplos empalagosos. En el estilo de pensamiento europeo son más propensos a la disertación teórica. Si tienes esto claro, te das cuenta de que en muchos casos no hay que desgastarse tanto sino saber dónde y cómo pescar.

Es así, como después del primer ejemplo ya entendiste la idea… si viene el segundo y tercer ejemplo, a menos que sean atrayentes, te los puedes saltar y seguir adelante, no hay ningún problema. Otra cosa que aprendí en la clase de writing, cuando fui a estudiar inglés en Estados Unidos en 2002, es que comúnmente en la literatura inglesa la primera frase o idea completa de un párrafo debe recoger el mensaje central de lo que sigue y que el resto del texto es ejemplo y argumentación, así que se pueden dar saltitos de párrafo en párrafo leyendo las dos o tres primeras líneas para saber de qué va el asunto. ¿Ya te hiciste una idea? Sigue adelante ¿Hay algo que amerita detenerse? Pues me detengo… así de simple.

También me encuentro los libros de psicología que hablan de unicornios azules pasando por el cultivo de fresas y el desarrollo de plantas de tratamiento de aguas residuales, cuando el tema central era la crianza positiva de conejos. Son un completo arcoíris de ideas revueltas sin ilación y sin propósito. Nos corresponde como lectores poner límites a los enredos mentales que nos queremos dejar meter en la cabeza por parte de algunos autores. Si es del caso, también dejar de lado esa basura. Es como reggaetón por escrito.

Le tengo especial temor a todo lo que en la portada diga “Best seller”; por lo menos en la literatura tengo la creencia arraigada de que algo que consuma y lea mucha gente es posible que sea: de moda, trivial, insultantemente fácil, culturalmente vacío o una explosiva combinación de todo lo anterior (Dan Brown de nuevo viene a mi cabeza…).

Andrea Taylor, Technical Services Division Manager with the Fullerton Public Library, stocks books into the library’s new book vending machine located at the SOCO West Parking Structure near the Fullerton Train Station Tuesday. It is believed to be the first of its kind in the county. The machine will have the capacity to dispense 500-books.

Sí, si lees esto y piensas que soy un prejuicioso tienes razón. Sé que son puros prejuicios míos, pero leer es trabajoso y difícil, exige concentración, tiempo, reflexión; una buena lectura te toca la cabeza, la voluntad y el corazón. Una buena lectura no te deja igual. Leer va totalmente en contra de la inmediatez del mundo de hoy. Lo pondré en una metáfora:

Leer es como hacer la ceremonia del té. Te tomas tu tiempo, preparas todo, sigues un ritual, tienes un momento con esa tasa de té, la tetera con agua caliente, la infusión, la mesita, los utensilios, los olores, todo eso. No se puede hacer con prisa. Por otra parte, los vídeos, podcast y todo lo demás es como sacar un té en una máquina expendedora (vending machine): metes las monedas, digitas el pedido y en un par de segundos cae. Lo recoges, te lo tomas y listo. No es que esté mal ni que sea mejor o peor una cosa o la otra. El problema es cuando nos quieren hacer creer que [la única] versión que vale es la de la máquina. Los puristas seguimos vivos.

Todavía no he visto nada más retador que armarte en la cabeza la imagen de la idea que intentan transmitirte las palabras. Leer es un trabajo racional e intuitivo a la vez, por eso exige tanto, pone a trabajar tu cerebro en pleno. Aunque las palabras digan una cosa, también hay que ser hábiles para comprender de fondo en qué contexto lo dicen, qué intención llevan y cuáles pueden ser sus posibles desviaciones o puntos ciegos.

Conozco mucha gente (en serio es mucha…) a la que escucho decir: “Para qué me leo el libro, mejor me veo la película o espero a que la saquen…”. Un filme siempre será la interpretación de lo que entendió quien hizo la adaptación, pero no será igual a la tuya. Por eso son tan comunes las disparidades entre lo escrito y lo filmado, ya sea para bien o para mal, existe de todo. Un buen ejemplo (experimento) de esto es “El Perfume” de Patrick Süskind; la mejor narrativa de olores que he conocido hasta ahora, todo un manjar para un kinestésico rinítico [como yo].

No me extrañaría que pronto salga el software de inteligencia artificial que a medida que te lee el libro te va recreando la historia gráficamente en una pantalla; con lo perezosa que se está convirtiendo la humanidad, pronto entregaremos nuestra civilización a las máquinas y cederemos lo que precisamente nos hace humanos: la capacidad de imaginar. Leer es el combustible y, en muchos casos, hasta la dinamita para imaginar muchos mundos; así ha sido y no veo razones para que deje de serlo.

Espero leer esto de nuevo en unos años… me pregunto ¿Qué habrá pasado?

 

 

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😀

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