El zapato es el contexto

Ojalá se nos educara y entrenara más para escribir. Cuando escribes te obligas a tener que organizar mejor tus ideas, porque las palabras escritas son implacables, te dejan en evidencia. Cuando estás “hablando y diciendo” (oralmente) quien te escucha tiene cierta propensión a tolerar la improvisación y el error momentáneo, pero quien lee es alguien que tiene en su cabeza el paradigma del texto estático y, en consecuencia, espera que haya cierta estructura, preparación y organización de tu parte. Por eso, entre muchas otras razones, caemos fácil en la trampa de creer que lo escrito, por estar escrito, es “verdadero”.

Ya muy poca gente lee, es más agradable para la mayoría la hipnosis autoinducida de los “reels” y de los más variopintos vídeos que aparecen en redes. Sin duda allá habrá que llegar, parece una realidad inescapable… para expresarnos tal vez habrá que hacer vídeos.

Escucho con frecuencia elogios y comentarios positivos de gente que dice que me admira porque escribo y por la forma como lo hago. En el fondo no importan esos comentarios porque escribir es fácil, extremadamente fácil. Lo que es complejo es tener de qué escribir y disponer de las herramientas necesarias para ordenar las ideas y ponerlas en un escrito más o menos coherente. Ni hablar de cuestiones estilísticas, de ortografía y otros elementos de forma y presentación; no importan tanto por ahora, aunque es innegable la sustancia que agregan: es más o menos el mismo caldo con o sin sal, con o sin especias… la experiencia del sabor cambia, aunque te estés comiendo lo mismo.

Escribir es sanador porque nos obliga a ser sinceros con nosotros. Podríamos saltarnos cosas y dejar de decirlas… como si esto fuera una especie de autocensura, pero cuando organizamos un texto no tenemos escapatoria porque la estructura, la pausa, la narración y la expresión nos obligan a que todo salga o a que por lo menos se manifieste.

Escribir te obliga a pensar y estamos educados para todo lo contrario… nos da pereza pensar, nos habituamos a las respuestas fáciles, armadas, influenciadas, memorizadas, repetidas… y lo repetido se convierte en creencia, y la creencia sostenida en verdad y la verdad enraizada es nuestra realidad… o lo que es lo mismo, todo aquello que consideramos “obvio” e incuestionable

¡Ten mucho cuidado cada que digas que algo es “obvio”! Mírate cuando andes diciendo con aire de suficiencia: ¡Pues eso es OOOBVIOOO! Y si lo haces, detente y revisa por qué es obvio y para quién lo es: ¿es obvio solo para ti? Y si es así, entonces es solo tu realidad, porque ni siquiera es verdad… si esto no es evidente para otro, posiblemente sea un hecho falsable, un hecho con múltiples realidades, es algo que hay que explicar y luego entender para que sea aceptado como verdad.

Escribe, escribe mucho, escribe lo que sientes, lo que piensas, lo que te pasa. Si es en secreto, está bien, si lo quieres publicar, también sirve, no importa. La clave es el propósito. Cuando lo escribes lo organizas, lo complementas, lo expresas y lo detallas. Cuando relees lo que escribes, naturalmente te obligas a tomar distancia, le pones sonido, te cuestionas y te das cuenta de que eso es o no lo que genuinamente quieres decir, lo que realmente te ocurre, tu pedazo de la verdad.

Después de que escribas, lee lo que escriben otros, léete a ti, confróntate. Esto es sanación, es una forma de terapia. Por eso la lectura y lo escrito se relega… porque es incómodo: ¿quién quiere caminar con unos zapatos llenos de piedritas? El zapato es el contexto… espero lo entiendas.

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4 comentarios en “El zapato es el contexto

  1. Yo sé como es que me entero de lo que escribes. Aún cuando me encanta leerte, no es lo mismo escucharte hablar y charlar contigo. Te recuerdo siempre como un alma grande, como decimos en México, «buena onda», con la mejor energía.
    Espero pronto poder compartir alimentos con Ustedes, esta vez el que invita soy yo.
    Saludes, muchas.
    Sergio

  2. No sé por qué me llegan notificaciones al correo de tus nuevos posts, pero me causan curiosidad y entro a leerlos. No siempre, pero cuando puedo, lo hago.
    Solía escribir hace mucho tiempo, desde chica me gustó. Escribía canciones, poemas, lo que me pasaba durante el día, de a poco dejé de hacerlo y ahora, cuando quiero sentarme y escribir no me sale nada. Siento que no tengo nada para decir y eso me asusta. Siento que cada vez estoy más «para adentro», a veces no escucho ni mi propios pensamientos. Gracias por hacerme pensar un rato con tus escritos Paulo.

    • Tranquila, no eres la única a la que le pasa eso, creo que es parte de los tiempos en los que estamos también… VUCA (Volatilidad, Incertidumbre, Caos y Ambigüedad…). Es difícil jugarle a todo este enredo junto. Quizás un camino [para ti] podría ser precisamente escribir en detalle lo que acabas de comentar… escribir sobre la confusión misma, sobre el sentimiento, sobre la duda, sobre «la hoja en blanco» de la vida, sobre no saber para dónde vamos, el supuesto valor de lo que hacemos… Leyendo tu comentario creo que, al contrario, tema es lo que te sobra ¿Te le mides al desafío de ponerlo en palabras?

      Gracias por pasarte por acá y también, si tienes sugerencias, son bienvenidas…

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