Esto no se resuelve con unos días de vacaciones

Lo que nos está pasando no se resuelve con unos días de vacaciones ni con echarnos el cuento de un descanso. Tampoco tiene nada que ver con lo extraño de este año que poco a poco “empieza a pasar de moda” mientras pretendemos volver a la normalidad. Lo que nos pasa es más de adentro y cada vez nos queda menos tiempo para hacer algo y cambiarlo. Te pasa a ti, me pasa a mí y a mucha gente.

Hace unos días hablaba de la prueba de la lotería. Creo que fui “muy racional” en ese caso porque la emoción de fondo era lo confrontador que resulta el hecho de saber que no estamos haciendo lo que de verdad nos nace hacer sino “lo que nos toca”. Somos unos simples sobrevivientes dejando que pase el tiempo y aguardando la muerte… Lo que nos nace siempre es un sueño, una aspiración y hacerlo realidad suele traer unos elevados costos implícitos que pocas veces estamos dispuestos o interesados en asumir. No sé si seamos muy cómodos, miedosos o resignados, pero es lo que veo que nos pasa.

Queremos salir corriendo hacia otro lugar, pero no tenemos aire para hacerlo, porque cualquier movimiento en esa otra dirección parece una locura y más en estos tiempos de “crisis”, incertidumbre y escasez. Nos damos por bien servidos dada la vida que tenemos… y no es que eso esté mal cariño mío, sino que corremos el riesgo de seguir resignados y quietos en ese lugar.

Cuando te hablaba de “la prueba de la lotería” me refería al asuntito de siempre: ¿Qué es lo primero que harías? Pues renunciar al trabajo que tengo ahora… casi todos decimos lo mismo ¿No se te hace muy triste eso?

Por eso te digo que el problema no se resuelve con unos días de vacaciones y hacer el show de siempre de pretender escapar de la vida que vivimos para luego tener que volver y estrellarnos con la inevitable realidad… pasamos otro tiempo mientras llega el próximo periodo de descanso con las intermitencias del fin de semana. Lo que tenemos que hacer creo que se resuelve de la siguiente manera:

Quitarnos el lastre del endeudamiento

Lo primero es reducir o eliminar las deudas llevándolas a límites irrisorios. Hay quienes dicen que hay deuda buena y deuda mala. Difiero de eso: deuda es deuda, es hipotecar el futuro y la holgura financiera a mediano y largo plazo. Endeudarse no necesariamente está mal, porque te permite disfrutar de cosas ahora con el dinero de otros; el problema es que llevado al extremo se puede convertir en una seria barrera para nuestros planes.

El endeudamiento nos da una falsa sensación de posesión: tenemos cosas, pero al mismo tiempo no son nuestras, tenemos una obligación con otro y sabemos bien que eso es una “fuga energética” que no nos deja avanzar con la velocidad y tranquilidad que quisiéramos.

Simplificar

Debemos hacer un presupuesto riguroso y cumplirlo. Recuerda lo que te he explicado de los compartimentos: obligaciones de deuda, gastos ordinarios, ahorro (corto y largo plazo), educación y lo que sobre para reventarnos… cada quien lo organiza como mejor pueda y más le convenga, pero ya sea mucho o poco lo que se destine, hay que ser claro con la administración del presupuesto. Si te prestas dinero te lo pagas. Si algo está en una cuenta, es específicamente para eso. Evita sabotearte o decirte que no puedes. Sí puedes, solo es cuestión de orden y disciplina con ese presupuesto.

La simplificación tiene que ver sobre todo con la calidad de los gastos que efectúas. Hay que gastar con sentido, en lo apropiado y útil. Simplificar es eliminar todas las tonterías y sobrecostos que cargamos, sin que por eso la vida se nos vuelva una tacañería permanente o un sufrimiento… tampoco para tanto. El dinero ante todo es para disfrutárselo… bastante aburrido se nos ha hecho el tener que conseguirlo para venir ahora a decir que debe ser una cruz conservarlo.

Jamás digamos que no podemos

Ya hemos visto el tremendo poder que tienen las palabras. Así como lo piensas y lo crees, así lo dices y así sucede. Ojalá entendiéramos eso mejor. Por eso te insisto en que entendamos muy bien lo que queremos hacer, cómo sería hacerlo y todo lo que eso implica. Mejor dicho, tenemos que construir un guion de cómo se ve el sueño (llámalo mapa de sueños o como te plazca), pero al menos tener definido lo que queremos que pase.

los proyectos son los hijos legítimos de los sueños ordenados

Un error que veo que cometemos es que “soñamos a pedazos”, como por chispazos, por bombazos… no es un sueño estructurado, consistente y ordenado. Tenemos que poner en orden nuestros sueños… sin aferrarnos a la psico-rigidez de un plan, pero sí un sueño con rumbo, un sueño con “patas y manos”.

Sí, ya sé que eso contradice muchos mantras de libro de autoayuda cuando dicen que “sueñes sin límite”, pero creo que los proyectos son los hijos legítimos de los sueños ordenados. Creo que tú y yo somos muy dispersos para soñar y eso nos está matando, porque tampoco tenemos tan claro qué es lo que queremos materializar. Queremos una vida nueva, pero tampoco sabemos cómo se ve esa vida.

Sumado a eso, como tampoco tenemos un plan sistemático para saber cómo se hace realidad el sueño, tampoco movemos energía (atención) hacia él y no sabemos cómo y cuándo se puede precipitar. Igualmente, también le cerramos la puerta a las sincronicidades, las confluencias y los fenómenos que creemos que son casualidades accidentales y que vienen a catalizar el proceso de materialización que nos saca de la torpe y lenta creación tridimensional. Ojalá lo entendiéramos de una buena vez. Nos lo merecemos… tan sencillo como eso.

Entonces, en este punto, no digamos que no podemos porque ni siquiera sabemos de qué tenemos que ser capaces… así de simple y de contradictorio llega a ser el asunto. Cada que decimos que no podemos nos cerramos a la posibilidad de explorar “cómo poder”. Quizás no podamos ya, pero en un tiempo prudente, y con constancia, sí podamos.

Darle tiempo y energía

El trabajo nos drena a todos, nos quita la energía vital, la creatividad y las ganas de hacer cosas nuevas. No te hablo de combatir contra eso ni de rivalizar contra la realidad. Bien o mal nos sirve estar ahí donde estamos, pero la vida está esperando que hagamos lo que prometimos hacer, lo que aceptamos como misión.

Así que nada de aplazar más: ordenémonos y empecemos a formular la descripción del futuro y conforme lo tengamos más y más claro, empezaremos a verlo tan nítido que se convertirá en una realidad en la que empezaremos a vivir y pronto perderemos la noción de dónde estamos porque lo otra realidad en la que ya no queremos estar se irá diluyendo; ya no necesitaremos más días de vacaciones para escapar y luego forzarnos a volver porque viviremos una vida de la que no necesitaremos escapar ¡te lo aseguro!

 

 

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