Métodos sencillos y probados para caer mal y que nadie te aguante

Cada vez más se hace más vomitiva y asfixiante la vida colectiva, ese delirio que pretendemos vivir ahora, esa obsesión por la fama y la aceptación. A muchos nos provoca salir corriendo, quitarlos a todos del camino o inventar algo para que se callen, para que vuelva el silencio, para borrar este error y volver a empezar (“El infierno son los otros” JPS). Existen varios métodos probados para desquiciar a los demás sin desquiciarnos:

Sé creativo y original:

Estoy hasta el cogote del uso que se le da a la palabra ‘innovación’ y de los consultores y gurús que repiten con toda seguridad que “la creatividad no sirve de nada si no se convierte en innovación”. Babosadas, puras babosadas. ¿Cómo innovar si primero no se es creativo? Sí, la innovación solo es “creatividad rentable” en la nueva religión, [la religión del dinero], la creatividad solo vale si produce dinero (innovación), lo demás son fábulas, poesía, embelecos del alma.

Vivimos en una cultura que le tiene pavor a la creatividad. Tan solo ensaya a llegar con una idea nueva, con algo que se sale de la costumbre para que de inmediato aparezcan las voces sancionatorias, el malestar y los “no se puede”, “cómo se te ocurre”, “eso va a fracasar…”. La creatividad es subversiva, alarmante, pone en duda todo, disuelve la comodidad del sentido de identidad basado en la memoria y la costumbre.

Equivócate, cambia de rumbo y vuelve a empezar:

Y consecuente con la creatividad, está el cambio. Una vez nos vamos por una ruta es una especie de delito cambiar o darnos cuenta de que nos equivocamos. Nos aplauden más la cobardía de la resignación que la valentía de la “resignificación”. Tenemos que ser perfectos, infalibles. Nuestros errores son eso, errores. Pero para los demás son “profundas fallas esenciales”. Esto es lo que en psicología llamamos el “error fundamental de atribución”. No nos podemos equivocar. Si quieres encabronar a alguien, equivócate.

Empoderate (no seas una víctima):

Empoderarnos es ser responsables, es hacernos cargo de las causas y las consecuencias de nuestras vidas. No es nada más. Todo empieza y termina en nosotros mismos, no es culpa ni causa de nadie. Una cosa es el entorno y otra muy distinta es cómo hacemos frente a la situación; si fluimos, si aceptamos, si actuamos sobre los que nos corresponde, eso se llama empoderamiento.

Dí la verdad:

Aparte de equivocarte, di la verdad, di lo que piensas, actúa con coherencia, sé honesto, haz lo que te nazca y lo que te gusta… con eso bastará. Aumentará fácil la lista de encabronados que te odia.

No encajes, decepciona y salte de la expectativa:

Porque si somos y hacemos lo que es genuino para cada una, entonces de seguro no encajaremos, nos mirarán “rayado”, luciremos como “seres odiosos y antipáticos” porque no hacemos lo que convencionalmente esperan de nosotras a nadie le importa cómo seas, ni tu identidad ni nada de eso.

Como normalmente los demás nos tratan esperando algo en concreto de nosotros, entonces cuando les das lo contrario les causas una profunda decepción. Así tu adviertas de tu capacidad de decepcionar (Seguro que te has visto diciendo: “les advierto que yo… no… y no puedo…”) y les decepciones, igual te sancionarán. Nadie quiere sentirse decepcionado, pero tampoco hacen nada para evitar esperar; vivimos tratando a los demás con muchas expectativas. Es una completa locura.

Actúa con lucidez:

La estupidez está de moda. Mientras más insulsa y tonta sea la puesta en escena que hagamos, más probabilidades tendremos de encajar y triunfar. En la mayoría de los casos toca actuar así, porque el estándar de tontería colectiva no da para que se entienda nada por encima de él.

Practica el bajo perfil:

La lucidez deslumbra, por eso hay que manejar un perfil bajo, ponerse una máscara y salir actuar como los demás payasos del circo… así no te entiendan el show. Intenta manejar un perfil bajo y sigue brillando, así sea que te muevas gateando por el suelo… siempre habrá quién agache la mirada y te vea y te pregunte por qué no te pones de pie y te haces famoso. Seguro no dirás nada, porque sabes que el día que seas famosa lo serás porque cumples una expectativa que te ha llevado al máximo de la atención y no querrás cambiar ser quién eres por dedicarte a mantener una imagen de fama para darle gusto a todo el mundo. ¿Has notado lo refrescante que es la gente famosa que actúa como alguien corriente? Añoramos la fama, pero ensalzamos la vida normal de todo el mundo.

Pon límites:

Entonces conforme pase todo esto, poco a poco te decidirás a no estar con ellos, te irás aislando, se te va a ir haciendo pesada la vida en sociedad. Te alejarás, te aislarás, empezarás a encontrar un sentido extraño en el silencio y en la soledad y te verás poco a poco poniéndole límites a ese templo que crearás.

Despréndete del egocentrismo:

Sabes que le tenemos pánico a la soledad porque estamos contaminados, estamos inundados y vivimos bajo la creencia de que “juntos es siempre mejor”, pero nadie sabe cómo estar junto a nadie ni cómo estar a solas. No nos respetamos, queremos a toda hora imponernos y tener la razón y así confirmar la creencia de superioridad. De ahí se desprende que, creyendo que somos superiores, nos merecemos todo, que lo mejor viene y sale de nosotros y que por ese “don divino” los demás nos lo deben todo también: su pleitesía, su atención, su dinero y su interés. Pero cuando nos desprendemos de todo eso, nos hacemos conscientes de nuestro egocentrismo, nos ponemos de frente a nuestra locura y nos ponemos frente a una decisión.

Practica la generosidad y el desprendimiento:

Es una decisión extraña esa de dar y compartir. Es difícil dar en esta época donde el premio es para quien más consigue, más acumula y más tiene. Pero mucha gente se fastidia cuando decides dar: “¡Cómo se te ocurre, deberías cobrar por eso, si te enseñas a regalar no vas a conseguir nada!”. La gente más rica que conozco es exageradamente generosa porque no temen perder nada de lo que tienen. Poseen tanto y están tan convencidos de su capacidad de conseguir más, que no temen compartir con otros. El tacaño vive con mucho miedo, el abundante es confiado; no es un asunto de cifras en el balance, es una actitud frente al dar y recibir.

Ten una opinión diferente y reta las creencias:

Entonces ¿Cuál es tu opinión? ¿Cómo sería tu vida si fuera más creativa… de verdad creativa? ¿Estás en disposición a equivocarte? ¿Te harás cargo de tus eventuales errores? ¿Y qué tal si no fallas? ¿Qué tal si al final descubres que descubriste el camino que te correspondía? ¿Cuál es la verdad que se esconde en ese camino? ¿Cómo se siente dejar de encajar? ¿Cómo se siente dejar de parecer algo y ser algo en definitiva? ¿Quiénes son los decepcionados? ¿Qué te muestra su decepción? ¿Qué tiene que pasar contigo para que recuperes tu lucidez esencial, para que vuelvas a la normalidad?

 

🙂

 

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5 comentarios en “Métodos sencillos y probados para caer mal y que nadie te aguante

  1. “sé honesto, haz lo que te nazca y lo que te gusta…” esta corta oracion resume el metodo a seguir para caer mal y lo peor llenarte de enemigos gratuitos. Excelente el pormenorizado analisis del doctor Paulo Cesar.

  2. Comparto todas tus propuestas, pero, poco a poco, al ir desprendiéndose uno de toda la escoria, va quedándose solo, ¡y no se olvide que somos gregarios!, así que, de cualquier forma, el desquiciamiento siempre nos acecha

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