La pregunta “bombón”

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No sabemos preguntar. Preguntar puede ser muy complicado porque nos obliga a pensar, no solo para saber qué cuestionar sino para llegar a respuestas. Hoy entrenamos el arte y la ciencia de preguntar. Todos estaban sorprendidos al principio, abrumados, no entendían qué era lo que estábamos haciendo.

Un ejercicio de preguntas sin respuestas. Lo único que había que hacer era responder dando una calificación de 1 a 10 sobre la “supuesta calidad” de la pregunta. Ese era el truco, ese era el aparente “engaño”. No había una regla tácita ni nada que dijera que tal o cual era la receta para preguntar.

Lo primero que había que hacer era entender que la pregunta bombón es una pregunta abierta. No es una inútil pregunta de sí o no… esas preguntas son retóricas, te hacen gastar saliva, romper el silencio, son tontas en general. Una pregunta abierta puede ser compleja en muchos sentidos porque no son preguntas con una repuesta única y al formularlas hay que tener mucho cuidado de no sembrarlas con semillas de respuesta o con nuestro sesgo personal.

La pregunta abierta, cuando es “bombón”, mueve a la acción, nace de la intuición y llega a la intuición, no necesita de la mente sino para juntar las palabras, articular, modular y procesar luego la respuesta. Es una pregunta de futuro, así que no necesita el habitual cuestionario periodístico del hecho de ayer. Son preguntas de posibilidad, preguntas que mueven a la acción.

Está lejos de ser una pregunta sobre el fenómeno porque es una pregunta que se hace a la persona, a lo que siente, a lo que le ocurre, a lo que juzga de la situación, a la creencia subyacente, al miedo, al optimismo, al fracaso temido, a la inseguridad. Por eso al principio la calificación difícilmente pasa de 5, hasta que alguno cae en la cuenta de preguntar a la persona y empieza a pasar algo mágico… sale un 7 o un 8 y todos se ponen a pensar en que quizás están enfocando mal la situación.

¿Cómo hago una pregunta más alta…? Se pregunta el ego… y por algún artificio se llega a una pregunta de 9 o 10 y los demás ven que es posible… quien logra la pregunta saca una risita de triunfo como diciendo ¡Lo logré!

Poco a poco los demás van entendiendo que la pregunta es a la persona… sí, llevaba un buen rato tratando de hacerme entender en el sentido de que la pregunta sobre el fenómeno no importa tanto, lo que sirve es preguntar sobre la explicación, sobre la creencia, sobre el juicio… hasta que por arte de magia llegan al quid del asunto: hay que preguntarle a la persona. Entonces se abren a indagar por las sensaciones, las emociones, las esperanzas, los bloqueadores, los saboteadores y todo el zoológico de demonios que habitan dentro del cuarto de inseguridades personales.

¿Cómo te sientes cuando…? ¿Qué tendría que pasar contigo para que…? ¿Qué tal si ensayas esto…? ¿Y cómo sería si probaras…? ¿Cómo sería tu vida si dejas de…? No hay órdenes, ni pretensiones, ni obligaciones, solo el servicio de preguntar para que alguien más abra los ojos y despierte. Luego se requiere de mucha confianza en el silencio porque hay que darle al otro tiempo para que procese lo que acaba de escuchar.

La pregunta bombón es así porque mueve el alma. Es una pregunta deliciosa que te incomoda, te empalaga, que es agridulce, que te hace brillar lo ojos, que te obliga a pensar en un escenario que está más allá de las posibilidades que crees que tienes.

 

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