Cómo dejar de darnos látigo

 

Tomado de: https://www.flickr.com/photos/malena910/7210749718/
Tomado de: https://www.flickr.com/photos/malena910/7210749718/

Escucho con frecuencia gente que asume que “darse látigo” es parte de su manera de ser. Lo dicen como si estuvieran describiendo una característica normal. Aquí veremos cómo salir de ese círculo vicioso y autodestructivo.

Aprende a vivir en el aquí y el ahora

Podría resumir el punto central de esta entrada en esta afirmación: vivir en el aquí y en ahora, aprender a vivir un día a la vez. Solemos anclarnos en algo que ya pasó, en algo que hicimos. El pasado es algo sobre lo que no podemos hacer nada, fue un evento, no podemos volver allá y ocurrió porque teníamos que experimentar algo y aprenderlo, nada más. Si te descubres dándote látigo es porque tal vez te anclaste a un momento que ya no volverá ¿Para qué sigues ahí? La vida sigue, darte látigo te desconecta del momento presente.

Busca ayuda

Indudablemente la primera ayuda que encontramos es al interior de nosotros mismos, pero hay ocasiones en las que hay que ver los asuntos fuera de la caja. Si te das látigo y no sabes cómo salir de ese círculo vicioso, busca ayuda.  Puede ser de un profesional, de uncoach, de alguien sabio en quien confíes, es tu elección saber a quién recurres, pero el asunto es que te puede ser de inmensa utilidad “poner el tema afuera”, dejar que alguien te ayude a ver las cosas en perspectiva y empezar a darte cuenta del porqué y cómo te estás dando látigo. A veces lo hacemos tan inconsciente y se convierte en una “costumbre” tan arraigada que simplemente no vemos que lo hacemos.

¡Crece! (Ya no eres un niño, despierta a tu realidad adulta)

El látigo lo empezamos a recibir desde pequeños. Ya hemos hablado de esto en las otras entradas. El punto aquí es que nuestra auto–flagelación parte de ideas infantiles que seguimos abrazando, hábitos que conservamos desde pequeños y que con el tiempo se convierten en aspectos con los que nos identificamos y nos seguimos “definiendo” a sí mismos como “buenos” o “malos”. Nos queremos a nosotros mismos o nos dejamos de querer dependiendo de lo que hacemos ¿Eso no te suena parecido al cuento de: “si no te tomas la sopa ya no te quiero”?  Te lo creíste completo y lo sigues replicando… A tu manera.

Aprende a perdonarte

Desde pequeños aprendemos el patrón de que: “si haces algo malo yo te dejo de hablar”, entonces rompías algo y tus padres, luego de castigarte, seguían “serios” y en “silencio” contigo…  ¡Crece! Porque ahora ya no hay padres que se queden en silencio contigo, sino que tú mismo cometes el error y te castigas por cuenta propia, te niegas cosas, te otorgas silencios, no reflexionas y te quedas en el interminable diálogo interior de: ¿Por qué hice lo que hice? Y el monólogo sigue y sigue por días, meses y hasta años.

Perdonar es la capacidad de soltar el pasado, aceptar lo que pasó y continuar la vida. Si tuviste experiencias “amargas” en las que no te perdonaron, pues ya creciste y tienes el poder de aprender a perdonar, el poder de saber soltar y no agarrarte de la experiencia.

Aprende a decir no sin culpa [y sí sin miedo]

También lo he mencionado con detalle en otra reflexión: podemos decir no sin culpa y sí sin miedo. Aprender a “decir que no” es en cierta forma una manera de prevenir el “futuro látigo” ¿Te has visto en esa situación “después de” en la que te dices: ¡Hmmm, no debí haberle dicho que sí!? El arrepentiemiento es un estupendo caldo de cultivo para el látigo. Si tu intuición te dice que te podrías arrepentir por decir que sí o por decir que no, detente, reflexiona y decide, pero en todo caso, no dejes tu decisión ceda  a la presión de alguien más.

Date premios y regalos

Vivimos en medio de una tremenda contradicción cultural: por un lado está el discurso de la “éxitomanía” que socialmente nos premia por conseguir más que los demás, competir, ganar, escalar, llegar a la “cúspide” (o lo que sea que se trate eso…) y en resumen, ser un éxito individual a todo tren, pero por otra parte nos dicen que es “bueno” pensar en los demás antes que en nosotros mismos y que lo contrario puede ser sospechoso, que puede que no sea muy bien visto tratarnos bien y consentirnos, salvo el día del cumpleaños. En fin, es como un mensaje al estilo: ¡Sé egocéntrico, pero no mucho!

La reflexión aquí es: piensa en ti, busca estar bien tú porque tu bienestar es lo que finalmente le darás a los demás. Ninguno de nosotros da de lo que no tiene. Si te das látigo, látigo le darás a los demás; tu propia infelicidad o tu miseria será lo que le transmitas a quienes te rodean. Piensa en esto: tratamos a los otros [y a lo que nos rodea] como nos tratamos a sí mismos.

Consiéntete, date premios, regalos, date felicidad, bienestar, autocuidado y auto–perdón;  si eso es lo que sale de tu interior, es lo que finalmente le darás a los demás genuinamente.

 

*

Anuncios

Tus comentarios le dan vida al sitio:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s