¿Para qué un poquito de jugo?: El mito de la “media naranja”

 

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El mito de la media naranja

Hablando de frutas a medias, conversemos sobre el mito de encontrar la media naranja… Es como si se tratara de alguna receta para la elaboración de jugos exóticos o de una forma amable de decirnos a cada uno de nosotros que es un ser “defectuoso y desgraciado” que fue creado incompleto, como una clase de desperfecto de la creación que encima de todo habla y camina… Sintiéndonos incompletos salimos a ofrecernos para que nos compren como mitad, porque la otra mitad la andamos buscando para que nos complete y nos de valor. Cuando la encontramos nos agarrarnos de ella y jamás la volvemos a soltar… puro “apego cítrico”… digo yo.

Érase una vez: Un agrio cuento de hadas

media-naranja-conformeÉrase una vez una familia común y corriente en la que a todos nos educaron con ese amor condicionado: “come para que seas un buena niña”, “si no haces la tarea no te quiero”, “si no tienes buenas nota no irás de vacaciones”, “si no haces esto o aquello entonces no pasa lo otro y no te voy a querer igual…”, y así sucesivamente. Crecimos creyéndonos el cuento (porque eso es lo que es, sólo un cuento) de que el afecto es una transacción condicionada: “Si hago esto, entonces debe pasar lo otro y debería recibir aquello…”.

Adicional a esto, como no nos enseñaron a estar solos y crecimos viendo que eso es una tragedia porque somos “seres incompletos”, entonces ¿Cómo saber estar con alguien más si ni siquiera sabemos cómo estar con nosotros mismos? Y para completar el enredo, recordemos que socialmente está bien visto “tener pareja”… sí, y funciona tal cual como tener un “trabajo decente y bien pago”, un buen automóvil, una buena casa, una buena ropa y todos los “buenos bienes” que están en venta por estos días… incluso tal y como tener mascota.

“Tener” pareja se convierte en un aspiracional dentro del catálogo de bienes de consumo que cortés e incisivamente nos invitan comprar. Esta carencia forma parte de la tragedia contemporánea ¿Te has visto la película “El Diario de Bridget Jones”? Saca tus propias conclusiones frente a la caricatura de semejante drama…

Ay… ¡Dije mascota! Conozco medias naranjas que se vuelven mascotas… y pueden llegar a ser tan fieles como cualquier perro, pero con el quíntuple de los conflictos que implicaría simplemente tener un cachorro. Habiendo tantos perritos abandonados por el mundo que buscan un hogar… no, preferimos una agria media naranja.

media-naranja-padresLa otra parte dura del cuento de hadas es que crecemos alimentando la narración.  Ese demonio interior crece y crece engordado por el “ensueño de salvación” que representa la llegada de la media naranja. Entonces muy hermosamente adornamos esa imagen del hombre perfecto y la mujer perfecta… que sabes qué, se parecen mucho a tus padres… pero por ahora no te quiero cansar con una disertación psicológica sobre la identificación con las figuras paternas… sólo piénsalo y verás. Buscamos lo que conocemos, lo que inconscientemente somos capaces de concebir o rechazar, ya sea igual o completamente contrario.

Esa narración no sólo pasa por el “pro-hombre” o la “pro-mujer”, sino también por la ilusión de la “super-relación”. Entonces nos imaginamos un cuento de hadas que nunca terminará, donde me diluyo en el jugo de naranja del otro y el otro a su vez se diluye en el mío. Luego resulta que ambos teníamos un ‘ph’ (grado de acidez) distinto y ese jugo se fermenta, empieza a saber a mierda y después ya nadie quiere beber de ese dulce néctar que eran las cosas al principio y que ahora se convirtieron en una insípida y nauseabunda mescolanza que nadie quiere. ¿Ves el problema?

Estos son los casos con jugo diluido, pero también están los casos donde misteriosamente obligamos a nuestra media naranja a que adopte nuestro jugo como el correcto y viceversa. Pasa una cosa parecida a la anterior, sólo que más demorada y con un resultado final: la media naranja que se daña se vuelve indistinguible y la media naranja que queda sigue tan sola como al principio. Esto es pura cuestión de química. Por eso tengamos mucho cuidado cuando decimos que tenemos química con alguien ¿Cuál química? Las reacciones pueden ser muchas y muy inciertas.

El problema de las naranjas en pedazos

naranja-incompleta-vidaLas naranjas cuando se cortan hay que consumirlas rápido… y cuando nos consumimos algo rápido no le sacamos suficiente gusto.  La otra cosa es que una naranja cuando se corta se daña más rápido y se pone más amarga.  Puede que la metas a la nevera (refrigerador) y ésta dure un poco más. Recuerda que refrigeramos aquello que no podemos o no queremos atender ahora para que siga ahí mientras decidimos cuándo prestarle atención.

Sin embargo, ten presente que la nevera extrae la humedad y produce un frío artificial que quema los alimentos, además de que el sabor se altera un poco. Así que no se te haga extraño que si enfrías tu media naranja ésta se altere y se te haga irreconocible frente a la versión que recuerdas que habías metido en principio.  Inclusive, si eres lo suficientemente tonto o tonta, caerás en la ilusión de tratar a tu media naranja como si estuviera fresca, cuando en realidad ha cambiado gracias al frío y otras condiciones. ¡Ah! Y todo esto sin mencionar que hay otros alimentos refrigerándose y que tu media naranja puede impregnarse de olores extraños y sabores diferentes. Es casi seguro que la media naranja que salga no vuelva a ser la misma de siempre.

Si tú te ves como una media naranja, estás en camino al mismo proceso de degeneración. No creas que esto sólo le pasa a los demás pedazos de naranja. Tú también te estás degradando y te estás volviendo amargo en la medida que te sientas como un pedazo incompleto.

Tu ‘yo’ completico ¿Quién quiere sobras y pedazos?

media_naranja-encuentroEl problema aquí puede ser más simple de lo que parece. Es una cuestión de re-educación, de re-enfoque y de redención.  ¿Qué tendría que pasar para que te vieras como una naranja completa? ¿Por qué te entregas al mundo en pedazos? ¿Por qué conformarse con trozos o hasta despojos de otras naranjas?  Es un hecho que las naranjas completas duran mucho más tiempo. También es un hecho que todo en la naturaleza es “impermanente” (tiene un periodo de vida limitado y debe cumplir un ciclo de existencia determinado), pero por qué no hacer de ese tiempo algo de valor.

Las naranjas enteras pueden rodar. Las naranjas partidas en pedazos se quedan en un solo punto, estáticas. ¿No será más delicioso decidirse a rodar al lado de otra naranja? Incluso más ¿Rodar juntos para el mismo lado? Sí, y lo mejor de todo, sin dejar de ser cada uno la naranja completa que ya es.

¿Has experimentado la dicha de presenciar la naranja completa que amas? Presenciarla con  sus pequitas, sus puntos maduros y sus puntos verdes, sus imperfecciones, sus olores deliciosos y sus olores extraños. ¿Has podido presenciar sus imperfecciones? Sí, aquellas que sólo tú conoces porque sólo tú has tenido la oportunidad de presenciarlas en silencio y sólo tú has podido entender que esas imperfecciones forman parte de la perfección misma de esa naranja que te acompaña en tu rodar por la vida.

¿Has podido presenciar la perfección de la naranja que te acompaña? Sí, presenciar esos momentos de inspiración que tiene, cómo resuelve sus problemas, cómo se arremanga para hacerle frente a la vida, cómo te apoya en tu rodar, cómo se preocupa por el árbol de donde viene y por las flores y demás naranjas que le nacen a ese árbol. ¿Sabes qué es todo lo que ha tenido que rodar esa naranja? ¿Sabes cómo llegó hasta aquí? Si está magullada, con peladuras y hasta pequeños cortes es porque se esforzó por caer del árbol porque quería rodar. Todo eso hace parte de su historia; incluso tú como naranja también formas parte de sus decisiones.

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Si eres capaz de presenciar esto en “tu naranja”, en la naranja que te acompaña y que decidió rodar contigo, entonces verás que estás siendo una naranja completa porque seguramente la otra naranja espera que tú ruedes al lado de ella. Esa naranja está feliz de rodar y de que la dejes estar completa para que pueda seguir rodando. Si eres capaz de presenciar y respetar la singularidad de la existencia de esa naranja, aunque a veces no entiendas por qué rueda como lo hace, por qué da botes, por qué se desvía y por qué vuelve a ti, entonces estás en el camino claro de aceptar la importancia de dejar las naranjas completas.

Y puede que la otra naranja o incluso tú en algún momento decidan rodar por caminos diferentes, pero mientras rodemos en el aquí y el ahora hagamos que sea una fiesta girar en la misma rodada.

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