Dar y la paradoja del desprendimiento

dar_desprendimientoLa navidad es la época destinada al “dar”. Regalar pareciera convertirse en una inquietud medio maniaca, obsesiva e incluso culposa. Si no “regalamos” tendemos a quedar como deudores morosos ante la vida. ¿Quién dará algo de “verdad” en esta navidad? ¿Sabremos algo de fondo sobre el dar? ¿Daremos genuinamente sin hacer un “cálculo”? ¿Le estaremos dando más valor al regalo que a su destinatario?

Ordenando libros me encontré esto:

Cuando me desprendo de lo que soy, llego a ser lo que podría ser.

Cuando me desprendo de lo que tengo, recibo lo que necesito.

Sometiéndome, permanezco.

El vacío está lleno.

Cuando me entrego, soy más.

Cuando me siento más destruido, crezco.

Cuando nada deseo, todo viene a mí.

¿Has luchado alguna vez por obtener trabajo o amor y por último, rendido, descubriste que el trabajo y el amor estaban junto a ti?

¿Quieres ser libre e independiente? Confórmate a la ley de Dios; de todas maneras, así ocurrirá.

Cuando renuncio a impresionar al grupo, me hago verdaderamente impresionante. Pero cuando sólo intento parecer bien, el grupo lo sabe y me rechaza.

Los mejores trabajos los hago cuando olvido mi propio punto de vista; mientras menos parezco, más soy.

Cuando acepto los deseos del que trabaja, se terminan sus resistencias.

(Tomado de: “El Tao de los líderes” de John Heider, p. 43)

Ahora mismo hago un repaso de cuántas personas me han preguntado qué quiero de regalo en esta navidad. Si se trata de mi familia, a quienes casi ni veo por los 450 km que nos separan y al poco tiempo disponible para compartir, basta con poder viajar a verlos, estar juntos y compartir tiempo de calidad.  Si se trata de mis amigos, es más o menos lo mismo: poder seguir estando cerca sin que tengan que darme nada, salvo lo que ya saben darme: su afecto, su apoyo, su lealtad y su compañía.

Mi lista de regalos para este año ha variado poco, pero ha evolucionado mucho. Cada vez quiero menos cosas y más experiencias. Cada vez espero menos y recibo más. Cada vez me pre-ocupo menos y me ocupo más. Cada vez juzgo menos y entiendo más. Si pudiera pedir más regalos, sólo pediría dos: ser más libre y vivir con menos miedo. Lo bueno de este par de regalos es que nadie me los puede dar, solo yo mismo.

La libertad del desprendimiento es un precioso regalo. ¿De cuántas cosas estamos agarrados? Mientras menos tenemos, menos necesitamos. ¿Qué tendría que soltar en este momento para ser libre de verdad? Puedo tener mucho sin sentir que nada me posee; eso me hace libre. ¿Para qué tengo lo que tengo? Esto empieza a poner respuestas incómodas sobre la mesa… ¿Y qué tal si dejara de tenerlo? Si pasase algo, es porque las cosas me tienen a mí.

¿Qué te posee en este momento?

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