
No todo cambio trae una mejora…
En las relaciones, la política y el trabajo es donde comúnmente anhelamos cambios, de resto es fácil “sostenernos” porque terminamos acomodándonos… Es raro que nos sintamos contentos y a gusto con la vivencia de aquello que en algún momento elegimos y que en principio nos parecía “tan bueno”. Nos acostumbramos a todo, a las personas, las situaciones y las cosas.
Por ejemplo: «Ella era un ángel, suave, simpática, ordenada y hacía todo bien». Seguro que, en el fondo, muy en el fondo, tu mente te decía: “esta sí le agradará a mamá… no como “#@!$&” que era una completa ‘babosa’”. Tiempo después, lo único que quieres es salir corriendo. Amiga, tú también, seguro que a tus “amix” les dijiste que “este nuevo intento parecía el definitivo, que con este ¡Por fin sí era… que había llegado el amor de tu vida, el compañero hasta tu vejez y quizás el padre de tus hijos!”.
Esto del “cambio”, esta creencia de que “escoba nueva barre bien” es tan común en nuestros países, donde solemos esperar que “sea otro” el que haga las cosas. Esto funciona para la política o los empleos. Nos estamos hundiendo en el “lodo de los gobiernos de la izquierda” que no es más que la polaridad opuesta de la “derecha” y que está resultando ser tanto o más enfermiza que sus “contradictores políticos”; pero todos estos ingenuos votaron por ellos y la ingenuidad es muy fácil masificarla y excusarla.
Caemos fácil en la ilusión de creer que, porque algo es nuevo o representa un “cambio aparente”, traerá una “mejora” y que mágicamente todo será más “feliz” de ahora en adelante. Definitivamente no es así: No todo cambio trae una mejora. No me creas, ponme a prueba, ponte a prueba; toma mi argumento y vuélvelo trizas, contrástalo con muchos contra ejemplos… pero te sostendré que cambiar no necesariamente es mejorar.
De fondo, el problema es que no aprendemos, no extraemos lecciones derivadas de la experiencia que nos lleven a comportarnos distinto, porque nos acostumbramos a los mismos patrones del mundo conocido que nos da “seguridad”, porque nos da pereza reflexionar sobre lo que hacemos, analizar lo que vivimos y confrontarnos a nosotros mismos. Somos, en general, muy cómodos y perezosos. Tus parejas siguen un patrón, la gente que escoges como amiga, los políticos por los que votas y hasta los empleos y compañeros de trabajo.
¿Cómo salirnos de ahí, cómo romper la “transparencia”? Preguntándonos ¿Cómo sería esto si fuera mejor de lo que ya es? ¿Qué me correspondería hacer o abandonar? ¿Cuál es el patrón que repito que hace que mi realidad se estanque y no mejore?
También ten presente que preguntarnos por la “[supuesta] mejora” también contiene una trampa: nuestra visión de la mejora no va más allá de lo que sabemos y podemos concebir… así que si no tienes idea de “cómo podrían ser mejores las cosas”, será muy complicado que siquiera concibas una mejora.
Si tu vida siempre ha estado marcada por el conflicto, la agresividad y el abuso… si ese es el único mundo que conoces, si no has probado otras cosas, será complejo que siquiera imagines la tranquilidad, la paz, el respeto y el apoyo de otro ser que te acompañe. No digo que esto sea imposible, sino que, aunque poseamos imaginación, esta capacidad llega tan lejos como seamos capaces de hacerla llegar dentro de los límites de nuestras propias barreras.
Vivimos más “fácil” dentro de lo conocido, por eso es que hay que incomodarnos con lo desconocido y ampliar nuestros límites. Este no es un “cliché” millenial, sino una invitación a confrontar conscientemente tu propia realidad a través de la experimentación de la realidad de otros. A esto también, a ratos, se le llama “empatía”, que de paso es un buen antídoto para desintoxicarse de juicios, creencias y del drama personal.
Si no sabes cuál es el cambio que quieres, busca experiencias, personas y situaciones que se parezcan a eso que quieras encontrar… ¡Y experiméntalas! Quien quita que en el camino te enamores de ese cambio y de la mejora que puedes asumir… porque si te vas dando cuenta, la mejora empieza en ti, no en la chica o el chico, el político, el empleo, la casa, el auto, el smartphone o la moda de turno… algo de esto puede ayudarte, pero no es definitivo y mucho menos sostenible.
En conclusión, recuerda que:
“No todo cambio implica una mejora, pero toda mejora sí trae un cambio”
También te puede interesar:
Por qué nos resistimos al cambio
Cambia y si no hay cambios cámbialo todo y cambia
👻
Pingback: El principio de la “Cerca de Chesterton” – Mantenlo Simple – Consciencia, sencillez y autoconocimiento
Pingback: Una cualidad que nos salvará a todos – Mantenlo Simple – Consciencia, sencillez y minimalismo
Brutal y sí! Pensamos que un cambio implica forzosamente una mejora, cuando a veces pasamos de Guatemala a Guatepeor o sencillamente a lo que es diametralmente opuesto. Esot es, los mismos perros con diferentes collares.
Es verdad que la imaginación no va más allá de lo que conocemos pero sobre todo es que lo que conocemos nos produce un enganche interior con el que sentimos esa familiaridad que nos reconforta y en la que nadamos como pez en el agua. Es difícil trascender eso porque para ello se requiere un trabajo interior costoso a varios niveles. Estamos programados para hacer «copiar pegar» o «ctrl+c; ctrl + v».
A pesar de saberlo, a pesar de ser conscientes, lo cual ya es mucho, llegar a no sentir el apego, la familiaridad es un paso de gigante que no sé ni siquiera si es posible. Si lo fuera, podríamos considerar que existe esperanza para la humanidad. Si no, estamos condenados a vivir en un eterno retorno. ¿Evolución? mmmmm… sólo a ciertos niveles, los más superficiales.
Saludos!
Me gustaLe gusta a 1 persona
Sí, hasta la idea es mejora es en sí un juicio y es relativa… pero sin duda, superior al «simple cambio». Gracias por pasarte por aquí.
Me gustaLe gusta a 1 persona