La Malparidez

La «malparidez», ese “inescapable” estado de amargura

Seguro te ha pasado que atravesaste una época de la vida donde no te hallabas y tampoco sabías qué camino tomar porque te sentías en medio de un montón de emociones desagradables con las que no sabías lidiar. Quizás tu realidad circundante tampoco colaboró mucho y de varias formas terminó hundiéndote más. La “malparidez” es una expresión común en este rincón del trópico… y se usa para describir ese [desagradable] estado emocional en el que no sabemos qué somos, dónde estamos y para dónde vamos…

Estado emocional

Ahora bien, pongámonos técnicos (y si te da pereza este pedazo puedes saltar hasta el siguiente título…) entendiendo primero dos cuestiones sencillas: las emociones y los estados emocionales. Las emociones se activan por un estímulo puntual, son reactivas, de corta duración y tienen una base fisiológica. Cuando decimos “corto” es que prácticamente se experimentan en el momento, pero una vez pasa el estímulo la emoción empieza a decaer, se reemplaza por otra o simplemente quedamos en cierta “neutralidad”. Puede durar desde minutos hasta algunas horas, pero el punto aquí es que se supera relativamente rápido.

El estado de ánimo es más prolongado y funciona con emociones mezcladas, relativamente similares entre sí. Hagámoslo más sencillo de comprender, pregúntate: ¿Cómo me siento ahora? Tu respuesta quizás te muestre la mezcla de varias emociones y sensaciones… ahora pregúntate ¿Cuánto tiempo llevo sintiéndome así? ¿Desde cuándo? ¿Por qué? Tus respuestas te mostrarán que no siempre te has sentido de ese modo y que el estado emocional puede oscilar de un lado a otro de acuerdo a las circunstancias o a lo que vayas pensando conforme pasa el tiempo.

Posiblemente, al responder las preguntas anteriores, te das cuenta de que hay unas respuestas que se quedan a mitad de camino entre la emoción y el estado de ánimo y que no son “mezclas” en estricto sentido. Se trata de los sentimientos, que son “emociones” que se quedan “siendo sentidas” más tiempo y se convierten en un “pequeño” o más reconocible estado de ánimo. Por ejemplo, una tristeza no superada que se queda más tiempo se convierte en melancolía; una rabia prolongada se convierte en resentimiento.

En términos sencillos, cabe decir que un estado de ánimo es un sentimiento al que se suman otros sentimientos con el tiempo.

La sensación de la “sin salida”

Entonces, ¿qué es y cómo se entiende la malparidez? Una clave es esa desesperación de sentirnos atrapados en una especie de callejón sin salida o de bosque lleno de árboles por el que no podemos avanzar.

La malparidez llega de súbito, tampoco es una cosa que se cuaje en instantáneo, o que tenga una relación “causa–efecto” tan clara como podría pensarse. Por eso es tan difícil de agarrar, describir o comprender. Solamente te sientes fatal, no te provoca nada en ninguna parte y no quieres dar nada a nadie. No es depresión pura porque si algo tiene la malparidez es esa cierta rabia embebida que también te da ganas de salir a desatar el apocalipsis; te sientes detestando al universo y al mismo tiempo te sientes detestable… sueñas con el fin del mundo y querrías que este empezara en tu barrio para sentarte a presenciarlo.

La maparidez es un desánimo generalizado, pero al mismo tiempo, en esta “multi–auto–destructividad”, se combina con ese espíritu de “psicópata – asesino en serie” que te lleva a desear tener un lanzallamas y destruirlo todo. El problema también es que, cuando te deleitas en la imagen mental de la escena de destrucción, también sabes que ese es tu mundo y luego te tocará reconstruirlo… y qué pereza tener que hacer todo ese trabajo… solo pensar en eso eleva tu malparidez.

Si te fijas, la malparidez también es un fenómeno hiper–realista: el mundo se te vuelve más negro de lo normal porque no hay luz en nada… y si llegas a ver luz, de seguro será una mentira.

En la malparidez no te hallas en ninguna parte, pero tampoco sabes dónde quieres estar… lo único claro es que no quieres estar donde estás. Si estás en casa no quieres salir, si estás en la calle quieres volver a casa, si trabajas quieres descansar, si descansas te castigas por no hacer algo más productivo, si hace sol quieres lluvia y si llueve reniegas… así sucesivamente… tu mente, tu vida y tu realidad no encajan en ninguna parte.

Se supone que la vida está ahí para algo y que venimos a ella para que tenga un propósito… pero ¿cuál es? Y así nos la pasamos, viéndola avanzar hacia un lugar que tampoco tenemos tan claro y cuando llegamos a un punto determinado nos damos cuenta de que no es lo que queríamos… y de nuevo se nos activa la malparidez.

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La sabiduría de no escapar

La malparidez es una oscilación permanente porque vas y vienes sobre ella. Algunos tendemos a ser más propensos a experimentar la malparidez, pero si algo no se puede borrar es su fatídica “causa aparente”: nuestra búsqueda de sentido en lo que hacemos, la finalidad última de la vida, nuestro deseo de que la existencia valga algo.

La malparidez es tortuosa porque muchas veces y de múltiples formas, nos estamos preguntando: ¿esto para qué?, ¿esto por qué?, ¿qué sentido tiene? Y así rumiamos, generalmente sin sentido, en la contradicción misma de la búsqueda de sentido.

Ahora bien, podrás decirme que la malparidez parece un bucle o una espiral descendente carente de sentido y te doy algo de razón en eso. Pero, ¿qué pasa cuando finalmente hallamos el sentido? No sé si eso pueda llegar a ocurrir porque en este mundo humano que se desmorona a pedazos, al final siempre tenemos que llegar a lo mismo: pagar las cuentas, luchar, cuidarnos y sobrevivir. Quisiéramos que todo fuera más simple, pero nos levantamos y vemos que todo se complica más; cada solución trae aparejada otro problema y muchos quisiéramos que la vida trajera un botón o comando de “reseteo” para que todo volviera empezar desde cero, sabiendo lo que sabemos ahora.

Sin embargo, y a manera de cierre, si algo me muestra la malparidez cada vez que la siento y me la cuestiono profundamente, es que ésta brota en mi sistema cuando las cosas se salieron de madre, cuando el desorden se apodera de mí y cuando mi vida la he dedicado a darle gusto a otros y no a dármelo a mí; cuando he cedido en lo fundamental o cuando no he dicho que no en el momento que realmente quería hacerlo; también cuando postergo mis planes y propósitos por miedo o desconfianza, cuando dudo de todo (especialmente de mí) y en especial, cuando no soy agradecido con todo lo que tengo.

Entonces, no te voy a decir que huyas del estado de ánimo de la malparidez, más bien te diré que cuando vuelva métete en todos los sentimientos que trae: melancolía, duda, paranoia, desidia, etc. Conversa con cada uno, pregúntale por ejemplo a la duda: ¿De qué dudas, de dónde viene? Cuestiónala sobre el peor escenario posible, sobre lo que podría o no pasar y hecho esto, vete quedando con las respuestas, porque en tanto tomes acción no tendrás atención (energía) suficiente para seguir chapaleando en el lodo de la malparidez.

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😐

2 comentarios en “La Malparidez

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