El Camino de Santiago y lo que hizo en mi (P2 de 2)

Llegada a Santiago de Compostela, luego de terminar el Camino

El Camino y mis notas decantadas tres meses después

En la primera parte ya comenté de qué iba la logística y todo lo que implica hacerlo. Ahora quiero concentrarme en la vivencia. Sin más preámbulos… ¡Buen Camino…!

La ansiedad previa y la incertidumbre (desconfianza)

Por muy caminante que seas o muy habituado a hacer trekking, como es mi caso, hacer el Camino será una experiencia nueva y tiene una connotación especial. Hablo por mí, porque sin duda las “ansiedades” de cada quien serán particulares, aunque conversando con varios de mis compañeros (as) de viaje pude corroborar que el sentimiento era más o menos el mismo en varios sentidos.

Por una parte, está la distancia: te dicen que la caminata (en mi caso desde Sarria) son determinados kilómetros en un número específico de días y empiezas a preguntarte si: ¿lo lograré?, ¿seré capaz de llegar al final?, ¿podré con todo eso durante esos días?, ¿me responderá el cuerpo? Una cosa es una caminata de un día entero que igual puede llegar a ser dura y demoledora, y otra muy distinta pasarte cinco o más días caminando un promedio de veintitrés kilómetros diarios (23 Km / día). La mente te jugará muchas pasadas, te pondrá a dudar y la desconfianza es normal que llegue.

Sin duda también juega el que llamo “temor económico”, es decir, en mi caso estaba pagando un boleto de avión para cruzar el océano, la estadía en España, los costos asociados al viaje, el tiempo, la atención de la salud en país extranjero, etc. Era inevitable que en algún punto el fantasma de mis miedos me dijera: ¡Qué tal gastarte este dineral y que no seas capaz de hacer el Camino, que a mitad de trayecto tengas que rendirte! Pero en una parte de mí estaba decidido a darlo todo y a terminar a como diera lugar… Tendría que haber pasado algo muy grave para haberme rendido y no fue así.

A la salida de Sarria…

Adicionalmente, como hice el viaje “solo”, pensaba que así tenía que resolverlo todo… y tremenda sorpresa me llevé al darme cuenta de que estaba caminando al lado de un grupo de seres maravillosos en el que todos estábamos ocupados de todos porque caminábamos en el mismo propósito… claramente, cada uno (a) afrontando un Camino distinto a ritmos singulares, pero cada quien haciendo parte de esa comunidad que se formó rápidamente.

Entrar en “flow” (Confianza)

Ejemplo de señalética del Camino de Santiago

Para mi gusto, en general el Camino tiene buena señalización. No obstante, igual tienes que ir con atención porque en ocasiones hay desvíos o flechas que indican una dirección y el Camino se abre en dos, se traslapa con caminos rurales por donde circula ganado (las hermosas vacas rubias gallegas…), entradas a propiedades agrícolas, etc.

El primer día ves una de estas señales que te muestra la dirección y la distancia pendiente hasta Santiago de Compostela y cuando ves la cifra no deja de ser inquietante… Y no queda más que decirte en silencio, muy adentro de la cabeza, el corazón y las piernas: ¡Pues bien, aquí vamos! Y así es como empiezas a caminar. Si vas a hacer el Camino te recomiendo encarecidamente entrenar antes o tener por lo menos una disciplina deportiva que te garantice cierto estado físico. Si eres una persona sedentaria de seguro lo vas a lamentar…

Cuando comencé a caminar lo primero que hice fue experimentar el entorno… el clima, el viento, la posición del sol (siempre caminamos hacia el oeste). El primer día fue una mañana nublada y estábamos como a unos quince o dieciséis grados Celsius, con un poco de brisa fría. Naturalmente empezamos pronto para entrar en calor.

Camino de Santiago, poco después de salir de Sarria

Muy pronto ya habíamos dejado la zona urbana de Sarria y empezábamos a andar el Camino propiamente. En algunos puntos lo natural, sencillo y descomplicado del trazado y la topografía me dieron una confianza extraña, me sentía en mi lugar, en lo que “quería encontrar”; algunos tramos tenían un par de muros en piedra que se veían viejísimos y hasta breves túneles de árboles. Me preguntaba cuántas historias habrían pasado por siglos en este Camino, cuánta gente, energías, pensamientos, sensaciones… ¿Qué tal si estos árboles y estas piedras hablaran? ¿Qué contarían?

El primer día fui el primero del grupo en llegar Portomarín… iba caminando rápido sin darme cuenta, como alienado, con todo y con nada alrededor. Volví en mí cuando me di cuenta de que debía cruzar el puente y avisar mi ubicación para esperar al resto del grupo porque juntos subiríamos las escaleras para entrar al pueblo y luego caminar juntos hasta el hotel. Estaba lista la primera etapa de 22 Km ¡Lo había hecho! ¿Cómo no confiar?

La alegría de terminar la primera etapa en Portomarín (Galicia)

Lo que fui encontrando, viendo y oyendo (Diversidad e inclusión)

Con cada persona que te encuentras siempre llegará el saludo: ¡Buen Camino! Hasta los estadounidenses en su arrogancia angloparlante hacen el acto de humildad y aceptación de decirlo en castellano… ¡Buen Camino! Hasta se ve que les gusta decirlo. Esa frase creo que al final nos iguala a todos… en el Camino no hay tiempo ni espacio para ponernos máscaras, todos vamos para el mismo lugar, expuestos a la misma vulnerabilidad, afrontando el desafío de forma singular, pero al final enfrentando nuestros pequeños o grandes demonios.

Caminantes, Camino de Santiago de Compostela

Era inevitable a veces parar y mirar a lo lejos en el horizonte los molinos de los parques eólicos… aunque sean tecnología del siglo XXI, no dejan de agregarle una magia especial al verde y tranquilo paisaje gallego. Soplaba la brisa, se movía el pasto verde que ya estaba alto para esa época… quizás esperando a ser comido por las vacas o cortado… un rato se asomaba el sol a ver dónde íbamos… todo pasaba en el mismo instante, en tantos instantes…

En el Camino te encuentras con gente de todas partes… muchas nacionalidades, desde japoneses e indonesios, hasta rusos, pasando por latinoamericanos y estadounidenses. Razas, pieles, idiomas, complexiones físicas, equipos de caminata… olores corporales… gente en sandalias… de todo te muestra el Camino, es una estupenda dosis de diversidad e inclusión sin las estupideces filosóficas y sin ese activismo soso de las redes sociales… aquí es real, palpable, respetuoso y tranquilo… de nuevo: todos vamos para el mismo lugar, la meta es casi la misma.

Encontré varias personas con limitaciones físicas y algunas en silla de ruedas… es fascinante ver su esfuerzo y al mismo tiempo la red de apoyo que tienen a su alrededor para ayudarles a llegar… con las complejidades y relatividades que claramente existen, puedo decir que el Camino es para todos, el Camino no distingue.

La alarma en mis pies (vulnerabilidad)

Como comenté en la otra entrada, la humedad en los pies y la caminata empezaron a activarme ampollas y algunos dolores. Al final del segundo día parecían complicarse las cosas y si no tomaba cartas en el asunto se ponía en riesgo el proyecto… sobre todo considerando que faltaban tres días y entre ellos la etapa más larga de casi treinta y tres kilómetros (33 Km) …

Inflamación, dolor y ampollas durante el Camino

Este es el sencillo sentimiento de vulnerabilidad, de que por más que hubiese entrenado y tuviera una excelente combinación de calcetines y botas, mis pies me pedían medidas adicionales… y las medidas las tomé con esparadrapo, microporo y parches… y luego, aguardar a ver qué pasaba, porque no sabía si iba a resultar el arreglo, porque adicional el dolor podría ir en alza, sin mencionar las lesiones en la piel.

Afortunadamente todo funcionó… también cambié de calzado al siguiente día y esta etapa la hice con zapatillas deportivas (las botas descansaron). Tuve que afrontar un poco la incomodidad de los terrenos agrestes porque esta zuela no era la mejor, pero mis pies respondieron bien y puede terminar el tercer día. Para el cuarto día todo volvía a la normalidad.

Efecto hipnótico (Integración y desintegración)

Superado el evento de los pies, ya para el tercer día el caminar empezaba a tener un cierto efecto hipnótico. Me cuesta un poco describirlo en palabras, pero llegaba a un punto en el que dejaba de sentir que caminaba, aunque lo siguiera haciendo. A esto me ayudaba el hecho de que, al tomar ventaja por mi ritmo de caminata, recorría grandes tramos completamente solo, así que podía estar con el Camino, divagar, pensar, dejar la mente en blanco, concentrarme en la respiración, recordar cosas, pensar en gente, reflexionar sobre qué quiero hacer con mi vida, apreciar cómo vive en la gente en esta zona de Galicia, contrastar muchas cosas, disfrutar el paisaje… todo al mismo tiempo. Me hice el propósito consciente de no juzgar, solo apreciar y me funcionó de maravilla.

Parada en Melide… muy recomendada la «Tapa de pulpo» acompañada de un Albariño…

Aunque llegue a sonar extraño, por fortuna había que cruzar algunas vías por donde circulan vehículos. Esto es estupendo para volver a la realidad y reconectar con “el aquí y el ahora” terrenal. En todo caso, el Camino te da tiempo suficiente para pensar… o dejar de hacerlo. Igualmente, cuando caminaba al lado de mis compañeros (as) de grupo, tuve oportunidad para conversar sobre muchos temas y conocer de muchas cosas… Desde la dictadura de Franco y su efecto en la España actual, hasta la crianza de los hijos y el trabajo, de cómo nos vemos entre sí los latinoamericanos y los españoles, descubrir que en muchas cosas todavía nos parecemos bastante aunque no lo sepamos, de los absurdos de la política y la corrupción del gobierno, comprender que nos une este hermoso idioma, aunque en muchas formas, y por la fuerza de la historia (Franco, Franco…), las lenguas de las comunidades autónomas españolas tienen un sentido… la variedad de temas que tratamos no tuvo límite.

Para tener una experiencia mística no necesitas embarcarte en semejante logística ni hacer un viaje físico tan largo. Una buena meditación o una sesión con enteógenos te llevan tan lejos como quieras… Sin embargo, caminar de esta manera es algo diferente y especial porque te lo llevas puesto en el cuerpo y te muestra tu capacidad de disolver unos límites que no sabías que existían y mucho menos que tenías capacidad de romper.

Cuando ves a Santiago a lo lejos (Logro)

El último día, cuando ya llegas a la parte alta del “Monte do Gozo” y puedes ver por primera vez las torres de la Catedral de Santiago, es una sensación indescriptible. En este punto los que llegamos primero esperamos al resto porque la meta era llegar en grupo. Cuando nos encontramos parecía que en el fondo sabíamos que el Camino pronto iba a terminar, pero no queríamos que finalizara.

Monte do Gozo, al fondo se ubica Santiago de Compostela

Dimos muchos rodeos, nos tomamos fotos, nos sentábamos a ver el horizonte y ninguno hacía el gesto de querer avanzar… eso que se había construido sabíamos que físicamente se iba a romper. Tuvo que ser Nuria, nuestra guía, la que cortara ese momento y nos hiciera volver a caminar… nos tomamos casi una hora para llegar a la plaza principal de Santiago, a la puerta de la Catedral, al punto donde dices “¡Lo logré, llegué!”, al lugar donde entiendes que parecía lejos, que parecía mucho y en cierto modo difícil, pero pudiste materializarlo.

Estar en esta plaza frente a la Catedral, una vez que llegas, es especial y cada quien lo vive a su manera. Es una alegría tranquila, con una pequeña dosis de euforia, pero también de humildad, porque ahí no compites con nadie ni le ganas a otro… aquí todo es contigo mismo: tú caminas, tú avanzas, tú llegas… nadie te carga, nadie te empuja (salvo condiciones especiales…), solo te alientan, te animan, pero nadie se moverá por ti.

El grupo, la banda… cuando llegamos a Santiago… gozo en estado puro

Volver a la vida… diferente (Experiencia)

El Camino tiene muchos tintes. Lo puedes tomar como un desafío de trekking, como una peregrinación con un sentido espiritual, como un “pare” en tu vida o como una forma de demostrarte a ti mismo (a) de qué eres capaz… y seguro que las posibilidades no se agotan ahí, el propósito termina siendo una cuestión personal. Conozco gente al rededor que esperaba que yo volviera envuelto en un halo de luz blanca brillante, que volviera iluminado y más sabio… Creo que les decepcioné… solo les puedo decir que sí volví distinto.

Si repito el Camino, me gustaría que fuera más largo, más tiempo. Esta es de esa clase de experiencias con las que quedas con ganas de más. Mucha gente me preguntó que por qué no subí más fotos a Instagram… y la verdad no veo para qué, me doy cuenta de que las fotos se quedan cortas para contar lo que pasó allá.

Luego de hacer el Camino, el acto de desplazarme a pie adquirió una connotación nueva… si antes era normal, ahora pienso que puedo ir a cualquier parte caminando, no importa lo lejos que sea… luego de ver que soy capaz de caminar treinta y seis kilómetros en un día (y creo que hasta más), ya una caminata corta me parece pan comido. También terminé de comprender la ventaja de andar ligero de equipaje por la vida, darme cuenta de que cargamos muchas cosas innecesarias que nos hacen caminar más pesados, lentos y apegados.

No puedo hablar del Camino como una peregrinación en el sentido religioso-católico porque nunca fue esa mi intención… Para mí fue comprender la importancia de parar, de hacer pausas, de tomar distancia y de ver la vida desde lejos. Me abrí a la experiencia de mermar el ritmo y detener esta carrera sin sentido en la que estaba metido. Hacer el Camino me ayudó a romper la “transparencia” y a introducir un punto de inflexión en mi vida. Caminar el Camino me dejó pensando en mis ritmos, en la libertad de andar rápido o despacio, y en la importancia de estar presente en el trayecto, más que con la mente puesta en el punto de llegada.

Caminar el Camino también me confrontó con mis apegos, con mis amarres y con la libertad que quiero para mí. Esa reflexión y ese proceso todavía no termina, pero he de decir que sí tuvo muchos avances y está a la espera de varios desenlaces. Por eso no quería escribirlo y publicarlo antes, porque sé que necesitaba más maduración, requería que se decantara y se aclarara un poco más.

Si llegaste hasta este punto y te leíste todo esto, gracias por tu paciencia… o quizás por tu curiosidad. Si es que planeas hacer el Camino (este de Santiago o cualquier otro porque hay varios en el mundo…) de corazón te recomiendo que lo hagas, porque sin duda quedarás diferente y, así volvieras “igual”, es también una lección porque vas a lo mismo, sin cambiar quien crees que eres…

Porque el Camino es la vida…

También te podría interesar conocer la primera parte que habla de la «logística» del Camino. Visita este enlace

6 comentarios en “El Camino de Santiago y lo que hizo en mi (P2 de 2)

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