El experimento de un cuento de redención

Las cosas tienen vida útil finita, los recuerdos no.

“En los cuentos de hadas, la redención alude, específicamente, a las circunstancias en las que alguien que ha sido maldecido o hechizado es liberado a través de ciertas contingencias o sucesos en el curso de la historia”. (Referencia)

Esta historia (¿de amor?), aunque transcurre en el presente, tiene los pies sólidamente puestos en el pasado. Quizás esto es lo que la hace más compleja y difícil de entender porque en las cuentas [mías y de mucha gente] ni siquiera tendría lógica o posibilidad viable de volver a suceder casi catorce años después.

¿Alguna vez has escuchado la expresión “cuento de redención”? Al calor de esta historia, cuando digo “volver a suceder” es porque parece que nunca hubo una ruptura. Quizás todo quedó disuelto en una larga latencia en el océano del recuerdo para saber en últimas qué queríamos y qué no. Podría decirse de muchas maneras que nos la hemos pasado dando tumbos, pero no veo espacio para que seamos tan drásticos con semejante juicio. Como ya [varios] estamos empezando a entender, esta existencia es un experimento, venimos a experimentar, a probar y a comprender distintos ángulos de la realidad. Tal vez es eso lo que hemos hecho ella y yo durante estos años, cada uno por su lado.

Visto el asunto así, ya no se ve como un error, ni como un despropósito, ni como una cadena de fallas personales que nos hacen buenos o malos, mejores o peores. Simplemente esto nos ha hecho humanos, nos ha hecho más conscientes y equilibrados frente a lo que es la realidad de cada uno. Ya somos más atentos frente a lo que juzgamos, frente a lo que nos decimos, frente a la forma como nos cuestionamos. Esto implica que, por muy bueno que esto pueda sonar, ya es más difícil mentirnos.

Estar en este punto también nos obliga a soltar. Cada uno tiene que dejar lo que ya traía y que no encaja con lo que está pasando. Esta vez ya no está de por medio la abrumadora marea neuroquímica del enamoramiento. Como dice la canción [de Héroes]: ya somos más viejos y sinceros… Entendimos que no hay tiempo para tonterías y hay que dejar de lado todo aquello que nos quite “tiempo de calidad”. Claramente, en medio de la distancia, hay que curvar la realidad porque no hay tiempo para el hastío y la anestesia de la rutina o la costumbre… con la presión de los miles de kilómetros que hay de por medio es más que suficiente.

Ya ha habido varias distancias inconscientes: la impuesta por el tiempo, la del flujo de los eventos, la del conflicto sin resolver y la de los recuerdos. Si se lee entre líneas, todo eso estaba adquiriendo un sospechoso olor a karma. Todas esas distancias se manifestaron en el mundo físico y ahora se están resignificando, están volviendo a ser un libro en blanco para rayar y un espacio abierto para construir. ¿Qué podría salir de ahí? No se sabe, somos muy distintos ahora. Tenemos la opción de que el plan sea temporal o desafiarnos a que sea prolongado.

Boo

Hace días ella esperaba que yo escribiera esto… Inclusive que retomara el blog… Tanta fe me tiene, confía en mí. No sé qué espere de este texto ni qué tenga en mente… ¿Y qué te puedo decir? Puede que me quede corto; solo veo unos breves apuntes aproximados: me encanta la forma como abordas el mundo ahora porque has llevado tu sentido práctico al límite y tu consciencia se ha “desapasionado” [tanto]; ya no te echas tantos cuentos y prefieres navegar por las aguas de tus “baños de realidad”, aunque estos de muchas formas se conviertan en verdaderos tónicos para el pesimismo y el desánimo.

No obstante, si algo has tenido siempre es una encantadora e inspiradora capacidad para reponerte y salir adelante sin echarte cuentos ni repetir clichés de red social. Lloras, gritas, puteas, maldices, pero sales adelante y vuelves a creer en la posibilidad. Te caes, te limpias la tierra de las rodillas, sigues adelante y en todo caso, siempre estás en movimiento.

A veces no sé qué quieres porque quieres tantas cosas, te quieres comer el mundo ya, tu cintura se siente como un embudo lleno con todos los anhelos atorados y esperando para bajar a caminar… en tu cuello se queda otro tanto, pero entre carcajada y carcajada los vas destilando antes de que bajen más.

Eres tan curiosa e inquieta que pareciera que nada de lo que ya tienes y sabes es suficiente; es como si el mundo se te fuera acabar y prefieres convencerte de que es mejor re-crear el mundo a tu imagen y semejanza para que [por favor] siga existiendo. Me alegra que en este momento te quieras comer el mundo al lado mío… yo también me lo quiero comer al lado tuyo… y no es porque cada uno en su feudo no se lo pueda comer, sino porque en el claro-oscuro de nuestros sabores la receta individual termina sabiendo mejor.

¿Qué puedo decir sobre cómo me tratas? Las respuestas se agotan en la larga, creativa, creciente e inagotable lista de apodos que me tienes, en tus carcajadas al verme ser quien soy sin filtros, en tu sufrimiento por mi lenguaje [soez], las observaciones y comentarios que haces frente a lo que observas en mi cuerpo y tus puntos de vista sobre mi “ser y estar en el mundo”. Puedo decir con tranquilidad que valoras mi existencia… siempre lo has hecho. El desafío para mí es ser quién soy para ver hasta dónde llega todo esto.

Tu suavidad es incansable y puede empalagarme, lo acepto. Pero la prefiero sobre todas las cosas, te prefiero así porque es una suavidad genuina y porque me obliga a ser diferente, me fuerza a disolver mi indiferencia, a ser más empático, menos duro, menos crítico y no tan distante e hiper-exigente. ¡Deja de idealizarnos a todos! Te lo digo porque no quiero que te rompan el corazón, no quiero presenciar ese sufrimiento.

Es un verdadero reto poder funcionar al lado tuyo porque, como te dije, haces que sea imperativo que yo sea [y actúe de una forma] más consistente. Si lo digo lo hago, si lo pienso lo soy, mientras más te vuelvo a reconocer más me doy cuenta de que no hay espacio para contradicciones. Mi alma y tú me han aclarado que esperan que yo sea consistente; ¡Por fin, casi que no logro entenderlo!

Ambos nos hemos quedado con imágenes residuales, es un hecho, pero en gran parte tu curiosidad te hace ser más crítica y confrontar más el pasado con este presente. Yo soy más apegado a lo aprendido, soy menos detallista y doy más saltos mentales hacia el futuro, pero al mismo tiempo aprendo a tu lado.

No me necesitas para nada, no das ningún asomo de dependencia o sumisión, has construido tu propio imperio sola y hay muchos caballeros de brillante armadura dispuestos a conquistar tu muralla y entrar en tu palacio… No sé si la forma como los miras por el rabo de tu ojo tiene que ver con que no te interesan o porque realmente tienes la vista puesta en el lejano reino del que vienes… el mismo reino que yo aún habito y en el que te espero siempre. Por mi parte puedes hacer lo que quieras. Lo más estimulante de todo esto es que sé con certeza que harías casi que lo que sea por compartir tu reino conmigo: ¿Quién puede resistirse a tanto? ¿Quién puede decir que no?

Las puertas de mi castillo también estarán abiertas para ella y su corte. Tal vez pronto haya que citar al sumo sacerdote, pienso mucho en eso. Tal vez se unan dos casas reales. Pocos tenemos una emperatriz que come perrito caliente en un carrito en la calle o que tranquilamente se baña en un riachuelo en el bosque. Ella es la emperatriz de los humildes. La que le cabe una noche en una fancy bedroom o en un humilde hostal. Estoy redescubriendo tu espectro y al hacerlo también se amplía el mío. También a veces te caes de tu pedestal; lamento no poder estar ahí siempre a tu lado para recibirte en los brazos, pero como ya dije, siempre eres capaz de volverte a levantar o de encontrar quién te ayude…

Desde pequeños nos inculcan mucho sobre el perdón… pero al mismo tiempo nos fuerzan al desquite y la venganza como una forma de afirmar quiénes somos en el mundo. Es difícil crecer en medio de semejante disonancia y mucho menos comprender a una mujer que prefiere hacer borrón y cuenta nueva, jugársela otra vez, gozarse la vida y al irse de mi lado dejar una nota que simplemente dice:

“El dolor de separarnos no es nada… comparado con la alegría de reencontrarnos…”.

Atte., “El Gatito”

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