La tiranía del “Superyó laboral” y cómo superarla

Antes de que nos mate a todos [en estos tiempos]

Una de las sombras más detestables y alienantes que nos está mostrando este tiempo es el demonio de nuestro “superyó” laboral. Te aclaro que no me refiero a la idea “exitológica” del trabajador super–efectivo, que da “la milla extra” y que es un dechado de productividad. No, para nada, al contrario, hablo de ese demonio que nos ataca a varios, que nos tiene trabajando más de lo necesario y que, a los que seguimos contando con la suerte de tener trabajo [remoto], nos está llevando a que cada día nos sepa más a mierda. Veamos de qué se trata.

La idea del “superyó”

Sigmund Freud, el fundador del Psicoanálisis, proponía una estructura del funcionamiento de la psique representado por tres instancias: El Ello (o Id) compuesto por los elementos instintivos, reprimidos e inconscientes (aunque no todo lo inconsciente sea parte del Ello); el Yo (o Ego) que es la función consciente de control que media y equilibra entre lo exterior y lo interior según el principio de realidad; y el Superyó que es la instancia que introyectamos desde las órdenes y prohibiciones de los padres, el grupo familiar y la cultura en la que nos desenvolvemos.

El ser humano del Psicoanálisis vive en una permanente tensión y contradicción. Somos un Ello primitivo que busca hacer lo que quiere y debe reprimirse en una sociedad que le impone un orden simbólico para mantener cierto orden y normas de funcionamiento. Sin embargo, esas normas no siempre son racionales… hasta aquí dejo la explicación y no me enredaré con más tecnicismos…

¿Cómo se ve la enfermedad?

En los tiempos que vivimos, quizás como nunca antes en la historia, al trabajo le hemos dado un valor social que no tenía. Casi que lo hemos sacralizado… y no me refiero a la proverbial frase de “ganarás el pan con el sudor de tu frente…”, sino al trabajo como estándar y símbolo social. Antes teníamos jerarquías sociales que determinaban el tipo de trabajo al que accedías, ahora la laboriosidad nos da el tiquete para encajar luego en una jerarquía.

Así que el trabajo, luego de ser una fuente de supervivencia, se transforma en un símbolo de estatus:

“Dime en qué trabajas (qué haces) y te diré quién eres”

La mayoría no somos conscientes de eso, es más, lo damos por sentado todo el tiempo. De fondo esa “sacralidad del trabajo” es la que hace que se justifique la idea del sobre–esfuerzo como el fundamento del buen trabajo y se fomente la idea de la “milla extra” como medida del “compromiso” y la contribución de la gente con lo que hace. Todo es sacrificable por el trabajo: el tiempo propio, los deseos personales, los compromisos familiares, estar con los amigos o ver crecer a los hijos. El trabajo es el valor supremo y si tu decisión es anteponer lo laboral “eres bueno (a), haces bien, eres muy responsable”.

Bastaría con que todos hiciésemos las cosas lo mejor posible, pero sé que incluso decir eso es una herejía…

Así es como el sobre–esfuerzo se vuelve también una forma de salvación, expiación y auto–flagelación. Como nunca es “suficiente” lo que hacemos, como claramente no estamos dando la milla extra, entonces tenemos que castigarnos con más y más trabajo. En este estado sentimos que hay una jerarquía social–organizacional (Superyó) que nos empuja a eso y a toda hora nos vigila. Si queremos escalar en la pirámide social empresarial hay que matarse, sudar y trabajar hasta sangrar.

El Superyó laboral nos condiciona a que hay un tiempo “correcto” y un tiempo “incorrecto”. El tiempo bueno es el productivo y el tiempo malo es aquel en el que no estamos produciendo (descansando). ¿Sabías que de ahí viene la palabra ‘negocio’? Los romanos (que amaban el tiempo de ocio) llamaban “neg-ocio” a todo lo que se hacía cuando no–se–estaba en tiempo de “ocio”, es decir, todo lo que no fuera descanso, disfrute y diversión.

Entonces, cuando estamos educados con unas reglas sociales que filtran de este modo la concepción simbólica del tiempo, creemos que es solo para lo que corresponde: trabajar. Lo demás puede esperar y es legítimo que espere… para eso nos pagan, cuando somos asalariados (independiente de la forma del contrato) vendemos nuestro tiempo de vida a otro que pasa a ser su propietario y decide cómo disponerlo y cuánto pagarnos por él.

¿Por qué nos empieza a saber a mierda el trabajo?

Una parte de nosotros quisiera hacer lo que desea, lo que en verdad le importa (el Ello), pero terminamos en un sistema económico que nos atrapa con facilidad para que terminemos haciendo lo que nos toca (Superyó).

Desde luego, acá puede entrar el argumento de que somos libres, que podemos hacer lo que queramos,  que nos corresponde perseguir nuestros sueños (como Walt Disney…) y bla, bla bla… discurso con el que estoy de acuerdo, pero del que también sé que tiene sus lados oscuros, movedizos y difíciles de manejar, especialmente en países como el mío con economías mediocres, salarios bajos, alto desempleo, explotación laboral, mercados estrechos, trabajos inestables y muchas trabas para salir adelante. Somos una nación de sobrevivientes (lo que hace el Yo).

En el confinamiento actual, el Superyó laboral puede que nos hable como esa molesta vocecita interior o como esa incomodidad en el cuerpo que no nos deja estar tranquilos en la noche y que nos lleva a “dar y recibir” trabajo incluso hasta altas horas de la noche porque si no lo hacemos pensarán que estamos en casa “rascándonos las bolas” (los hombres) y las mujeres no sé qué…

Si estamos en casa no nos ven y creemos que nos cuesta probar que de verdad “estamos trabajando”, así que dejamos que nos metan todo el trabajo que quieran… y especialmente ahora, más que antes, hay que mostrar que de verdad “estamos comprometidos dando la milla extra” y que no solo “tenemos la camiseta puesta”, sino que la estamos sudando incluso hasta sangrar en ella. Que se vea el dolor y el “sacrificio…”, parecemos haciendo votos para entrar al cielo, solo que este es tan falso como el de la religión.

Cómo sobrevivir al Superyó laboral

Antes vale aclarar que el Superyó laboral en realidad no es un enemigo. También es la manifestación de tu sentido de responsabilidad y del deber. Quizás muchos trabajamos porque tenemos fines más importantes y trascendentales que requieren del dinero que se obtiene de un trabajo y porque hasta ahora no se nos ha ocurrido otra idea o no nos hemos arriesgado con otro medio para obtener la llave de casi todo en la vida actual (aunque digan lo contrario): el dios dinero.

El asunto aquí es retornar al equilibrio y vivir, en vez de sobrevivir. Aquí te dejo algunos tips (que aplico o que conozco de otras personas):

Unos tips “fáciles” de corto plazo:

  • Fíjate un horario estricto para las cosas y cúmplelo tanto como puedas. Todos los tiempos son valiosos, quizás unos más. Tu familia te tiene solo a ti y si faltas se sentirá con fuerza…, pero para tu empleador eres plenamente prescindible en cualquier momento. Ten esto muy presente cuando tomes tus decisiones
  • Habitúate a vivir en el aquí y el ahora, sin atormentarte por las consecuencias del mañana, que en muchos casos son imaginarias (confieso que me cuesta un montón…)
  • Cuídate de caer en la cultura de la urgencia, es decir, en la creencia permanente de que todo es “para ya” y en la carrera de estar corriendo a todo momento
  • Consecuente con lo anterior, prioriza con sentido, con conocimiento de causa. Emplea la matriz de Eisenhower; todo minimalista debería usarla, en serio que funciona
  • Cuando termine tu jornada laboral [y si te es posible] deja el celular en modo avión para que nadie te joda y para que los demás aprendan que ya no te pueden joder más. Vicerversa: ¡No jodas a nadie!
  • Evita caer en la trampa de responder tarde en la noche… ese mensaje de Whatsapp o ese correo electrónico que espere hasta mañana (salvo que sea una emergencia…).
  • Si acostumbras a los demás a que respondes por fuera de la jornada laboral… luego no te quejes… Aprende [en serio] a poner límites y a decir que no
  • Coloca límites a tu jefe también. Abre una conversación en ese sentido y dile que por favor respete tu tiempo personal y que en horas laborales le responderás. Otra cosa es que te atrases con el trabajo… o que tu jefe / jefa sea un (a) perfecto (a) hijo (a) de su madre y no le importe joderte… en cuyo caso deberías pensar en cómo largarte (aunque ahora esté complicada la cosa…)
  • Comprométete con pocas cosas y que sean relevantes… veo seguido a mucha gente que bajo la creencia de que hace mucho, se juzga a sí misma como la más comprometida y de alta contribución, pero para el resto del equipo y su jefe no es así; es una autoengaño tremendo que se hacen con un costoso sacrificio
  • Repite el mantra: Sencillo y efectivo, es la fórmula del productivo. Haz correctamente lo correcto, de la forma más sencilla posible. Trabajar mucho no vale la pena (salvo que seas artista, un creativo o se trate de tu hobbie… pero de resto… ¡bah!)
  • Tu tiempo es irrecuperable y es el más valioso. He hecho una notable cantidad de horas de acompañamiento psicológico a gente cuyo mayor motivo de consulta es: “por estar trabajando abandoné mis hijos, mi familia, mis aficiones, mi salud, mis amigos, mis viajes, mi ejercicio…”; en resumen, se abandonan a sí mismos (as) y a su vida por ahí derecho. Casi por ningún trabajo, ni empresa (ni accionista) vale dejarse el cuero. El tiempo es irrecuperable.

Unos tips más exigentes de mediano y largo plazo:

  • Hazte la pregunta: ¿Me veo dentro de siete (7) o diez (10) años igual a cómo estás ahora (depende también de tu edad y momento de vida)? Si la respuesta te da ganas de vomitar y algo de mareo, empieza ya a tomar acción. Es una pregunta existencial bastante incómoda, pero fundamental (te lo digo por experiencia)
  • Ve trabajando en tu plan B y C: Ahorros, inversión, otros negocios paralelos, dinero que trabaja por ti… organízate para mandar al carajo ese trabajo que no te gusta, sin miedo… Sí, entiendo que no siempre es fácil y tomará tiempo, pero empieza a actuar. Esto también te ayudará a disolver el paradigma de que solo tienes tu empleo para vivir…
  • Enfócate en que tu plan B se vaya convirtiendo en el A…
  • ¿Cuánto te cuesta vivir en un año? ¿Te has planteado darte un verdadero año sabático? Haz las cuentas y ese debería ser el monto de tus ahorros… eso solo lo sabes tú. Ese puede ser el paracaídas para lanzarte a la libertad y despedir a tu empleador
  • Cero deudas, cero deudas… esa es quizás la verdadera libertad financiera…
  • Adopta un estilo de vida más austero, enfocado, sostenible financieramente, en suma, un estilo de vida minimalista. Nos cuesta dar el paso porque tenemos muchas obligaciones pesadas e innecesarias, y dependemos desesperadamente de un único ingreso (sueldo) mes a mes. Nos tenemos que quitar tanta carga de encima, aplicar el desapego
  • Piensa en muchas formas de generar ingresos con lo que de verdad te gusta y te hace genuinamente feliz… el cansancio, la monotonía y la presión del trabajo bloquean este tipo de creatividad, pero conozco muchos casos de gente que se quedó sin empleo y en su afán por salir adelante han moldeado ideas potentes de nuevo empleo o emprendimiento

 

Espero haberte dejado viendo una nueva realidad… ¿Te sirvieron de espejo estas palabras e ideas?

 

:/

4 comentarios en “La tiranía del “Superyó laboral” y cómo superarla

  1. Me encanta esta entrada, finalmente evidencia el temor inculcado que tenemos al fracaso, a no encajar. Lo interesante, “es que seguir haciendo lo que nos toca hacer”, nos puede hacer olvidar el propósito y el valor que damos a lo que hacemos en ese trabajo, nos desgasta, impacta la confianza en nosotros mismos y puede limitar todo nuestro potencial en ese lugar o en otros espacios.

    También pienso, que la responsabilidad es totalmente nuestra, porque permitimos que las creencias heredadas de nuestros padres y de muchas otras personas, se vuelvan una verdad para nuestras vidas y lo peor es que más que nadie nos volvemos los jueces más exigentes e implacables de nuestra propia vida y de lo que gira a su alrededor, especialmente cuando las cosas no salen o se pueden salir de lo esperado.

    Tus tips me parecen prácticos y fabulosos, en mi caso yo pondría en primer lugar y haciendo parte de los tips fáciles y de corto plazo, ” Generar ingresos con lo que de verdad me hace genuinamente feliz”. Y desde ya empezar a construir ese sueño, paso a paso, divirtiéndome y sin expectativas, y quizás un día sin darme cuenta ¡todo encaja!

  2. Que buena reflexión Pablo, justamente en estos tiempos he hablado con varios consultantes a cerca de cómo se ha aumentado su nivel laboral por el confinamiento, trabajando hasta altas horas de la noche, asumiendo cargos y proyectos de otros (por aquello de los despidos), entre otras cosas… considero que el miedo es el que nos lleva a estas acciones, el miedo a ser despedidos en un momento donde encontrar un nuevo trabajo es una vaga posibilidad. Por otro lado están con los que perdieron el trabajo y que muchas veces dicen: “con tal de estar trabajando, sería capaz de exponerme al peligro y trabajar las horas que sean necesarias, igual desde la casa la vaina es más fácil”. Ese miedo es el que nos va a matar…

    • Sí, tocas muchas realidades que por la extensión de la entrada no me dio para meterme, pero desde luego un factor de alta incidencia es precisamente el miedo (y su hija predilecta, la desesperación), sumado al hecho actual de que la realidad económica se ha complicado y las perspectivas se estrechan.

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