La gente normal

¿Te sientes muy normal? Quizás sí. Tú y yo muchas veces hablamos de que la “gente normal” como nosotros hace o dice esto, actúa de esta forma o de la otra y así sucesivamente. También tenemos un discurso para reducir lo que NO es normal; incluso este cuento resulta más convincente porque es más fácil entender lo normal hablando desde lo anormal. Es decir, la forma de entender un modelo es reduciéndolo a su contrario y luego contrastándolo (enantiodromía).

Así es también como la supuesta idea de normalidad se va convirtiendo en una ideología compartida y aceptada por todo el mundo. Una verdad inmutable sobre lo que es y debe ser el mundo que nos ponen ante los ojos. Nos dejamos meter en un corral y aceptamos que el mundo es solo ese espacio con reglas definidas donde todos estamos tan tranquilos porque todo es predecible: sentimos que tenemos algo de control.

Entonces si no eres de los que llevas harapos y no babeas por la calle eres normal. Tú y yo somos normales por eso. Luego se suman las verdades estadísticas y las nociones de la mayoría de la población: ¿Recuerdas las ideas de las campanas de Gauss y las distribuciones normales…? Hacemos lo que sea por acercarnos a la “mediana”. En mis tiempos a eso le llamaban encajar. Nos hacemos moler por encajar. Hay una industria completa que vive de la idea inconsciente (o consciente) de ser normales y aceptados: la moda.

¿Habrá que volvernos transgresores? ¿Cuál es el pedazo de la realidad que más te cansa? Vuelvo al tema del control. El trabajo de encajar nos consume grandes cantidades de atención (energía) que podríamos emplear en ser nosotros mismos, desplegar nuestro talento y cumplir nuestro propósito, sea cual sea este.

De cualquier modo, no dejo de cuestionarme mi anormalidad. Cada vez más gente que me rodea hace cotidianamente cosas que yo no hago, le gustan cosas que yo detesto y aspira a ideales que ni en sueños admitiría para mí. Soy el “raro”, el anormal, quizás por eso se me facilita hablar de la normalidad, porque la veo a lo lejos y tampoco la entiendo, aunque tampoco me siento tan anormal porque no parece que me esfuerce mucho por chocar.

Trabajo, tengo familia, voy vengo todos los días en las horas pico, uso ropa barata y poco llamativa, voy de la casa al trabajo y del trabajo a la casa, salgo poco, pongo la vida en pausa de lunes a viernes en el día y me rescato a mí mismo en las noches donde vuelvo a ser un ser humano singular, para luego sobrevivir con la carga hasta el viernes y salir triunfal hacia dos días de reconexión con la vida… esto ocurre hasta la noche del domingo donde todo vuelve a ese desasosiego que produce el olor a inquietud y banalidad de ese embeleco al que llamamos “realidad”.

Llega el lunes y vuelven los predicamentos: suena la alarma… ocurre todo eso de siempre y vuelve el ciclo. Es imperativo hacer algo por recuperar la capacidad de asombro y hacer algo diferente, por pequeño o grande que sea.

En nombre de esa normalidad hacemos muchas cosas que nos dañan y que dañan al mundo: consumimos más de lo necesario, somos infelices satisfaciendo a otros, vivimos desconectados del presente, le ponemos zancadillas a los demás, nos gastamos el dinero que no tenemos, le sonreímos a quien no nos importa y nos lanzamos al vacío para hacer mil locuras más ¿Qué es ser loco? ¿Qué es ser normal?

Wolfang Pauli y Carl Jung, dos genios anormales en su campo

La gente más feliz que conozco no es “normal”. Son unos completos anormales que viven su vida a su aire, son unos completos “vale verga”. Los científicos, los cocineros, los empresarios y artistas más descollantes del mundo no son normales; todo lo que tienen, todo lo que han hecho es producto de su anormalidad, de su capacidad de crear una singularidad en el sistema de conformidad y encaje.

Por eso no los juzgo por ser “raros”; es más, me pregunto todo el tiempo cómo ser menos normal, cómo ser más yo, cómo ser más libre, cómo ser más genuino, cómo no dejar que ninguna creencia o ideología me domine y por ende… finalmente, cómo poder ser más feliz.

 

 

😮

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3 comentarios en “La gente normal

  1. Esta entrada, me deja pensando cómo los postulantes a anormales que ya pasamos la adolescencia y todavia tenemos el tinte rebelde en las venas, podemos mantenernos originales a pesar de ese monstruo que es la normalidad que lo homogeneiza todo a cada paso que da. Cada día me gusta más tu blog. Abrazo.

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