Intuición – Osho ¿Qué hacer para salir de la trampa? (Leído)

Segunda parte

Continuamos con las reflexiones del libro “Intuición” de Osho. Ya revisamos la estructura y el funcionamiento esencial en la entrada pasada; ahora veremos cómo salir de la trampa.

Primero, hazte consciente de la estructura en la que funcionas, de los niveles básicos en los que se manifiesta tu comprensión del mundo ¿Cuál es la noción que tienes de realidad? ¿Qué es la realidad para ti? ¿Qué es todo aquello que experimentas, que sientes y que vives?  ¿Qué es aquello que claramente está en contra de lo que te dicen que es “real”? Sé que son preguntas difíciles, pero sus respuestas son poderosas y muy personales. Eres un ingeniero que diseña máquinas o software, trabaja con tierra, construye puentes o perfora túneles; me dirás que esa esa la realidad… te digo que ahí no hay ningún misterio.

¿Cuáles son los misterios de tu vida? ¿Qué te ha pasado que no has podido explicar? ¿Qué es aquello que ves todo el tiempo que no encaja en las reglas que crees que son estáticas? Piensa en todas esas ocasiones en las que lavándote los dientes o andando en bicicleta has resuelto esa ecuación o ese punto de diseño que no se resolvía. No fue tu intelecto; tu mente racional tiene un límite y unas reglas fijas, por eso no podía hacer nada. La que habló fue tu intuición. No le tengas miedo, ahí está, te la dieron, úsala.

Usa más lo sentidos, quítales el velo que has dejado que te pongan y permite que te conecten con la realidad. Veo muchos ingenieros a los que la realidad de sus diseños solo les funciona en “AutoCAD”; nunca van al terreno, no experimentan nada ni usan su imaginación para hacer un diseño a escala humana, a escala natural, un diseño elegante. Este es solo un ejemplo que se puede extender a más realidades.

Otro bloqueo son los condicionamientos sociales, políticos, económicos, religiosos y, sobre todo, ideológicos. ¿En qué crees fervorosamente? Y si eso fuera falso ¿Cómo sería? ¿Si fuera diferente cómo funcionaría? Al acto de pensar así hoy le llaman “innovación” y es el gran tema de moda (digo yo…); Osho nos dice que no es más que recuperar la intuición y dejarla salir libremente.

“Las creencias crean una especie de nube de contaminación y frenan la exploración ya que uno tiene miedo. Quizá te encuentres con algo que vaya contra tu creencia, ¿Entonces qué ocurre? Pondrá patas arriba toda tu ideología. Así que es mejor no explorar, quedarse confinado en un mundo definido, aburrido, muerto; sin sobrepasarlo nunca”. (p. 117).

Otro obstáculo es la tendencia a la racionalización. Somos propensos a llenarnos de explicaciones, teorías y razones que nos alejan de la experiencia real de las cosas. Vemos todo dentro de los límites de las propias racionalizaciones que somos capaces de hacer. Olvidamos que todo ocurre en un contexto, todo es relativo, pero nos aferramos a las creencias que tenemos y asumimos que la realidad es generalizable y estática.

Osho amplía su reflexión a otros bloqueadores: el sentimentalismo vacío y ruidoso; la represión (de la que ya hablamos en la entrada pasada) y la intuición corrompida, que no es más que la dificultad para saber escuchar la intuición y hacer algo con ella.

Osho también nos invita a hacer el tránsito a través del sentimiento. Esta quizás sea la meta más compleja para quien esté habituado a funcionar exclusivamente a través de su mente racional y la ceguera que representa. Hay un punto intermedio llamado “sentimiento”, conectarse con la experiencia de lo que nos ocurre, con la sensación que nos produce. El sentimiento es dejarnos tocar por la realidad y asumir una actitud permanente de aprendizaje y asombro:

“La estupidez es la repetición, la repetición de lo que hacen los demás. Es muy cómodo porque no tienes que aprender. El aprendizaje es arduo. Hay que tener agallas para aprender. El aprendizaje requiere que uno sea humilde. Aprender implica que uno esté dispuesto a abandonar lo viejo, uno tiene que estar constantemente dispuesto a aceptar lo nuevo. El aprendizaje implica un estado no egoísta… La inteligencia es la capacidad de renacer una y otra vez. La inteligencia consiste en enterrar el pasado y vivir en el presente”. (p.158–159).

Finalmente, hay una clave esencial para la intuición y para quitarle tanto poder al intelecto: estar relajados. La intuición aflora solo en los momentos de relax. Como el intelecto vive en el pasado y en el futuro, nunca en el presente, constantemente añora lo que deja atrás y se pone ansioso por lo que viene. Vivir así es nuestra neurosis constante, ya nos acostumbramos a vivir así, nos parece normal, es como una especie de locura colectiva.

La intuición es lo que estás y ya está. No tiene tiempo ni espacio, por eso espera en silencio a salir con calma cuando la razón se distrae o cuando ya no tiene más explicaciones ni marcos para dar. Por eso cuando damos una caminata, nos estamos duchando, nos cepillamos los dientes, tenemos una conversación relajada con amigos o simplemente sentados sin hacer nada “importante…”, es que vienen las ideas.

Entonces nos sentimos llenos de alegría, llenos de un gozo extraño que no podemos explicar con palabras porque es algo que el intelecto no dimensiona. Fuimos y vinimos a un lugar desconocido, misterioso, un espacio lleno de respuestas misteriosas… pero ¿A quién le importa el origen de la respuesta? ¡Finalmente se resolvió el asunto!

Por eso las sesiones de “ideación focalizada” (o de lluvias de ideas… o de innovación) son tan duras y muchas veces naufragan en la desazón y la frustración, porque el intelecto cree que puede con todo eso y aún, cuando empiezan a aflorar las ideas, como no las ve lógicas o no encajan en su estrecho marco de referencia, las empieza a descalificar y sancionar; cae fácilmente en eso de: “lo que dices no se puede hacer… no tiene sentido” y el otro intelecto empieza a defenderse para tener la razón… y no hay ideas ni soluciones porque el choque de intelectos acaba con todo.

Las intuiciones intentaron hacer algo, pero la mente se interpuso. Llegamos en tensión, no estamos relajados, seguimos compitiendo por ver quién es más “inteligente”, y el evento se convierte en una cumbre de tontos.

“El intelecto se toma su tiempo y, mientras ponderas, contemplas, piensas, desaprovechas el momento. La vida no te está esperando. Uno tiene que vivir el instante. Uno tiene que ser un auténtico guerrero, como dicen en el zen, porque cuando estás luchando en el campo de batalla con tu espada no puedes pensar. Te tienes que mover sin pensar”. (p. 169)

En síntesis, nos basta con guardar silencio, buscar nuestra guía intuitiva interior y escucharla sin intentar pasarla por el filtro de la mente, soltar la ansiedad por el resultado y por estar en lo “correcto”.

“Para el mundo, el éxito es la gratificación del ego; pero no para mí. Para mí, el éxito consiste en ser dichoso, independientemente de que te conozca la gente o no. Da igual que te conozca alguien o no, que nadie haya oído hablar de ti, que seas totalmente desconocido, que pases totalmente desapercibido. Si eres dichoso, has tenido éxito” (p. 173).

Si deseas leer el libro en PDF puedes encontrarlo en la sección libros gratis del blog.

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🙂

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