Así es como terminamos haciendo cosas que detestamos

Nos la pasamos mucho tiempo haciendo cosas que no tienen nada de grandioso ni de especial. Terminamos la vida andando por los “rieles” de la costumbre. Lo preocupante es que a esta ruta también la llamamos “carrera”. ¿Por qué nos ocurre esto? Quizás te lo hayas preguntado muchas veces y te chocas contra la pared del mismo callejón sin salida. Revisemos por qué terminamos haciendo muchas cosas que no queremos hacer…

Lo seguro…

Sin ser plenamente conscientes de eso (y de muchas otras cosas…), llevamos siglos viviendo en un mundo controlado por el miedo. Hoy día los métodos se han sofisticado y complejizado más. Como ya perdimos la fe en el cielo y el infierno, nos volvimos decididamente terrenales.

Nuestro miedo fundamental es el miedo a morir y con dinero suficiente podemos comprar la “suficiente seguridad” de seguir con vida. Juzgamos la seguridad en términos de la posibilidad de supervivencia que nos ofrece una decisión. Nos aguantamos un empleo que no nos gusta por el miedo a perderlo y tener que arreglárnoslas sin dinero. Vamos de vacaciones donde todo el mundo va porque es más seguro “no probar”, jugar en lo conocido. Seguimos en una relación en la que ya no queremos estar porque nos da alguna forma de seguridad. Visitamos siempre la misma tienda y compramos siempre lo mismo para estar más seguros.

Lo correcto…

La legendaria división entre el bien y el mal hoy día es una delgada línea que cada vez se diluye más por la influencia que ejercen las ambiguas razones para mantener “lo seguro”. Seguimos pensando que existen cosas correctas e incorrectas, un camino que debemos tomar y otro que no. Vivimos en la perplejidad de una aparente escasez de opciones y la nueva religión del dinero nos ha hecho creer que las opciones también se compran, lo que hasta cierto punto también es cierto.

La cuestión radica en que el bien y el mal, como lo he repetido hasta el cansancio, son dos juicios relativos. Una cosa y la otra dependen del marco de referencia desde el cual se miren. La idea de lo correcto también forma parte de las gafas de realidad virtual que nos han puesto; el bien y el mal están en permanente evolución social e histórica (se me salió…)

¿Cuántas veces has optado por algo pensando que es “lo correcto”? Y después de un tiempo te das cuenta de que has cometido tremendo error. Discernir una cosa de otra también depende de nuestra capacidad de análisis, de quiénes somos en el momento…, pero como también cambiamos (así no nos demos cuenta…) y ese cambio se llama experiencia, por eso es que despertamos cuando ya es tarde.

[Y] Lo que sea…

Esta es la cereza del pastel. Como nos agarramos de “lo seguro” para sobrevivir y buscamos hacer “lo correcto” para mantenernos en el camino de lo seguro [sin desviarnos], terminamos haciendo “lo que sea”. Esta es la “belleza” que encierra todo es este círculo vicioso y enfermizo en el que vivimos como humanidad.

Esto le ocurre tanto a los multimillonarios como a los seres más miserables de la cadena alimenticia. Hacemos lo que sea que nos ayude a sobrevivir y que parezca correcto al momento de hacerlo; tenemos siempre una justificación perfecta según nuestra escala de valores, así no tengamos idea de qué hacemos y por qué lo hacemos. Por eso terminamos en un trabajo que odiamos, rodeados de gente tóxica, en relaciones infructuosas, comprando cosas que no necesitamos y tratando de impresionar a gente a la que no le importamos.

En conclusión, se puede romper el círculo

La seguridad es una ilusión, la seguridad es limitada y parte a su vez de otra ilusión más encubierta, la “ilusión del control”. No controlamos nada. Por más planes y cálculos que hagamos no sabemos en realidad qué va a ocurrir ni cómo van a salir las cosas que pensamos; creer que controlamos algo se llama arrogancia. Ojalá que las cosas nos salgan lo mejor posible… damos lo mejor que podamos, pero también soltamos el control por el resultado. Algunos llaman a eso paz interior…

Lo que es correcto también es circunstancial, depende del contexto, de las personas implicadas y de las consecuencias estimadas, pero eso también puede cambiar con el tiempo. Quizás debiéramos aprender a pensar las cosas en diversos contextos, en escenarios múltiples, probar más con el “¿Qué tal si…?”, en vez de empecinarnos en continuar con ese pensamiento escolar de la respuesta única y correcta para pasar el examen.

Finalmente, y quizás lo más complicado de esta ecuación, es darnos cuenta de qué es lo que  en verdad queremos en la vida, de aquello con lo que vibramos, que nos gusta, que nos hace genuinamente felices, aquello que resuena con nuestra salud innata.

El día que sepamos lo que realmente queremos para nosotros, no nos importará arriesgarnos a hacer aquello que parece incorrecto…

 

 

😀

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Un comentario en “Así es como terminamos haciendo cosas que detestamos

  1. Creo que mi mayor victoria es haber llegado a la madurez haciendo lo que siento, ya hice lo que debìa y no querìa, ya hice lo que me habìan enseñado era lo màs seguro y “razonable”, ya hice lo que le convenìa a los demàs, ya hice lo que la religiòn , en su momento, me indicò que de ese modo irìa al Paraìso y Dios me premiarìa, ya hice lo que la sociedad indicaba que una buena madre debìa hacer…y ser, ya hice tantas cosas que no pude “deshacer”, ahora soy lo que quiero, lo que siento y lo que pienso, me costò frustraciones, inmensos dolores y fracasos, daños irreparables, pero gracias a eso, hoy SOY

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