Las puertas que se abren, si no se cruzan, tardan tiempo en volver a abrirse

Tengo una amiga que está aburrida en su trabajo… como lo está el 90% de la gente que conozco. Me preguntó por una vacante que hay donde trabajo y empecé a explicársela porque sé que tiene todo lo necesario para aplicar y para ser exitosa en ella…, pero “llegó el pero…”.

Cada cosa que le mencionaba, cada cosa que le decía, me la refutaba con esa palabreja castrante: “pero…”. A cada cosa le encontraba su contra y su desventaja, veía su propia limitación y su aparente problema para asumir lo que el cargo exige.

Parece una cosa sencilla, una situación hasta trivial, pero ¿Cuántas puertas y oportunidades nos cerramos por los “peros” que nos ponemos a sí mismos? ¿Cuántas puertas nos negamos a cruzar porque creemos que no tenemos lo necesario para hacerlo? Queremos hacer cambios, queremos que lleguen cosas nuevas a la vida y simplemente nada ocurre porque no damos pasos hacia ese lugar.

La metáfora de la puerta que se abre es perfecta. Estamos en un lugar, ocupamos un espacio determinado y cuando nos acomodamos ahí asumimos que es la realidad, se nos vuelve el mundo conocido y poco a poco, sin darnos cuenta, armamos como una especie de caja alrededor de nosotros y, en el peor de los casos, la caja termina teniendo paredes y estando techada y oscura…

No obstante, en algún momento, por algún chispazo, nos damos cuenta de la caja o nos sentimos atrapados por ella y finalmente queremos salir. La puerta o las puertas se insinúan, pero muchas veces el miedo, manifestado en inseguridad, nos paraliza y no nos deja cruzar la puerta.

Cuántas veces nos preguntamos: ¿Y qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué es todo lo que tengo que perder aquí? ¿Y si en realidad lo perdiera cómo podría recuperarlo? El problema es que actuamos al revés de las aves, confiamos más en la rama que en el poder de nuestras propias alas. Al ave no le importa si la rama se rompe o no aguanta su peso y se dobla; si algo de eso pasa, el ave alzará el vuelo y buscará otra rama.

¿A qué rama de cuál árbol te estás agarrando ahora? ¿Hacia dónde puedes volar? ¿Cuáles son las puertas que se están abriendo y te da miedo cruzar? ¿Qué o quién te llama del otro lado? Cierra los ojos y visualízalo un rato… y cuéntanos a todos aquí dejando un comentario…

 

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3 comentarios en “Las puertas que se abren, si no se cruzan, tardan tiempo en volver a abrirse

  1. Justo en este momento de mi vida me encuentro en una situación similar, y algún tiempo escribí algo del dolor que produce salir de la zona cómoda, excelente reflexión Paulo, muchas gracias por compartirla. Cp.

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