Día 6: Olvídate del cuento de hadas de la felicidad

Casa-sencilla

Ahora por decirte esto no te vas a volver un “infeliz” solo por experimentar la contra–idea. ¡No! Además de que tienes esa cierta propensión a la infelicidad y al desasosiego. Más que nada, creo que lo importante es que nos hagamos muchas preguntas y que nos aseguremos de que queden claras unas cuestiones clave:

La felicidad es una cuestión subjetiva

¿Cuál es tu definición de felicidad? Ya sé… algo que buscamos. Detengámonos en las dos palabras clave de esta afirmación. Primero, pensamos que la felicidad es un objeto, algo que está ubicado en algún lugar, un producto de supermercado que hay que ir por él y que si tienes el suficiente dinero puedes comprarlo e inclusive anunciarlo a tus contactos… porque además está visto que “anunciar la felicidad propia” da más felicidad.

Lo segundo es que, al ser algo, entonces hay que buscarlo. Es así como tenemos una lista de situaciones, personas, animales y objetos que catalogamos como “generadores de felicidad” y una vez que encontramos lo que buscamos nos damos cuenta de que esa “sensación de felicidad” es pasajera y se va rápido, lo que nos obliga pasar de nuevo a la siguiente búsqueda y así sucesivamente.

Es una perfecta carrera de ratas que mantiene funcionando este sistema. Si antes la felicidad era lograr la gracia de Dios y la vida eterna, ahora es un problema de capacidad de consumo o la típica fotito mirando el horizonte con los brazos abiertos (cliché).

Lo tercero es que nos hemos dejado echar el cuento de que la felicidad es algo que está fuera de nosotros… sea lo que sea que es. Por eso es que me vuelvo reiterativo preguntándote: ¿Cuál es tu definición de felicidad? Porque quizás ese es el juego, que de una vez por todas te des cuenta de cuál es tu definición de felicidad e incluso que te des a la tarea de definirla claramente y con certeza (si pudieras escribirla sería mucho mejor).

Bien hasta aquí vamos de lo más racionales, cosa que nos sirve para los fines la tarea de este día. Ahora movámonos a otra distinción…

La felicidad, sea lo que sea que es, es un estado del alma

Entonces si hablamos de un “estado” la cosa se enreda un poco más. Si te dije que una definición propia es algo subjetivo, un estado del alma lo es todavía más. Nadie influye en tus estados. El cómo estamos es una decisión netamente personal. Adicional a eso pensamos que la felicidad es un estado de puras sonrisas, lo cual es parcialmente cierto. Confundimos fácil la felicidad (estado) con la emoción (situación)

Hay quienes estamos bien en casa encerrados leyéndonos un buen libro o viéndonos una buena película y habrá otros que están bien en la discoteca de moda con 110 decibeles encima, luces, olores de todo estilo y “gente linda”. ¿Cuál es la verdadera felicidad? ¿Vas comprendiendo el sabor que tiene esto? Nadie sabe, solo sabemos cuál es nuestra propia felicidad. ¿Cuál es tu felicidad? ¿Te le mides a construir tu propia definición de felicidad? ¿Sabes qué te mantiene feliz? Parte del cuento de hadas es que nos tragamos entero el cuento de que la felicidad es algo “muy especial”.

La felicidad, al ser un estado, es algo que experimentamos, es una vivencia, una situación interior que incluso van más allá del alcance del lenguaje. Solo haz el ejercicio de intentar hablar de tu felicidad, pero de nuevo, de la genuina felicidad, de la que te sale del alma, no de la que se produce artificialmente luego de desempacar el nuevo juguete y empezar a usarlo. Lo último es un embeleco, un narcótico, la felicidad del alma es algo que, aunque parezca que se sale del camino a veces, regresa pronto a través de la consciencia y nos reconecta.

El combustible del propósito

Hace poco vi una película y en uno de los diálogos uno de los protagonistas decía algo como: “Lo más importante de la vida es el amor” (cliché…). Luego el otro protagonista le respondió: “No, lo más importante de la vida es tener un propósito”. Ponte a pensarlo un instante con calma ¿Cómo es una vida sin propósito?

Piénsalo, en serio…

¿Cuál es tu propósito?

Piénsalo, en serio…

¿Vives según ese propósito? ¿Qué haces para que así sea?

Piénsalo, en serio…

¿Cómo te sientes cuando honras ese propósito (que pueden ser varios propósitos)?

Piénsalo, en serio…

Te vas dando cuenta de que eso de la felicidad no es un cuento de hadas ni una cuestión esotérica. Por el contrario, posiblemente sea una de las cuestiones prácticas más racionales, concretas y exigentes con la que nos enfrentamos en esta existencia. Es el compromiso del alma de volver sobre sí misma, de re–encontrarse, de re–conectarse con su propia gracia.

Cuando recuperamos la coherencia y estamos en el camino creativo de lo que verdaderamente nos importa, de lo que genuinamente decidimos ser sin miedo ¿No crees que hay más amor en una vida vivida así? ¿Acaso hay definición más exacta de felicidad? Es tu propia respuesta la que importa.

 

*

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2 comentarios en “Día 6: Olvídate del cuento de hadas de la felicidad

  1. Otro punto a tu favor en el texto: la coherencia, y como bien dices, la felicidad es subjetiva, “al que le gusta, le sabe”. Cp.

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