Día 1: Lo que otros piensan de ti no es tu problema

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Entonces vamos a empezar. Te has pasado la vida haciendo y siendo lo que otros te dijeron que fueras, pero no aprendiendo a ser quien eres. El problema es que en ese camino no te pudiste volver a encontrar y por eso te perdiste.

Entonces cuando te dicen que eres un caso perdido a la larga es muy bueno, porque quiere decir que no te dejaste imponer un camino. Pero bueno, no es tu caso ni es el mío tampoco. En realidad, no tenemos ni jodida idea de quiénes somos ni de qué queremos y por eso es que cualquier cosa, por dañina y perversa que sea nos parece que está bien, porque alguien más nos dijo que “convenía” y nos tragamos el cuento de que así era.

Qué tal hacer el ejercicio de mandar para el carajo a todo el mundo. Nada más piensa en la cantidad de paz que eso nos puede dar. Solo piensa en todo lo que hemos dejado de hacer por estar pensando en lo que otro podría pensar sobre lo que hacemos, como si fuera problema nuestro lo que piense. Que piense lo que quiera, no mandamos en los pensamientos de nadie ni tenemos por qué darle poder a los pensamientos ajenos en nosotros ¿Para qué? ¿Me vas siguiendo el fondo de este jueguito perverso?

Ah sí, verdad, es que te da miedo quedarte sola. La soledad es una ilusión, ahí te dejo esa perla. No me creas, no necesito que lo hagas, pero prométeme que por lo menos lo vas a pensar. Aquí va el mantra de nuevo: “La idea de la soledad es una ilusión”, no estoy solo, hay mucho a mi alrededor, simplemente no lo veo o estoy esperando no sé qué, a que llegue un ángel alado a decirme con ternura que soy especial y que estuve de malas en la repartición de desgracias y que por eso nadie me entiende… Tal vez estés esperando al príncipe azul o la chica diez, pero esas son ilusiones que viven en un mundo que no es el tuyo y que fuera de eso piensas que es real.

Deja de compararte porque quizás vivas la mejor versión de “vida” que puedes vivir y cada comparación que haces es relativa. Quizás lo que crees que es una maravilla para otra persona, en el fondo lleve para ella una pena tremenda. Una casa muy grande puede hacer sentir a alguien muy solo y una muy pequeña hacerle sentir a otro muy pobre; luego, si haces el ejercicio de cambiarles de casa entonces una extrañará lo espaciosa que era su antigua vivienda y el otro extrañará lo cálida y acogedora que era su “pedacito de cielo”.

Casi nada nos tiene contentos hoy día. Lo que nos falta a vos y a mí es experimentar de todo, escuchar a mucha más gente y darnos cuenta de que la realidad SIEMPRE es una cuestión RELATIVA. Nos falta sentirnos admirados de nosotros mismos, pero sin esos cuentos del “ego” de que somos “superiores y escogidos”, sino experimentar la admiración de vernos haciendo genuinamente lo que decidimos hacer.

 

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