Lo que ocurra

Lo que ocurra

¿Para qué empeñarnos en explicar todo lo que nos ocurre? Así tengamos explicaciones sobre cada experiencia, en sí mismas son inútiles. Casi nunca somos capaces de poner en palabras la experiencia. Es como tener mucha información sobre los ríos del mundo, su ubicación y caudal, pero no sabemos nada del agua. Tendríamos que bañarnos en el río o beber su agua, y tal vez demos una descripción de lo que nos pasó a cada uno, pero nunca será “la experiencia”.

Viajamos, conocemos muchos lugares y mucha gente, pero ninguna narración, ni ninguna foto publicada en Facebook da cuenta de la experiencia, del olor, del sabor, la temperatura, los mosquitos, el cansancio, los pies hinchados, la sorpresa, el hastío o cualquier otra cosa experimentada. Esto es tan subjetivo y lejano como somos…, es una singularidad.

Últimamente andamos ocupados tratando de explicar las experiencias que tenemos y entonces nos preguntamos: ¿Qué es el amor? ¿Qué es ser padre? ¿Qué es viajar al fin del mundo y volver? ¿Qué es la vida en general? ¿Qué es el cielo? ¿Qué es una flor? ¿Qué es una tempestad? ¿Qué es amanecer? ¿Qué es Dios? ¿Qué es el alma? ¿Qué es todo?  Retórica e ideas, y cada vez menos experiencia. La vida como un videojuego. Ya casi no presenciamos nada.

Cuando explicamos algo lo “cosificamos” y ¡Nos desconectamos de lo que ocurre! Nos apartamos de la experiencia de la vida, le vamos quitando sabor a la existencia y a lo que sucede y transcurrimos en la “prueba científica” o en “enjuiciar” a través de la “explicación”. Nos vamos a otro país a comparar su comida con la nuestra. Vivimos con una pareja comparándola con la del vecino o con la que teníamos. Andamos en una bicicleta que no gozamos porque es de acero en vez de ser de aluminio… nunca es suficiente, nuca es como queremos.

Nos sentimos “superiores”, suficientes y tranquilos porque tenemos la cabeza llena de explicaciones, como si eso cambiara algo, para que nada “no nos toque”, como un camino para afirmar nuestra identidad de “criaturas recién paridas por el cielo” separadas del todo. La cuestión se complica si esas explicaciones van acompañadas de un título que nos acredita como “expertos” o “autorizados”.

Aquí no se trata de ir contra la ciencia, por el contrario. Las explicaciones son necesarias para generar soluciones, estimular la creatividad y la innovación y movilizar la curiosidad intelectual. De ningún modo sería justo afirmar que “está mal” buscar explicaciones. La contradicción está en convertir eso en el fin único de la vida para encontrar “paz”, mientras que el “experimento de la experiencia” espera por nosotros. También hay mortales felices que son solo ignorancia y que pasan de largo por cualquier explicación y que creen que tienen experiencias… así estuvieran borrachos e inconscientes.

Que pase lo que tenga que pasar, como venga, como sea. Así como viene, así conviene. No tiene caso pelear. Sin quejas, sin chirridos, como venga es un maestro, es la experiencia que finalmente hemos creado interiormente.

 

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