¿Qué harás cuando te bajes del yate?: El miedo a la imagen pública

Chicas en bikini-yate-2

No te preocupes por lo que le piense la gente, generalmente no están pensando nada útil

Es amplio el espectro de infelicidad actual porque estamos demasiado pre–ocupados por “cuidar” nuestra imagen pública… Trabajo muchísimo alrededor de ese miedo con mucha gente que, si les tocara venderían el alma y hasta a su mamá solo por “quedar bien”, solo por “dar la mejor imagen posible” ante los demás, no sé realmente para qué, porque al final del proceso siempre nos damos cuenta de que a nadie le importa, la supuesta imagen que quieren dar muy rara vez tiene consecuencias. Es un cuento sobrecogedoramente psicótico.

La mejor imagen “posible”

Hace poco veía en las noticias a los chicos de un colegio que “juegan” a colgarse de un muro (6 m. de altura) y a grabarse vídeos para luego publicarlos en redes sociales y con esto “ganarse el respeto y la admiración de sus amigos”. ¡Sí, es real! Construimos admiración a través de las imbecilidades que hacemos. Luego crecemos y sofisticamos el nivel de estupideces y empezamos a hacer un montón de tonterías pensando en qué pensarán los demás.

El problema es que, a estas alturas, el asunto incluso se ha vuelto más inconsciente que real. Por lo menos los adolescentes que menciono hacen algo y esperan un resultado concreto, los adultos lo hacen y ni si quiera se percatan de que lo están haciendo y mucho menos tienen claro el resultado que buscan porque cuando lo tienen ni siquiera lo entienden y, así lo entendieran, seguirían en el mismo narcisismo adolescente cambiando un problema por otro. Entonces el predicamento empieza con: ¡Qué va a decir mi jefe si yo…! ¡Qué van a decir mis compañeros si yo…! ¡Cómo voy a quedar yo en esa junta si… por ejemplo digo que… acepto que… niego que…!

A todos nos ha pasado: ¿Cuántas cosas dejamos de hacer y de decir solo por estar pensando en qué dirá alguien más? Y dejo constancia de que todavía no me he metido con la “clínicamente–compleja–situación” en la que el cuento es: ¡Qué va a pensar mi padre / madre! ¡Qué va a pensar mi familia…! Casi siempre la causa viene por ahí… ¿No crees…? En todo caso no me quiero meter más en esos terrenos. El punto es que, finalmente, entregamos la tranquilidad de “sabernos como somos” (nuestra identidad) para movernos al vaivén de las opiniones que los demás tienen de nosotros mismos.

Generalmente nadie está pensando nada útil

En estas conversaciones también descubro que, aunque tenemos muchas opiniones de los demás, terminamos estando tan preocupados de lo que otros piensen de nosotros que ni siquiera pensamos en lo que hacen o dejan de hacer otras personas. En todo caso, para resumir, estamos tan atrapados en nuestro diálogo egocéntrico que no nos importa lo que hacen los demás así que, a la larga, no le importamos a casi nadie en absoluto.

¡Un momento! Posiblemente alguno de ustedes conoce y padece a esa vieja chismosa del vecindario o de la familia (o ese compañero de trabajo “lengüilargo”) que vive en función de juzgar y comentar todo lo de los demás pero, si te fijas con cuidado,el problema en realidad es con ella misma, con la inconformidad que padece con su propia miseria, en realidad nadie le importa, en realidad no sabe “nada de nada” sobre nadie que no sea ella misma, más bien lo que hace es usar a todo el mundo para emitir y endosar sus opiniones. Todos somos sus instrumentos de descarga, los lienzos de su chisme.

Paralelamente, en el permanente parloteo que mantenemos en la cabeza, casi nunca estamos concentrados en nada importante, entonces es cuando nos fijamos en las tonterías de los demás como una estupenda vía de escape para nuestro ruido interior, porque si nos prestáramos más atención, si nos aquietáramos y de verdad escucháramos todas las boberías en las que pensamos durante el día nos sorprenderíamos del océano de estupidez mental en el que flotamos. Nos abrumaría lo deformada que está la imagen de sí mismos y de lo de presuntuosos que solemos ser cuando calificamos a alguien más sin hacernos cargo de nuestra propia basura.

Es un miedo y como cualquier miedo es imaginario

Lo anterior nos conduce al siguiente hallazgo: ese miedo al “qué dirán”, ese miedo a la opinión de otros y a cuidar la imagen, es tan imaginario como cualquier otro miedo. Claro que sí, hay miedos reales, hay miedos fundados en la realidad, en los fenómenos, en los acontecimientos. Un jefe con una “mala imagen tuya” puede pensar rápidamente en despedirte en el momento de un recorte de personal; eso es absolutamente práctico y posible, pero la cuestión aquí es que suele ser mayor la película mental que nos armamos que lo que realmente ocurre con nuestra imagen.

Puede que digan muchas cosas de nosotros, puede que hayan muchas opiniones formadas en mucha gente sobre lo que hacemos, pensamos y decimos, pero al final del cuento son nuestros actos los que determinan la realidad de todo eso que se habla. Como dicen: “No hay que hablar de las cosas, solo hacerlas, porque al hacerlas ellas hablan solas”.

Dispuestos a lo que sea, así no importe para nada

Por aplacar ese miedo y quedar “bien para la foto” estamos dispuestos hacer lo que sea. Desde renunciar a lo que nos gusta y nos importa, hasta soportar un trabajo de mierda que nos aburre y nos abruma porque: “cómo dejo este trabajo, después de qué voy a vivir, qué tal si pierdo todo lo que tengo…”. A esto también se suman sacrificios exagerados, abandono de la familia y los amigos, trabajo a horas “no adecuadas”, aguantarse un jefe insoportable y en general una compulsiva necesidad de hacer cosas sin sentido solo por “impresionar” o por no perder esos instrumentos que usamos para impresionar.

Insisto en una pregunta que me vengo haciendo hace tiempo: ¿Qué sería del mundo si pudiéramos hacer todo aquello que de corazón queremos hacer? ¿Qué sería de tu vida si hoy estuvieras haciendo eso que de verdad te nace hacer? No me refiero a la escena del yate de tour por el Caribe con chicas en bikini y una provisión ilimitada de whisky… ¡No! hablo de lo que genuinamente quieres hacer en la vida, desde tener más tiempo para compartir con tu familia, hasta realizar ese viaje con el que siempre has soñado.

En serio, no culpo a nadie por soñar con esto... el problema es otro en realidad...
En serio, no culpo a nadie por soñar con esto… el problema es otro en realidad…

Nota: Aclaro que no estoy en contra del sueño del yate, si es que eso es lo quieres hacer de verdad… es complemente respetable; con las preguntas me refiero a lo que harás una vez te canses del mar, de la idiotez de tus bronceadas acompañantes y de beber solo whisky. Me refiero a ¿Qué harás cuando te bajes del yate? ¿Qué harás cuando mandes a la mierda todas esas opiniones que no te dejan ser libre? ¿Qué harás cuando dejes de hacer cosas por agradar a otros?

¿Qué harás cuando no te importe nada de lo que otros piensen de ti y te dediques hacer genuinamente lo que de corazón deseas hacer?

Si todavía tienes dudas de qué puedes hacer, aquí te doy algunas recomendaciones: Técnicas básicas para mandar a la mierda a otros

 

Crédito de las imágenes:

http://www.surfing-news.com/wp-content/uploads/Ashley-Greene-Vanessa-Hudgens-bikini.jpg

http://www.cdn.rsvlts.com/wp-content/uploads/2014/01/@shaynateresetaylor-4.jpg

 

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5 comentarios en “¿Qué harás cuando te bajes del yate?: El miedo a la imagen pública

  1. Hasta para escribir un comentario tengo miedo de qué poner 😀
    Te felicito por tu blog, por tus palabras bien escritas y expresadas… y por inspirarme a reflexionar (el hacer ya es mas costoso).

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