Conversaciones incómodas: ¿Qué nos bloquea para tenerlas?

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Conversar es un arte para el que estamos poco entrenados.

Lo común es que nos eduquen en el “monólogo”, es decir, en hablar y hablar para nosotros mismos sin entablar ningún intercambio con nadie. Esta entrada le da inicio a una corta serie en la que revisaré el tema de las conversaciones incómodas y, sobre todo, las que tienen que ver con las conversaciones de confrontación. Sin más preámbulos, vamos al grano.

¿Qué es conversar?

Conversar es acción. Conversar es una forma de comunicación caracterizada por el intercambio de ideas, la escucha presente y la generación de acciones. El mundo que conoces está basado en conversaciones. Sí, ese viaje que hiciste, la pareja que tienes, el proyecto que emprendiste, la fiesta que armaste y el auto que conduces, si te fijas con calma, son el producto de conversaciones en las que declaraste cosas con las que tú y otras personas se comprometieron. Por eso digo con sencillez que la conversación es acción y a su vez es una forma de generar más acción.

También hay monólogos que generan acción, sin duda alguna, pero no pasan de ahí. Los monólogos, en muchos casos, generan obediencia y en otros “producción de gente resentida”, gente que “hizo caso”. A no ser que tu seas un “hombre de las montañas” (como los de History Channel) o un legendario maestro zen que vive como ermitaño en una montaña y que hagas todo por ti mismo, verás que vivimos en un mundo que se mueve por las conversaciones.

¿Cuál es la diferencia entre conversar y hablar?

Piénsalo un poco, despacio, es una diferencia sutil, es una diferencia de alcances y escalas, una diferencia de medio y resultado, una diferencia de herramienta y propósito. En la conversación usamos el habla para comunicarnos, entre otros recursos: imágenes, gestos, datos, muestras, ejemplos, actos, etcétera. En la conversación hay intercambio y aparecen varios elementos combinados.

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¡Sí, yo hablé el tema con tal persona…! ¿Te has visto diciendo eso? A veces es una explicación un tanto tranquilizadora decir que “hablamos de algo con alguien”, pero en el fondo ni siquiera estamos seguros de si pasó o no pasó algo con eso, no estamos seguros de si se generó o no acción. Dejo el tema hasta aquí, prefiero que tú determines cuál es la diferencia entre conversar y hablar. Espero que no me malinterpretes, no todo tiene que ser “conversación”, tampoco se trata de ensalzar tanto el tema.

Entonces ¿Por qué nos parece tan difícil?

Se nos dificulta por los juicios que tenemos sobre el conversar, sobre sus efectos, sobre nuestra competencia para hacerlo y sobre las emociones asociadas al acto en sí, en especial si se trata de conversaciones que juzgamos como “difíciles”. Ahora vayamos despacio y por partes:

La cuestión interna: el asunto de conversar depende de lo que juzguemos de la conversación en sí. Para muchos de nosotros abrir una conversación para organizar una fiesta puede ser la cosa más compleja y estresante del mundo; para otros organizar una fiesta puede ser el comienzo de la fiesta en sí misma, algo lleno de alegría y disfrute. De nuevo, es cuestión de enfoques y de las creencias que tengamos alrededor del evento sobre el que vayamos a conversar (la “fiesta”).

El principal bloqueador interno de las conversaciones, sobre todo si estas se juzgan como “difíciles”, tiene que ver con la emoción del miedo. El juicio genera la emoción y la emoción refuerza el juicio, aunque esta discusión de “huevo y gallina” no nos importa por ahora. El punto aquí es que, en el fondo, tenemos miedo y este se manifiesta a través de varias tendencias.

Miedos-conversarLa cuestión del entorno: la cultura en la que vivimos también le pone presión a los juicios y a las posibilidades concretas que tenemos para abrir conversaciones. Si hacemos un ejercicio de observación muy básico, podemos darnos cuenta de que hay cuatro formas en las que sociedad y la cultura ejercen control sobre nosotros y nos limita para actuar (conversar):

  • No puedo (política): tiene que ver con la determinación de lo que se puede o no se puede hacer, del control práctico de lo que es factible hacerse. Se relaciona con la capacidad de acción. Cada que escuches expresiones del tipo “¡Aquí el que puede (o no puede) hacer esto o lo otro es…”, “¡Limitémonos a esto o lo otro…!”, “¡No nos podemos salir de ahí…!”, “¡Se hace lo que yo diga…!” son ejemplos de ejercicios de poder. Llevados al plano de las conversaciones limitan lo que se puede o no decir, así como el a quién, cuándo, cómo y por qué decirlo.
  • No sé (conocimiento): se relaciona con la limitación de abrir conversaciones dependiendo del conocimiento, títulos, experiencia, antecedentes y formación que tengamos. Si no tenemos el conocimiento suficiente simplemente sentimos que no tenemos “derecho” ni posibilidad de abrir conversaciones. En algunos sentidos y ámbitos esta restricción a través del conocimiento tiene sentido y utilidad (sería muy peligroso que yo me fuera a impartir conferencias sobre “histerectomías”), pero en otros ámbitos bloquea muchas posibilidades de abrir conversaciones e intercambiar puntos de vista.
  • No debo (moral–religión): tiene que ver con la limitación de lo que es correcto o incorrecto hacerse desde el punto de vista de los imperativos morales y de los juicios de “bueno” o “malo” que funcionen en una sociedad. A veces puede traslaparse con la restricción del poder y parecer una sola cosa. Por ejemplo, hacer la “excepción” a una regla puede ser “correcto” para ayudarle a alguien, pero en la práctica (poder) sería un error de ahí en adelante porque se iría en contra de la norma misma y sería insostenible.
  • No tengo (economía): se asocia con la posibilidad de estatus, posición, bienes materiales, argumentos, incluso también conocimiento. En este caso la cultura bloquea a quien no tiene nada, al “desposeído” y le coarta la posibilidad de abrir conversaciones porque estas se reservan solo para los que “tienen” algo tangible o intangible.

Ya revisamos cuáles son los miedos internos y cómo nos limitan la posibilidad de abrir conversaciones; también ya exploramos cómo la cultura y la sociedad aportan a las “dificultades” para conversar. Todos estos factores juntos se combinan y sin duda generan más factores que los mencionados aquí. Piensa en otras combinaciones y te darás cuenta.

En las próximas entradas veremos:

Conversaciones incómodas: ¿Cómo confrontar?

Conversaciones incómodas: ¿Qué hacer si las cosas se enredan?

Conversaciones incómodas: ¿Cómo conversar para corregir lo que no va bien…?

Gracias por pasarte por aquí y recuerda que puedes aportar tus comentarios y experiencias al final de la entrada que sin duda serán de utilidad para todos.

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2 comentarios en “Conversaciones incómodas: ¿Qué nos bloquea para tenerlas?

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