
Y cómo juntas se parecen a una mesa de cuatro patas que busca el equilibrio…
Muchas veces nos preguntamos por qué una relación de pareja no nos funcionó, qué falló y por qué todo al principio parecía tan claro y agradable, para luego dejarse consumir, erosionarse y desaparecer. Veamos esto en este sencillo modelo de las 4A de la relación de pareja. Una ecuación simple que nos da una idea intuitiva de cómo mantener una relación en equilibrio.
Las 4A
Atracción: Se activa en la etapa inicial (también llamada limeranza) caracterizada por la intensa fascinación, la pasión física (ganas…), la idealización de la otra persona y la invasión «neuro–química» cerebral. En esta fase, vemos a la pareja como perfecta y activamos todas las proyecciones, es decir, nos gusta de esa persona lo mismo que nos gusta de nosotros mismos o lo que quisiéramos ver en nosotros y no vemos (y todo esto es inconsciente).
Desde luego, la atracción puede apagarse o sostenerse. Es fácil que nos acostumbremos al “atractivo” o a lo que la persona nos producía (o le producíamos al otro). Una vida sexual sostenida y continua le da combustible a esta pata de la mesa; lo contrario, desde luego, la va deteriorando. Cada uno de nosotros desde su espacio subjetivo ve y vive la atracción a su manera. El asunto es que te des cuenta de eso, que lo hagas consciente.
Afecto: Acá entra el corazón, la resonancia con el alma, la conexión más allá de lo aparentemente físico. Esta es quizás la parte más difícil de explicar, concebir y “administrar”, porque confundimos muchas cosas con afecto (nótese que hasta acá no he usado la palabra “amor…”, ni la usaremos).
La incondicionalidad, el apoyo, la búsqueda genuina del bien del otro, el cuidado por la libertad, la entrega, el respeto, el no–juicio, la aceptación y demás actitudes similares, terminan definiendo el afecto. Esta pata en sí misma conlleva muchas cosas, por eso es tan crítico comprender desde qué lugar estamos haciendo lo que hacemos por otro; el matiz central está en el desinterés, es decir, en no caer en la “manipulación controlada” y el control del ego.
Admiración: puede llegar a confundirse con la atracción, pero digamos que esta pata es una forma de conexión que no toca lo físico–sexual, sino lo intelectual, espiritual, ético y cultural. La admiración se relaciona con lo que vemos relevante como logro o conquista existencial en la vida personal del otro.
Reflejamos la admiración en sus cualidades, en su trato y maneras, en la forma como ha logrado construirse a sí mismo (a), en su ser “como símbolo”. Desde luego, la admiración es donde quizás mejor se cocinan las proyecciones que ponemos en el otro, pero también es una pata que termina actuando en la sombra desde nuestra misma sombra. A veces no sabemos por qué nos cansamos de una persona, y resulta que descubrimos que quizás nunca nos ha inspirado, pero la atracción ayudó a que todo se confundiera y camuflara. La admiración lleva adjunto ese sentimiento de que “quiero emular a ese otro”, me gusta lo que hace o piensa, me gusta lo que tiene y ha conseguido, la forma como entiende el mundo, como resuelve problemas, tal o cual tema que domina, etc. El asunto, desde luego, es desde dónde nace esa admiración y qué genera después… porque esta patita puede degenerar en apego y en minimización (propia o del otro).
Afinidad: esta pata tiene que ver con qué nos conecta entre sí, qué tenemos en común, qué nos diferencia y hasta qué punto estamos dispuestos a aceptar diferencias. La afinidad se relaciona también con la facilidad para construir una realidad compartida, es decir, “estar en la misma página”.
La afinidad no significa tener que estar de acuerdo en todo, al revés, también conlleva el hecho de ponernos de acuerdo frente al desacuerdo y cómo mantener el vínculo inmune pese a las diferencias. La capacidad de mantenerse y volver a elegirse pese a las diferencias, juega en el terreno de la afinidad. El respeto por tu tiempo y actividades diferentes (y viceversa), es una construcción desde la afinidad. “Somos afines porque sabemos cómo estar juntos, aun en medio de las diferencias que también reconocemos”. La afinidad, nos guste o no, también se comprende por comparación: si estamos con una pareja que luego descubrimos que, frente a otra que teníamos, no somos tan afines…
La afinidad surge en las pequeñas cosas que se comparten, en esos detalles mutuos que van rotando y hacen que el tiempo compartido tenga sentido. La afinidad se construye (o destruye) con el tiempo, el compartir y la convivencia, especialmente cuando surgen los conflictos… nos vamos “dando cuenta” de si somos o no “afines”.
El balance en las patas de la mesa
Si lo piensas, una relación (mesa) bien balanceada es una experiencia altamente gratificante, pero desde luego, no se logra por arte de magia… requiere de muchísimo trabajo, paciencia, aceptación, apuestas, conversación, superación de conflictos y respeto a los acuerdos. Por eso es que las relaciones de pareja son un escenario tan complejo, hay muchas variables qué balancear en esa ecuación, es un proceso dinámico.
Como quizá hayas podido deducir, esto es en doble vía. No es que yo cuido las cuatro cosas y la otra persona solo tiene dos o tres… y viceversa. Estamos balanceados ambos o no lo estamos… porque el desbalance en algún punto generará tensión y tirará todo por el piso.
Una pata puede estar fallando y la mesa seguir en pie, eso también es fácil intuirlo. También eso pasa con el tiempo… puede que la atracción mengüe o se atenúe, pero otras patas se fortalezcan. De nuevo, todo es una cuestión de balance.
Ahora llévalo a tu realidad
Piensa en tu relación… y pásala por este «filtro de las 4A de la relación de pareja», observa cuál pata es más fuerte y cuál no. Qué sostiene la mesa, si está pareja o dispareja, bailando o fija… Puede que una pata está gruesa o más alta… quizás a algo le estemos dando más atención de la necesaria o en detrimento de lo otro. ¿Cuál es nuestro momento de vida como individuos y como pareja?
Relación = Atracción + Afecto + Admiración + Afinidad
Has ejercicios de análisis del tipo: una relación que se base solo en la admiración y deje un poco de lado lo otro… ¡Hummm! Se puede volver “amor platónico”. Una relación que sea solo afecto y lo demás casi marginal, se vuelve “amistad–hermandad” (pura y dura) … Y así sucesivamente, se puede hacer muchas combinaciones y preguntas… el asunto es ver: ¿Dónde estás tú?, ¿dónde está tu relación?
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