
Para muchos de nosotros, la vida no está fácil y de varias formas se va complicando más. Sin embargo, como dicen por ahí, “ningún buen marinero se ha hecho en un mar en calma”. Veamos ocho consejos e ideas que me “llegaron” para navegar estos tiempos turbulentos… y, sobre todo, para aprender de ellos.
1. Esto también pasará: esta idea está bien arraigada en la noción de “impermanencia” del budismo. Todo sucede aquí y ahora, es dinámico, cambiante; lo que nos da la impresión de materia estática y sólida es la dificultad de la mente y los sentidos para percibir los micro–cambios constantes. Así mismo, toda tormenta tiene su fin, tal vez unas tomen más tiempo que otras, pero al final terminan de algún modo. Lo que juzgamos como “bueno” es tan transitorio como lo “malo”.
2. Pudiste, puedes y podrás: piensa en las otras turbulencias que has vivido, piensa en cómo las has resuelto o qué has hecho para navegar a través de ellas. Si pudiste antes, en esta ocasión podrás; si no-pudiste, pues seguirá presentándose la oportunidad de experimentar hasta que aprendas a poder. Parecerá repetitivo, lo llamarás “karma”, pero en realidad es el plan del alma para vivir lo que hace falta y hasta que no se asuma no se superará.
3. La vida es corta, aprovéchala: la vida tiene sentido en su misterio. ¿Para qué estamos aquí?, ¿cuál es el propósito de la existencia? Aunque muchas veces parezca que la vida no parezca tener sentido más allá de nacer, crecer, reproducirnos, hacer dinero (gastarlo) y morir, en realidad es un gran experimento a escala cósmica en un “teatro” al que es un gran privilegio acceder. Puede parecer que estamos a prueba, pero en realidad venimos a aprender del experimento que hagamos. La turbulencia nos enseña cosas, nos muestra quiénes somos y nos obliga a hacerle frente.
4. Tal vez este sea el mejor escenario: a veces, es mejor que las cosas no salgan como deseamos, por más que al ego le cueste aceptar esta realidad y por más que las circunstancias vayan en contra del discurso de “ten un plan y síguelo”. Es mucho más lo que escapa a nuestro control; controlar es una ilusión; tal vez minimizamos riesgos, pero no controlamos. A veces creemos que algo de “determinada manera” es lo que más nos conviene, pero resulta que no es así… Una aparente desgracia puede ser un triunfo o viceversa, solo el tiempo y el contexto lo dirán.
5. Esto vino para enseñarme algo: la aparente idea del azar y la casualidad no es más que nuestra dificultad mental para comprender las relaciones de causa y efecto ocultas en los eventos. Todo lo que nos ocurre, por pequeño o grande que parezca, se presenta para mostrarnos y enseñarnos algo… ya es cuestión nuestra decidimos a experimentar y aprender.
6. Trátate bien: cuidado con el diálogo interno. Algunos somos muy propensos a castigarnos y a tratarnos mal cuando las cosas no salen como “queremos”. Las cosas son como son y salen como tienen que salir, por más que nos rastrille esa realidad. Desde luego, las cosas te salen de acuerdo a quién eres y qué haces, pero también estás en relación con las circunstancias. Somos responsables, nos corresponde asumir nuestras causas y sus consecuencias, pero al mismo tiempo, debemos comprender que esto no nos define: ¿quién es el que se observa observando?
7. Haz lo mejor que puedas: si hacemos lo mejor que podamos, no tendremos deudas. Alcanzaremos lo que podemos alcanzar. Algunos nos auto–exigimos hasta el punto de la asfixia, donde nada de lo que hacemos nos parece que está “suficientemente–bien”, nos flagelamos y jamás celebramos o agradecemos porque tenemos un estándar móvil que siempre va hacia arriba, es inagotable. Entonces: ¿Qué es “bien” o “mejor”?, ¿cuál es el estándar? Empezamos a compararnos con los demás y ahí morimos. Vivimos en competencia contra todo el mundo, pero al final nos ignoramos a nosotros mismos. Si aparecen críticos a sancionarnos, será peor, la herida arderá más. La solución: consciencia de hacer lo mejor posible, aceptarlo y enfocarse en ello.
8. Agradece: vivimos rodeados de muchas bendiciones, incluso aquellas cosas que no lo parecen: escasez, contratiempos, ataques, amenazas, dudas, etc. ¿Qué tal si agrademos por todo? Agradecer nos ayuda a “voltear” y cambiar la percepción; al agradecer sentimos que las circunstancias nos están dando algo, incluso cuando aparentemente no se ve. Puede que cueste y que vaya contra el sentido, pero funciona.
Navega, navega sin miedo.
🧙♂️
Gracias por recordarnos algunos de esos puntos. Olvidamos demasiado fácilmente
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Soy el primero que los tiene que recordar… en estos tiempos, yo primero.
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