¿Borrarías este año de tu vida?

Con todo esto que nos está pasando, sería fácil y obvio decir que el 2020 sea un año para borrar, pero si de verdad estamos viendo las cosas de ese modo, tal vez sigamos sin entender…

Quizás uno de los mensajes más importantes de este año sea el hecho de que para avanzar es necesario detenerse. Es innegable que el mundo venía en una carrera loca antes de que pasara todo esto y es imposible cambiar la rueda de un auto cuando está andando. La única forma de darnos cuenta de qué es lo que le estaba fallando es detenerse y hacerse un lado (la meditación y el silencio son fantásticos para eso…).

Parece que eso es lo que pasa en este momento, al margen de la teoría conspiratoria, si no nos hubiéramos detenido no nos hubiéramos dado cuenta de lo endebles que son las bases del mundo que hemos construido. Posiblemente la estamos sacando barata porque la situación podría ser mucho peor de lo que ya es.

Otro asunto que salta a la vista es el hecho de que la vida puede tener una visión diferente al ciclo de trabajar – ganar – consumir – trabajar – ganar – consumir. Probablemente esa devoción y culto que habíamos construido alrededor de la idea del trabajo se desmorone.

Aún me llegan [muchas] invitaciones a webinars, seminarios, conferencias, etcétera, cuyo tema central es el futuro del trabajo. ¡Por Dios! En este momento no sabemos qué va a pasar la semana entrante y ya hay gente que sale a decir que sabe cuál es el futuro del trabajo.  Me asombra de verdad esa obsesión que tenemos por el control y por predecirlo todo, cuando nadie sabe qué va a pasar de aquí para adelante; por lo menos donde vivo las medidas de confinamiento cambian cada semana según se mueva la cifra de infectados y de muertos, sumado al hecho de que el gobierno no sabe qué hacer, tampoco parece querer hacer algo y que de paso está bastante cómodo con el hecho de tener a toda la gente en casa.

No tenemos idea de qué seguirá: posiblemente muchos seguiremos trabajando desde casa, las costosas oficinas se reducirán, abaratarán y se convertirán más bien en espacios de co–working. El trabajo ahora más que nunca podrá volverse en una genuina transacción, simplemente algo que hacemos y por lo que luego nos pagan, una cuestión completamente anónima y distante. Esas ideas de “cultura organizacional” y “trabajo en equipo” podrían tambalearse o sufrir cambios sustanciales. No sabemos en realidad, es solo especulación.

Tal vez se acelere un poco más el movimiento de los que queremos de verdad hacer algo que tenga sentido, los que queremos trabajar en algo que nos llene el alma y no en lo que nos convenga económicamente… quizás ese tiempo está muy cerca… por lo menos yo lo veo cerca…

Esta situación terminó mostrándonos que tenemos muchas cosas que no necesitamos y tampoco éramos conscientes de eso. Es un hecho palpable que podemos vivir con menos… hemos tenido que activar un minimalismo forzado ya sea porque muchos se han quedado sin trabajo y sin ingresos o porque los que seguimos empleados igual ganamos un sueldo que tenemos pocas o limitadas opciones para gastar.

Ha surgido una nueva solidaridad y una nueva cercanía, un nuevo interés por ayudar y empezamos a conocernos entre vecinos a través de sus pequeñas ventas y negocios. Muchos vivimos en lugares donde difícilmente conocemos a los vecinos, pero la necesidad ha hecho que muchos se den a conocer y ofrezcan cosas hechas en casa. Casi todo tiene que ver con comida, pero las alternativas son inmensas. Quizás cuando esto vaya tomando otro rumbo mucha de esta gente que empezó resolviendo una necesidad se de cuenta del talento y potencial que tiene su negocio. Ojalá que así sea y que prosperen.

Otra cosa que nos está mostrando esta situación es que muchos no éramos conscientes de todo lo que posponemos y de todo el tiempo que llevamos postergando. Probablemente se nos volvió recurrente la frase: “cuando esto pase haré tal o cual cosa… cuando esto pase… cuando esto pase…”. Esta situación nos ha ayudado a dejar de dar por sentada la vida; cualquier cosa puede pasar en cualquier momento.

Una lección importante que nos va a dejar todo esto es que esa ahora que hay que vivir, que las decisiones hay que tomarlas ya, que lo que se pueda hacer ya hay que hacerlo inmediatamente, que estar posponiendo y dejando todo para después tiene estás consecuencias nefastas.

También vamos viendo que lo que estaba suelto se está cayendo… no me quiero meter en discusiones largas y matizadas de ideología, pero lo que estaba flojo se está cayendo o se va a detener. Esta tendencia va a seguir unos años más y creo que todos nos estamos dando cuenta de que muchas cosas a las que les damos importancia de verdad no la tienen

Por último y quizás la cosa más importante que deja todo esto como lección, es el hecho de que los seres humanos vivimos con un profundo miedo a morir, no importa la causa, pero nos aterroriza morir. Por cuenta de este virus (que es de una letalidad bastante baja) hemos destruido nuestra vida, nuestra civilización y nuestra economía (subsistencia)… nada más que por el miedo a morir. Le tenemos pánico a lo único que es seguro e inevitable en la vida, tememos por algo que todavía no hemos terminado de comprender porque no sabemos el sentido y propósito que tiene… porque si lo entendiéramos, seríamos capaces de salir a la calle sin que la supuesta amenaza fuese capaz de prosperar en nosotros.

 

 

😐

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