Siete formas como cedemos nuestro poder personal

¿Se te hace un nudo cuando piensas en tu propia “autoestima”? Seguro que muchas veces te has mirado al espejo y te has sorprendido preguntándote por qué tu vida parece hundirse en el mismo lodazal. Tratas de dar tu mejor cara, pero sabes que en el fondo hueles a fraude… y cuando digo fraude no es solo “pérdida” en el sentido de llegar al final de la carrera o salir derrotados…

Cuando hablo de fraude me refiero a que terminas siendo una versión irreconocible de quien eres en realidad… dejamos de ser genuinos… y mirándote al espejo giras la cabeza y frunces el ceño preguntándote quién eres “en realidad”. Estamos tan acostumbrados a la máscara que nos pusimos (o que nos dejamos poner) que no sabemos ya quiénes éramos. Nos convertimos por completo en el personaje y al permitirlo cedimos por completo nuestro poder personal.

¿Qué es el poder?

Sencillo: Poder es la capacidad de generar acción en nosotros mismos, en otros seres y en el entorno. Poder es la capacidad de generar acción… Piensa en eso por un momento: ¿Quién es la gente más poderosa que conoces? ¿Qué la hace poderosa? Por otra parte ¿Cuándo has sentido que tienes poder? ¿Qué has hecho o qué ha ocurrido para que te sintieras así? Tuve un profesor que nos decía que “poder es que te pasen al teléfono…”. Tenía razón en muchos sentidos.

Nos han enseñado que el poder es algo que funciona fuera de nosotros solo si tenemos un recurso exterior… si revisas la historia de la humanidad, el ejercicio del poder siempre se ha basado en una “investidura”, en algo que nos colgamos, en algo que previamente debemos tener y que, sobre todo, tiene que ser reconocido por los demás como “símbolo” de ese poder conferido… entonces, como tanto lo he mencionado, el poder se convierte en una ficción, en algo psicológico, intangible y hasta “esotérico”.

Todo esto, en suma, es el primer paso para ceder el poder. Así es como crecemos persiguiendo algo que creemos perdido y que tenemos que “adquirir”. Empezamos perdiendo porque le damos poder a muchas cosas que están afuera de nosotros y nos olvidamos por completo del poder que ya tenemos en nosotros mismos… sé que ésta última frase suena a “vomitiva literatura de autoayuda”, pero en realidad tiene más fondo del que imaginamos… veamos de qué formas terminamos cediendo el poder:

1. Le das tiempo a tonterías y descuidas tus prioridades

Eso también se llama procrastinación… dejar para mañana lo que deberías hacer hoy. La vida no da espera y el tiempo se acaba. Siempre habrá una razón, un obstáculo o un motivo para que las cosas no puedan realizarse, pero precisamente de eso se trata. Estoy esperando que tenga el dinero suficiente, el tiempo libre necesario, las conexiones fundamentales y una conjunción de los astros el próximo 29 de febrero… y solo cuando todo sea perfecto actúo.

Se me olvida lo importante que es actuar en pro de lo fundamental, de lo importante para mí. Termino dándole prioridad a las cosas del entorno, o a lo que me piden o esperan los demás ¿Y dónde quedan mis propósitos y mis metas? ¿Dónde va a parar lo que de verdad me importa? Mejor dicho ¿Dónde voy a parar yo?

2. Te ahogas en planes y deseos

En vez de dedicarnos a lo importante que es actuar genuinamente, nos hundimos en un montón de ensoñaciones (que es diferente a visualizar conscientemente…) y de inundaciones emocionales que intentamos convertir en planes, pero que muy rápido también conectamos con “peros” y “riesgos” reales y sobre todo imaginarios y nos quedamos pegados sin hacer nada solo por el miedo.

Los planes sirven para cuidarnos de desviaciones en el camino, pero debemos cuidarnos de convertirlos en compulsiones obsesivas que nos alejen del propósito ¿Te ha pasado eso… que te obsesiones con seguir rigurosamente un plan? Eso sirve mucho en novelas policiacas para que el psicópata de turno lo logre, pero normalmente es complicado controlarlo todo… además de que el control no nos deja ver el panorama completo.

3. Esperamos la “mano del cielo” o que otro venga a salvarnos o a decirnos qué hacer

Esta manía es bastante común y consiste en esperar a que alguien más cree la oportunidad para nosotros: “Un amigo me dijo que me iba a ayudar a buscar trabajo…”, “Pongo en las manos de dios (en el que sea que crea…) la decisión…”, “Veré a ver qué pasa o qué me dice que deba hacer…”. Muchas veces nos vemos envueltos en estas frases desempoderadas.

¿Cuántas veces dejas de hacer algo porque alguien más no te invita? ¿Cuántas veces no proponemos algo o no decimos nuestra opinión esperando a que alguien más nos aliente a hablar? Me ha pasado muchas veces… sobre todo por temor a pasar de impertinente o atrevido, pero de fondo ha sido más el poder personal que he terminado cediendo que la realidad del supuesto efecto que temo generar.

Cedo constantemente el poder cuando espero que cambies de opinión frente a esa idea que tienes arraigada… y espero y espero…, luego me das de nuevo el portazo en la cara y sigo acá como un perro hambriento confiado (ilusionado) de que alguna vez me dejes entrar y que las cosas por fin sean diferentes.

4. Evitas el conflicto

Cuando te empoderas y dices lo que sientes que tienes que decir… aparecen quienes te contradicen, pero también los que te siguen, los que confían en ti… Por lo menos eres real, genuino y, por ende, confiable. Cedemos nuestro poder cuando guardamos silencio por no “alterar a los demás…” y a sabiendas de que es importante nuestra intervención. Eso a veces puede ser hasta canalla y hacernos cómplices de muchos atropellos, abusos e injusticias ¿Te has visto envuelto (a) en esa situación? ¿Qué pecadillos tendrías que confesar ahora por tus silencios? Sí, esto es puro poder cedido, así se siente.

Al final, cuando esa chispa de consciencia viene a ti, te das cuenta de lo mal que fue callar, de lo inmoral que puede ser permitir que una situación injusta se quede sin voz… que digan lo que sea, que se venga la consecuencia que sea, pero [a menos que nuestra vida o la de alguien más esté amenazada por hablar] cuando callamos por evitar el conflicto cedemos nuestro poder.

5. Cedemos ante el temor a la crítica

Conectado con el miedo al conflicto, viene el miedo a la crítica y a la desaprobación de otros. Una forma encubierta de conflicto que termina quedándose dentro de nosotros mismos. Cedemos el poder cuando hacemos lo que los demás quieren, solo por agradarles y a costa de nuestros propios deseos e intereses.

Cedemos el poder cuando hacemos cosas para caer bien y ser queridos, cuando actuamos desde el temor a que “no nos quieran” y a que “nos rechacen” por no cumplir las expectativas. Este es quizás el patrón que más pronto se arraiga en la infancia y que asumimos como natural; por eso nos cuesta tanto trabajo ser capaces de verlo en su real perspectiva y modificarlo.

6. Pasamos todo por el filtro del dinero

Cedemos ante la idea de bloqueo que nos produce en NO tener dinero y ante la dependencia del dinero. Sin duda, la del dinero es una idea que nos da mucho poder de acción, y sobre todo que nos acerca a varias cosas, a la par que nos hace dependientes, facilistas y holgazanes. Si tenemos dinero creemos que todo se puede solucionar con él y pagamos por todo. Si nos hace falta, creemos que realmente podemos hacer poco y nos bloqueamos. Hay poco que haya necesidad de explicar aquí.

7. Nos rendimos ante el “no se puede” o culpamos

Cedemos nuestro poder personal cuando estamos frente a un obstáculo, cualquiera que sea, y en vez de enfocarnos en cómo resolverlo, sencillamente nos sentamos a lamentarnos… actuando así no tendemos manera de darnos cuenda de lo que realmente podemos hacer. De algo seremos capaces, pero cedemos fácil y rápido ante la dificultad.

Algo similar ocurre cuando no nos responsabilizamos de lo que nos corresponde y cuando culpamos a alguien más ¿Qué es lo que nos corresponde? ¿Qué tengo que hacer frente a esta situación? ¿Qué es lo que concretamente le corresponde al otro? En tanto encuentre la respuesta a esas preguntas, habré encendido el botón de mi poder personal.

Una palabra final frente al poder personal

¿A qué conclusión llegas en este momento sobre todas tus falsedades? Todo es manipulación, hacia adentro o hacia afuera, pero finalmente manipulamos ¿Para qué lo hacemos? Para estar cómodos, para buscar el placer y evitar el dolor… ¿Simplismo? No creo. Solo piénsalo cada vez que tomes uno de los caminos anteriores ¿Qué buscas o de qué huyes? Son dos caras de la misma moneda, pero en el fondo está tu poder, lo que no necesita de nada afuera para que florezca en ti.

 

😐

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