Autoconocimiento: Nadie sabe quién somos

Ni nosotros mismos…

Quizás has experimentado muchas veces ese sentimiento de que “no eres nada”. Sí, mientras planeas salir corriendo, quizás acá tengas algunas respuestas a lo que sientes…

Adentro

La “persona” que creemos que somos solo existe para nosotros mismos. Esa explicación que tenemos no es más que un patrón más o menos organizado de las creencias sobre lo que estimamos que nos define y sobre nuestra noción de realidad. Es más bien como a una lista de preferencias y comportamientos repetitivos, que a una verdadera explicación de “lo que somos”.

Bien, hagamos una prueba sencilla. Toma papel y lápiz y has una descripción tuya (ojalá lo hagas a mano…), contesta la siguiente pregunta de “reina de belleza”: ¿Tú cómo te describes?

(…) Hazlo.

Ahora mira lo que has escrito. ¿Qué dice? ¿A qué se refiere? ¿Qué historia cuenta? Hmmm, ahora que lo pienso ¿Cómo sonaría esa descripción si más bien se tratara de una historia…? Por ahora centrémonos en tu descripción. A esa narración la psicología occidental la ha llamado “personalidad” y durante casi un siglo ha luchado por encasillarla en diferentes marcos de referencia más o menos estandarizados estadísticamente… que luego se han convertido en teorías explicativas, cada una con su énfasis, sus omisiones, sus certezas y sus vacíos.

Lo que tú llamas personalidad es una distribución normal en los modelos de muchos psicólogos que han intentado hallar un patrón, pero si uno toma el tema con calma se da cuenta de algo: los seres humanos nos comportamos de forma relativa. ¿Eso qué significa? Estamos adiestrados deede pequeños a reaccionar según el entorno y las personas con las que estamos. Lo cuál no está mal, eso de fondo existe para poder sobrevivir y funcionar. El punto está en que creemos que esa es nuestra definición de “ser”.

Por ejemplo, puede que te hayas definido como una persona “alegre” y también “perfeccionista”, aunque puede que sea un mal ejemplo porque es complicado encontrar un perfeccionista alegre por algo. A lo que vamos es a lo siguiente: ¿Qué tal si algún día decides dejar de ser alegre y perfeccionista? ¿Cómo serías en ese momento? ¿Totalmente flexible y a la vez amargado (a)? Después de ese punto de quiebre empezarías con una nueva definición. ¿Cómo sabrías entonces qué son la amargura y la flexibilidad si no sabemos qué son la tristeza y el perfeccionismo en tí?

Afuera

Una versión diferente de nosotros mismos existe en la mente de las personas con las que nos relacionamos. Así que cada vez que escuches decir a alguien que te “conoce bien” o que te veas a ti mismo (a) diciendo que conoces muy bien a otra persona, hay que pensárselo mejor. ¿Qué es lo que conocemos? ¿Lo que hace y dice con frecuencia? ¿El patrón común?

¿Te ha pasado que hay personas que cuando las ves en una fiesta te sorprenden? ¿Has visto personas que en la casa son pura calma y tranquilidad (que incluso rozan con la sumisión) y en el trabajo son unos perfectos tiranos (hijos de p…)? Piensa en toda esa gente que te ha “decepcionado o confundido”. En realidad, ellos no hicieron nada; simplemente caíste en dos trampas: confiarte del patrón que veías en ellos (personalidad) y esperar algo de esas personas basadas en ese patrón estimado.

Si lo pensamos con calma, las relaciones que establecemos con otros se basan en cálculos. Hacemos estimaciones de más o menos cómo van actuar los demás y los otros hacen lo mismo con nosotros. Entonces vivimos en un permanente juego de máscaras (personalidad viene de persona que a su vez viene de la raíz latina personae que era la máscara que se ponían los actores de teatro antiguamente…), pero tenemos varias de ellas y nos las cambiamos según la conveniencia.

Cada persona que te conoce crea en su cabeza una versión (etiqueta) sobre lo que cree que eres y haciendo ese cálculo te trata y se relaciona contigo. No eres el mismo para tu mamá, tu papá, tus hermanos, tu pareja, tus amigos, tu jefe, tus hijos, tus enemigos y detractores, tus vecinos o tu profesor. Cada uno quizás tenga una descripción que coincida en algunos elementos, pero cada quien te ve funcionando en contextos diferentes. Ellos también son actores y juegan contigo un papel en el contexto en el que se relacionen contigo. La obra de teatro tiene sus matices y sus actos especiales.

Hay miles de versiones nuestras navegando en las mentes de mucha gente y pasamos mucho tiempo tratando de agradar a todo el mundo ¡Es un verdadero desgaste! ¿Cuál es nuestro verdadero papel? ¿En el fondo quién nos corresponde ser?

Somos todo y no somos nada en realidad, puro vacío, pura irrealidad.

¿Decepcionante? ¿Confuso? ¿Suena como a un callejón sin salida? Quizás, pero tal vez esa sea la verdadera razón para estar acá: Superar ese sentimiento de obra de teatro en el que vivimos a toda hora.

Tu propio ser, siendo tantos seres, es todos los seres al mismo tiempo y no es ninguno. ¿Qué es lo que queda cuando nos quitamos la máscara? ¿Cuál es la verdadera cara? Y lo más complicado ¿Cómo se vive una vida sin máscaras?

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😐

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