Ya casi no queda con quien conversar

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Ya casi no queda con quién poder respirar, inspirar, mirarse a los ojos y hacerse preguntas sobre la vida. Hay mucho con quién hablar, hay mucho tema para compartir, pero ya no queda con quien conversar. Esa sensación la experimento todo el tiempo. Ya no hay con quién sentarse, de verdad sentarse, a conversar sobre la vida.

Ya casi no queda gente dispuesta a escuchar. Todo el mundo está con mucha prisa, con mucho afán por representar su papel y por salir pronto de la situación. Ya casi no queda interés por casi nada que valga la pena. Escucho seguido muchas “habladas” sobre ropa, relojes de moda, fútbol, tiendas que abren y cierran y en general sobre muchos temas que la gente asume como “la vida”. La vida se reduce a eso, a un problema de entretenimiento, la vida es algo en la que hay que copar el tiempo manteniéndonos entretenidos.

Ya casi no queda con quién preguntarse nada de fondo, nada moderadamente importante. Solo has el ejercicio de activar este diálogo:

Tú: – ¡Hola! ¿Cómo estás?

Otro: – ¡Muy bien, gracias! (Respuesta automática, estereotipada)

Tú: –¿Y qué es que estés bien? ¿Qué te tiene bien…?

Otro: (Mirada de sorpresa y largo suspiro…) Entonces aparece un amplio abanico de posibilidades…

¿Qué es bien? ¿Qué es estar? ¿De verdad estoy o simplemente paso de largo por la vida y por las cosas? No sé qué tanta gente esté en disposición de hacerse esas preguntas. Cuando me las hago y las digo en público capturo muchas miradas condescendientes, algunas despreciativas y algunas sinceras burlas. Preguntarse por la vida se ha vuelto un inocente delito.

Hay mucho por hacer, mucho asunto pendiente, mucha prisa, no hay tiempo que perder, hay que correr, hay que llegar pronto a no sabemos a dónde. “¡Ay no, ahora te vas a poner profundo!” Cosas así escucho, cosas así me dicen. Por fortuna no es seguido; uno también aprende a ponerle contexto y a saber con qué personas lanzar esta pregunta. Uno mismo aprende a marginarse, pero no deja de ser cotidianamente innovador salirse y sacar a cualquier de la rutina de responder y hacer siempre lo mismo.

Se me están acabando las amistades y las personas con las cuales revisar la vida. Eso está volviéndose un ejercicio íntimo. Mucha gente quisiera hablar de eso y llegar a una conclusión, tomar decisiones y “formular un plan de acción”, pero ese es otro problema. Conversar con un fin en mente quizás no tenga oficio, quizás sea una especie de cálculo.

Si la vida fuera una cosa ya resuelta y clara, se parecería mucho a la basura existencial que experimentamos la mayoría de los miembros de esta especie. Este blog no existiría y quizás no estarías perdiendo tu tiempo leyendo estas palabras. La vida es un descubrimiento permanente, una sorpresa constante y ¿Habrá algo más apasionante que experimentar una sorpresa?

Tal vez ya no te acuerdes de lo que es eso. Ya tienes la vida muy resuelta, muy definida, ya no hay sorpresas qué revisar. Tienes un plan en mente, ya todo está correcto, ya todo está claro. Nacer, crecer, reproducirse, consumir y morir. Me gustaría conversar contigo para saber qué quieres hacer con tu tiempo; me gustaría conversar contigo para contarte mis pérdidas; me gustaría conocer las tuyas; me gustaría que conversáramos sobre nuestros heroísmos; me gustaría que pusiéramos sobre la mesa nuestros temores, nuestras desesperanzas, nuestras inquietudes, nuestras inconformidades, nuestras preguntas por resolver…

Conversar sin esperar nada, solo escuchándote y alimentándome de tu escucha. La atención se ha vuelto una moneda muy escasa, pero te aseguro que tengo suficiente atención acumulada para compartirla contigo, no es sino cuestión de que me digas. No tenemos que estar cerca, no tenemos que estar en el mismo espacio. Basta con encontrarnos y compartir con el simple acto de conversar.

 

Crédito de la imagen: http://www.quo.es/ser-humano/adiccion-al-movil

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4 comentarios en “Ya casi no queda con quien conversar

  1. “Se me están acabando las amistades y las personas con las cuales revisar la vida”

    He ahí el problema. Como dices más abajo, no es necesario tener a alguien al lado para discutir/conversar de cosas, por eso no puedo odiar internet, porque me permitió conversar de todo en un momento en que lo necesité mucho y estaba muy sola. Tengo un grupo de amigas de todo el mundo con las que -después de 10 años- seguimos enviándonos mails cada cierto tiempo, contándonos cosas, hablando de la vida, de política, de trabajo, de todo lo que no podemos o queremos discutir con la gente a nuestro alrededor. Quizás eso necesitas, buscar más allá. Yo tengo la suerte de tenerlas a ellas y también de contar con un grupito pequeño pero considerado en mi círculo, con quienes puedo hablar de las tiendas pero también de la vida, cuando hay ánimo.

  2. Se pierde casi todo, amigo mío, sobre todo la capacidad para entenderse y participar con los demás de las cosas gustosas de la vida. Pero, de cualquier modo, quien ha ascendido mucho en el conocimiento –como sospecho que pasa contigo–, no le llegan las razones de quienes no han ascendido tanto ni las de estos suben a su altura. Se produce la incomunicación. Es como una maldición bíblica.

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