Clasificamos en la categoría de los absurdos

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De un momento a otro empezamos a volvernos raros cuando estábamos tranquilos creyéndonos normales. Esta fue la discusión hace unos días con mi buen amigo (David) en su muro de FB. Por su sencillez no quise dejarla pasar y le dediqué un rato para rumiarla.

No es un problema de bandos

Ahora no se trata de hacerme el santo y ponerme aquí a justificarme ni decir que soy (o somos) de “mejor familia”, o que estamos menos equivocados que el resto… Hoy día, como están las cosas, creo que el relativismo nos borra cualquier posibilidad de afirmar cosas como esta.

Sí, “Hitler también fue al cielo”, y esto no es más que una alegoría para hacernos conscientes de que la noción de “normalidad” puede ser, en primera instancia, un “cuento” estadístico y, en segunda instancia, una construcción social en la que todos nos ponemos de acuerdo (consciente o inconscientemente) y en la que buscamos encajar. Entonces lo “normal” parece ser lo que hace la mayoría de la gente, no importa qué, pero lo que hace la mayoría, lo que parece común, lo conocido, lo obvio.

Rara vez nos detenemos a cuestionarlo, ni a preguntar por qué, ni a imaginarnos qué tal si fuera distinto, qué pasaría si lo dejáramos de hacer. Parece que lo más fácil es juzgarlo, en vez de comprenderlo. Juzgar es un cómodo proceso exterior, comprender un exigente proceso interior.

Entonces es ahí cuando aparecen los bandos: los “normales” y los “anormales”. Lo que está “bien” y lo que está “mal”. Lo que me inquieta sobremanera es que mucha gente está convencida de lo que piensa, en medio de la ceguera de lo moral, es decir, de lo que otro le dijo que era correcto o incorrecto y dejando en medio lo que terminó creyendo que “así era”. Un estilo de pensamiento totalmente acrítico, fanático y tendencioso.

Lo que sigue es que, el acto de no tomar posición por ningún bando es también una forma de asumir una posición; por simple lógica, parece que no hay escapatoria: Somos lo contrario a lo que no somos, por dualidad y contraste.

El asunto es que, si no te adhieres a un bando, entonces eres del otro. Si no eres “normal como yo”, entonces eres “anormal como los otros”; si no eres “mi amigo”, entonces eres mi “enemigo”. Yo mismo me veo diciendo eso de los reggaetoneros, pero es que en serio que no tengo hechos contrarios que me ayuden a cambiar de parecer… Me seguiré esforzando.

Estirpe de absurdos

David, amigo mío, no me resta más que terminar de contestarte declarando que me temo que pertenecemos una nueva estirpe de absurdos. Aunque con el “mero estuche” parezca que encajamos en un patrón, realmente nos distanciamos de la media. Tampoco nos creamos que eso de “distanciarnos” nos hace especiales, por el contrario, eso lo que hace es caracterizarnos como unos bichos raros, como unos seres extraños que pueden sonar amenazantes.

¿Qué hace todo el mundo? ¿Y qué hacemos que hace todo el mundo? Parece que poco en realidad. Por eso te digo que somos raros. Tú sueñas con rescatar la razón a través de las ciencias de la vida y yo sueño con ser un hippie millonario, un minimalista millonario, ambos soñamos con hundirnos en lo absurdos, complejos y contradictorios que somos.

Creo que me empieza a dejar tranquilo la idea de hacer cosas aparentemente estúpidas y contradictorias. Solo por probármelo, por poder elegir, por reírme de las circunstancias y del sistema. No hay nada más maravilloso que poder criticar algo de lo que formas parte, criticar algo desde adentro.

Creo que muchos blogueros que sigo clasifican en el bando de los absurdos, en el “bando unipersonal”. Ellos saben de qué hablo. Si llegan hasta esta línea me comprenden. No es una reacción, reaccionar siempre es el contra–bando y no me interesa ser un contrabandista.

Me parece más digno y hermoso tener mi bando particular que no se parece a ninguno, que no copia tonterías, que se hace otras preguntas, que se sacude los dramas, que reconoce que a veces se hace el de la vista gorda, que miente, que engaña, que hace trucos, que tiene sombras, que se hace el hipócrita, que le sonríe al que no le importa con tal de pasar de largo, el que no ve los noticieros, el que se burla de los estuches, el que ya vio lo sencillo de la vida, el que va entendiendo el juego que jugamos, el que se cansó de tanta inconsciencia.

Y no te pregunto solo a ti David… a ti también que acabaste de leer ¿A qué bando perteneces?

 

Crédito de la imagen: http://www.zastavki.com/eng/Motivation/wallpaper-95009.htm

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