Ocio, la felicidad de no hacer nada (leído)

Oso Panda comiendo Bambú plácidamente. Una clara imagen del ocio. Ocean Park, Hong Kong, mayo de 2011
Panda comiendo bambú plácidamente. Una clara imagen del ocio. Ocean Park, Hong Kong, mayo de 2011

“El verdadero lujo de nuestra época es el tiempo”

Con esta sugerente frase el físico y periodista Ulrich Schnabel nos abre la puerta a esta concepción totalmente distinta. Con este libro empiezo una nueva tendencia en el blog relacionada con la lectura de libros y mis comentarios sobre ellos. Aunque ya lo he hecho tímidamente, hasta ahora no me había atrevido a crear entradas completas de este estilo y qué mejor que empezar con este estupendo libro que tiene que ver con mantener las cosas simples y la cultura del slowdown. Sin más preámbulos entremos en materia.

De entrada es difícil pescar la noción de “ocio” que nos trae Schnabel, porque el principio del libro tiene un largo preámbulo y varios rodeos que, una vez se está lo suficientemente avanzado en la lectura, se deduce por qué era necesario este periplo además de que se entiende el sentido y se conecta con más realidades de la vida a través del ocio.

La introducción nos sumerge en la emergencia contemporánea de la falta de tiempo, sobre todo en el vertiginoso mundo de las grandes urbes, contrario a lo que naturalmente se vive en las zonas rurales. El primer pincelazo aquí es que el ocio nos permite volver a ver lo esencial de la vida. Es aquí también donde nos deja el siguiente interrogante:

“¿Es realmente contra la supuesta tendencia a la holgazanería contra la que debemos luchar permanentemente o debemos, más bien, ejercitarnos en la resistencia contra la generalizada tendencia al accionismo ciego?” (p. 29)

ocio-urich-schnabelLuego pasamos al interrogante sobre ¿Por qué nos falta tiempo si se supone que la tecnología moderna nos hace todo más fácil y rápido? Como respuesta nos propone: “con las posibilidades (opciones) también aumentan las exigencias”, o lo que es lo mismo, mientras más podemos hacer más se nos pide y consecuentemente nos sentimos más agobiados. El correo electrónico es un buen ejemplo de eso: fácil de enviar, fácil de recibir… y por la misma razón los buzones se saturan de mensajes a los que luego debemos destinar una cantidad enorme de tiempo y esfuerzo en depurar.

Es aquí donde llegamos a la concepción del ocio y Schnabel nos dice que:

“Acostumbrados a una sociedad de consumo que satisface cualquier necesidad con un producto respectivo, a menudo el ocio es también considerado un bien consumible más (…). El ocio no se puede conseguir pulsando simplemente un botón; se necesita precisamente tiempo… tiempo, tiempo de sobra. De lo contrario, lo sometemos de nuevo a esa lógica de la eficiencia que rige con puño de hierro toda nuestra rutina laboral” (p. 53–54)

En este sentido entiende el ocio como una actitud personal, una forma de relacionarnos con nuestro propio tiempo personal, no con el tiempo que comercializamos y al que renunciamos al “trabajar”, sino el tiempo destinado al disfrute en cualquier actividad que nos llene el alma. El ocio visto así no es holgazanería, puede ser algo lúdico o completamente serio, como jugar algo, tomarse un café con un amigo o trabajar en un libro o en la elaboración de una nueva mesa para tu casa; el ocio es mi elección en mi tiempo, que incluso puede ser elegir no hacer nada con el propósito mismo de la inactividad.

Aunque no lo menciona usando la palabra mindfulness coincide con el concepto al decir que:

“El arte del ocio depende de una segunda condición básica, a saber, nuestra capacidad para no estar constantemente divagando, sino saber disfrutar también realmente de la felicidad del momento (…) En vez de seguir la lógica del cada vez más, se trata de aceptar que la felicidad está muchas veces precisamente en la limitación, pues el disfrutar realmente de algo depende no tanto de la cosa en sí como más bien de nuestra propia capacidad para meternos en ella plenamente” (p. 61–63)

Schnabel define el ocio también como el arte o la capacidad de no perseguir constantemente nuestros deseos (muy similar a la idea del desapego budista…), sino en saber poner límite y decir basta para poder disfrutar de la felicidad del momento tal y como este se presenta aquí y ahora. Consecuentemente, el ocio entendido de esta forma es también una forma de sosiego y la capacidad para llegar a ese sosiego; la meditación como ejercicio y como actitud de vida son manifestaciones del ocio, contrario a la creencia generalizada de que el ocio es destrucción de tiempo productivo.

La idea del progreso contradice toda posibilidad de ocio porque se basa precisamente en saltar de una meta a otra sin parar y sin descanso. El éxito del progreso es siempre con relación a algo o alguien más. La clave es llegar rápido y llegar primero a la siguiente meta, y una vez se está ahí no conformarse con menos sino buscar algo mayor. Esto no es ni bueno ni malo en sí, sino que la cuestión se resume al impacto que tiene en la realidad, en nuestras mentes y finalmente en el medio ambiente en el que sobrevivimos.

En la sociedad acelerada no podemos creer en el sofisma de decidir sobre el tiempo personal porque si nos ponemos lentos nos llevan por delante y caemos al suelo ¿Habrá que salir de la ruta de esa sociedad? Posiblemente. Lo contrario nos pondrá contra las cuerdas y en la encrucijada permanente del cuestionamiento a nuestro propio valor (velocidad).

Este torbellino de aceleración y velocidad se circunscribe, según Schnabel, a tres contextos:

  • Aceleración técnica: tenemos máquinas y herramientas cada vez más veloces.
  • Cambio social y cultural: la sociedad de consumo nos arrastra a buscar permanentemente la novedad.
  • Ritmo vital: hacer más en menos tiempo y buscar satisfacción por correr esa carrera.

En esta vida a toda velocidad, la pausa y la reflexión son vistas como vacilación, como palabrería innecesaria que lo único que hace es retrasarnos para entrar en acción. Por eso pasamos de largo por casi todo en la vida: desde puestas de Sol, hasta nuestros propios estados emocionales. No hay tiempo para “distraerse” con esas cosas porque, de nuevo, lo importante es producir y producir, hacer y hacer, ganar y ganar ¿Para qué? De nuevo, para ganar la carrera que lleva a ninguna parte.

“La búsqueda de una vida lo más ‘realizada’ y ‘rica’ posiblemente hace que nunca tengamos sosiego. Para colmo, nos quita también las ganas de esos momentos de ocio ‘improductivo’ (las comillas aquí son mías) que tanto ansiamos. Pues aceptarlos sería contentarnos con lo ya logrado y, en consecuencia, aceptar también la finitud de la propia vida… ‘en realidad yo soy de otra manera, sólo que lo soy muy pocas veces’” (p. 246)

Este no es un libro para todo el mundo. Es una obra que te cuestiona sobre nuestro actual estilo de vida y sobre muchas creencias que tenemos en torno al tiempo. Estamos en medio de mucha entropía (desorden en el sistema) y empiezan a reventarse nuestras estructuras porque ya no aguantan el peso de una vida que ya nos da dificultad vivir. “Ocio” es una alternativa que recomiendo especialmente, es una obra apasionante y cuestionadora que se digiere con facilidad.

Aunque no forma parte de este libro, quiero compartir una interesante cita que encontré en un interesante escrito de Magaly Villalobos (Aspectos arquetipales de la sombra)

El ocio del latín otium significa tiempo libre, a diferencia de la pereza, es simplemente un tiempo que no se emplea en las cuestiones laborales. Los romanos que fueron quienes lo inventaron hablaban de ocio y de negocio, el “no-ocio”. El negocio era algo que tenía que ver con las necesidades, las personas que no están ociosas son las que atienden necesidades. En cambio el ocio significa dedicarse a lo que te gusta: el ocio es simplemente lo que haces sin que necesiten pagarte por hacerlo y el negocio es lo que haces para tener ingresos. La pereza es que tú no haga nada: ni negocio, ni ocio.

Finalmente, el libro de Schnabel nos plantea que el ocio es la capacidad de saber cómo no–aburrirnos, cómo llenarnos cuando no tengamos las distracciones de la industria del entretenimiento, las redes sociales y los pensamientos compulsivos.

Será ahí cuando aprendamos a disfrutar del verdadero lujo de nuestra época: el tiempo.

 

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2 comentarios en “Ocio, la felicidad de no hacer nada (leído)

  1. Interesante tema y muy bien resumido y con un magnífico significado. Sobre el ocio y la felicidad se han dicho infinidad de estupideces, con teorías e ideologías incluidas. Es bueno que libros así aparezcan y sen tan bien comentados. Yo siempre utilizo una receta para cocinar estas carnes y pescados: la del equilibrio de contrarios, la de estar despierto aquí y ahora, la de combinar el ocio, el tiempo, el deseo y el control para conseguir un estado de satisfacción de la vida óptimo.

    • Sin duda, y adicional un montón de recetas mágicas. Algo que me gustó de este libro es que precisamente hace un llamado a crear nuestra propia idea del ocio con sentido, en vez de caer en la receta del ocio-entretenimiento que es cambiar un problema por otro, una compulsión por otra.La ecuación ocio + tiempo + deseo + control me suena equilibrada, ni mucho ni poco de cada uno, amerita “rumiación” y trabajo esa suma.

      Gracias por pasarte por aquí.

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