Anti-desarrollo o el arte de vaciar el costal

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Si te preguntas o se le preguntas a alguien más sobre “qué es desarrollo”, “qué es evolucionar”, “qué es perfeccionarse”, por lo menos en términos espirituales y psicológicos, la mayoría contestará que se trata de “ser cada vez mejores”, que es un asunto de “superarse”, que es “no estancarse”, “aprender” y tener cada vez más y “mejores” cosas, aunque no necesariamente tengan que ser materiales. Que es “huir de la mediocridad”.

Hasta aquí la historia puede sonar razonable, pero esa versión del “desarrollo” no nos llevará a ningún lugar; es una visión que nos conduce al mundo devastado, sin límites, sin equilibrio y que ya no nos alcanza para vivir. Es una versión que nos tiene a todos hastiados, con ganas de mandarlo todo a la mierda, trabajando en trabajos que detestamos (pero que necesitamos) y aguantando en el punto que estamos porque tampoco conocemos otra versión de la vida.

“Bien” adaptados

Caemos con facilidad en la trampa: creer que el desarrollo es estar “muy bien adaptados”, siempre “listos” para lo que se venga. El desarrollo visto de ese modo se convierte en una renuncia, en un dejar de ser lo que somos por convertirnos en una pieza que encaja bien en los estándares del sistema. Por eso al final nos cuesta tanto trabajo saber qué somos y qué queremos, nos cuesta saber para dónde vamos, nos cuesta hallar nuestro propósito y sobre todo aceptar que somos mucho más que un título, una posición, un rol y una expectativa.

La historia empieza como la de muchos de nosotros: estudiar mucho, sobre todo de cosas que no nos importan y para las que probablemente no somos buenos. Luego trabajar, trabajar mucho para tener aquello que te define de tal o cual modo porque si no lo tienes ¡Fracasaste! Si quieres algo y te apasiona, si te mueve y te llena el alma, pero es algo “de lo que no se puede vivir”, entonces hay que dejarlo de lado porque sencillamente no encaja en el plan, te desenfoca del libreto.

Es más tranquilizador llamarlo hobbie, afición, actividades de tiempo libre. Es socialmente más correcto dejarlo de lado y enfocarte en lo “importante”. Muchas, pero muchas veces me pregunto: ¿Cómo sería este mundo si cada quien pudiera vivir de sus hobbies o a pesar de ellos?

Un costal de cuentos

Veo que estamos despertando como sociedad, pero es también un proceso lento y con muchos retrocesos. Es también un proceso con un buen discurso pero con pocas acciones y cargado de incoherencias. ¿Te has puesto a pensar en la cantidad de cuentos en los que vives? ¿En la cantidad de cuentos que te han echado y en los que te siguen echando?

CargaPesada1Cuentos y más cuentos. La educación y el entendimiento del mundo es un cuento. Lo de lo bueno y lo malo, lo de lo mejor y lo peor, lo del cielo y la Tierra. El mundo relativo y de la dualidad. El cuento de que hay que tener “los planes muy claros”: ¿Sí, para qué? ¿Cuándo? ¿En qué circunstancias? Muchos de esos cuentos tienen que ver con agradar a todo el mundo, con dar una imagen, con parecer algo, no sé qué, pero parecer algo.

Muchos nos aguantamos cosas, dejamos de hacer lo que queremos o de tomar decisiones solo por no “lastimar” o “desagradar” a alguien más… preferimos lastimarnos y desagradarnos a nosotros mismos con tal de no “hacerle” eso alguien más, y lo peor es que por eso también nos tildan de “egoístas”. Adicional a esto, lo más “escalofriante” es que cuando conversas con alguien e intentas hacerle ver esta realidad simplemente no te entienden; tienen tan claro que “no deben lastimar” ni “causarle dolor o decepción” a alguien más, que simplemente se aguantan una vida que no quieren con tal de mantener tranquilo a todo el mundo.

Este es solo un caso, también está el “programa mental” de que “hay que impresionar”, de que “hay que ser el mejor” y de que “o eres superior o estás muerto”, con su consabida parafernalia de condiciones: varios idiomas, maestrías, estadías en el exterior, fotos y estados en Facebook, compras absurdas y en general todo un programa de “alarde” que quien lo vive termina echando en un saco todo lo que no acepta y todo lo que le desagrada de sí mismo, termina cargando un costal de frustración.

El desarrollo: zafarse de los cuentos

¿Qué tal sería pensar en el desarrollo como en un proceso de despojarse de cosas y cuentos? Esto es diferente al desarrollo pensado como “aprender” una nueva habilidad, ser más “capaces” o llenarse de “cosas nuevas” teniendo más, que es en sí la tendencia común. De hecho puedes seguir siendo un caradura o una bruja con muchas “habilidades nuevas”.

Conozco muchos ingenieros que “saben mucho”, han hecho maestrías, sus cabezas echan humo y se celebran constantemente a sí mismos por su “manera de pensar” siempre “exacta” y “concreta”,  pero que en sus equipos de trabajo resaltan por su terrible crueldad con los demás, su egolatría y su mente cerrada (y esto no es nada particular contra los ingenieros… yo iba a ser uno). Hacer cursos o llenarte de títulos no resuelve nada, el desarrollo es un problema de adentro hacia fuera, no al revés.

6382321057_f0e1662637_z¿Qué tal pensar el desarrollo como un proceso de despojarse? Sí, bajarse primero de tanta vanidad, de tantas expectativas sobre todo, de tantos requerimientos, de que hay que ser de una forma o de otra, bajarse de tanta compulsión por agradar a los demás o de la necesidad imperiosa de demostrarle algo a gente a la que sencillamente no le importas.

¿Qué tal si pensáramos el desarrollo como el proceso de convertirnos en más de quienes ya somos? Sí, en recuperar nuestra verdadera autenticidad, en recuperar lo que de verdad nos importa y no lo que nos han dicho “que importa”. Pregunto y me pregunto seguido: ¿De quién es ese cuento? ¿Quién te echó ese cuento? ¿Cuándo y para qué te lo creíste? ¿Qué te ha costado ese cuento? Si nos hiciéramos esas preguntas y nos diéramos cuenta de la carga que llevamos en el costal, haríamos una pausa y lo pondríamos en el suelo; luego, lentamente iríamos sacando lo que tiene por dentro… nos llevaríamos muchas sorpresas y nos daríamos cuenta de muchas cosas que cargamos sin saber por qué.

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9 comentarios en “Anti-desarrollo o el arte de vaciar el costal

  1. Vivimos en el miedo, en el pánico de no ser útiles, productivos, por no tener un titulo, un estatus aceptable por los demás. Hasta tememos al aburrimiento, porque crecemos con la creencia de que aburrirse es perder el tiempo.

    Estupendo post, has dado en el clavo con todo!

    • Hace unos meses aprendí una técnica sencilla llamada “Diálogo de voces”. Tu comentario me hizo acordar de eso; ese miedo, ese pánico, se va volviendo en un personaje dentro de nosotros y va modelando nuestra manera de ver el mundo, al punto de que creemos que es real. Gracias por tu comentario.

  2. buf, qué preguntas más difíciles. Como dice Genkai, los condicionamientos los tenemos metidos en la cabeza y hay que dejarlos de lado. Hace tiempo leí un librito que se llama “La vaca”, en el que habla de que hay de deshacerse de los lastres que no te dejan avanzar. Hice una entrada en el blog. Te dejo el enlace por si quieres echarle un vistazo
    https://milcosasquecontar.wordpress.com/2012/09/18/la-vaca-o-como-librarnos-de-los-lastres/

    • De acuerdo, y en este caso la vaca es como una especie de costal, solo que nos amarramos a ella y andamos por todo el potrero sin soltarla ¡Qué tal que nos la roben! ¡Qué tal que nos quedemos sin la vaquita! Pero ¿Y si salimos del potrero a buscarle un toro a la vaca? ¿Si conseguimos más vaquitas? ¿Si nos volvemos vegetarianos…?

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