Por qué le “ponemos tiza” a las cosas

Melodrama

Y el terrible amor que tenemos por el drama…

Esta expresión denota la tendencia a complicarse la vida sin necesidad. Esta es una expresión usada en Colombia. No sé qué tan común o extendida  sea, pero puede traducirse como: “poner problema”, “poner peros”, “complicarse más de lo necesario” o incluso ser quejumbroso. Sumado al hecho de “poner tiza”, está el consiguiente deleite que tenemos por hacer drama y armar una tormenta por cosas que, si se miran con calma, nos damos cuenta de que no tienen nada de especial. Ahora bien ¿Por qué le “ponemos tanta tiza” a las cosas?

Bobadas aprendidas

Mucha de la tiza que ponemos la aprendemos en casa de nuestros padres (o cuidadores). Si estás leyendo esto probablemente ya seas adulto (a), ya creciste, ya puedes tomar una decisión y liberarte de todo eso. La próxima vez que te descubras “poniéndole tiza” a algo detente un segundo y pregúntate: ¿Esto es lo que pensaba mi mamá? ¿Esto es lo que decía papá? ¡Y zaz, oh sorpresa! Te darás cuenta de que estás repitiendo un patrón que no es el tuyo, un patrón que te dejaste colgar ¡Tienes el poder de romper esa cadena! Todo es cuestión de que te hagas consciente.

La moda

También ponemos tiza porque es la costumbre. El “activismo” en línea es el mejor ejemplo de esto, cada que aparece el “hashtag” de #cualquierestupidez nos sentimos en la onda opinando de eso: ¿Te acuerdas de lo del balde con agua que había que echarse encima…? ¿Te acuerdas que era para recolectar unas donaciones en dinero…? ¿Te acuerdas que a todo el mundo se le pasaba por alto hacer la dichosa donación…? Espera, espera, espera un momento… tu cara me sugiere que ni siquiera te acuerdas de lo que te hablo. Así pasa con casi todo eso… modas van, modas vienen.

El punto aquí es que, precisamente, ese es el jueguito del sistema en el que vivimos: mantenernos a todos distraídos de los verdaderos temas y problemas de fondo. En resumen, cada que vayas a unirte a una “cibercausa”, más bien sal a la calle, ve a cualquier semáforo, ve al centro de tu ciudad, a un barrio deprimido o incluso mira dentro de tu propia familia: siempre encontrarás alguien que necesita ayuda real (comida, abrigo, hospedaje, dinero, que le escuchen, una orientación), no un “like” de Facebook ni una mención en Twitter para dar a conocer “tu opinión en la onda”.

que-diran-2Miedo al qué dirán

Consecuente con la anterior, está la tendencia a no quedar mal ¿Qué dirán de mí si no sé de qué están hablando? ¿Si no entiendo ni sigo la tendencia? No le pongas tiza a eso.

Que digan lo que quieran; casi nunca podemos hacer nada con lo que los demás opinan de nosotros. No vivas dando explicaciones.

Sentirnos muy especiales (ego y vanidad)

Nuestro “rayón” ancestral: esa idea de que somos especiales, de que merecemos más estima, de que somos superiores y diferenciados. De nuevo la contradicción: hacemos lo mismo que hace el resto, nos movemos con la masa, pero luchamos por sentirnos especiales ¿Quién nos entiende?

No somos ni buenos ni malos, ni mejores ni peores, simplemente somos diferentes. Esto cuesta un montón de esfuerzo comprenderlo y sobre todo vivirlo: ¡Que se retrasó el vuelo…! No importa, saco mi libro y me pongo a leer en vez de pelear con la pobre chica de counter del aeropuerto ¡Que no tiene ningún control sobre las operaciones de la aerolínea!

No le pongo tiza, no me enredo, no le doy poder a las cosas para que me dañen el día. Yo era uno de esos que le ponía tiza a muchas cosas sin importancia; ya he avanzado en el camino, mi vida es más tranquila, más simple, más descomplicada. Sigo aprendiendo.

Tomado de: http://mlore.manipalblog.com/wp-content/uploads/2014/08/lady_imagination.jpg
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Expectativas exageradas

Como vivimos en el futuro (no en el aquí y ahora), entonces nos mantenemos esperando a que “pase algo” como queremos que pase, y cuando esto no ocurre ¿Cómo se llama lo que sigue?: ¡Decepción! Después viene el dramático predicamento alrededor de que ¡Esto o lo otro / Tal o cual persona no colmó mis expectativas! Óigase bien lo de “mis expectativas” (volvemos a lo de sentirnos especiales…), y así es como empezamos a enredarnos, a quejarnos, a molestar y a dejar que, de nuevo, se nos dañe el día. ¿Para qué ponerle tiza a eso? Veamos cómo te suena esto: No esperes nada y agradécelo todo. ¿Qué tal vivir así? Es una vida más sencilla, te lo aseguro.

Conocer solo una realidad y creer que la única es la nuestra

Una de las cuestiones que más aportan a la tendencia a complicarse y “poner tiza” es creer que los únicos problemas son los nuestros. No se trata de irnos a la excusa de: “mal de muchos consuelo de tontos”, sino de poner las cosas en su justa medida.

metro-medellin-estacion-poblado

Lo ilustro con un ejemplo: En mi ciudad (Medellín y su área metropolitana) la gente se queja porque el metro se llena en la horas pico o a veces sufre contratiempos… sería provocativo hacerles ver que: 1. Es un sistema de transporte masivo ¡Se tiene que llenar, está diseñado para eso! 2. Imaginen que toda esta gente se moviera en autobuses ¡Sería infinitamente peor la vida! 3. La mayoría de los metros del mundo ¡Se llenan tanto o más que el de aquí! 4. Es muy positivo que se llene porque de otra forma ¡Sería una infraestructura muy costosa y sub-utilizada! 5. Estas máquinas llevan casi 20 años operando casi todos los días del año ¡En algún momento se tienen que averiar! 6. Hay gente en el campo que para ir a su casa debe hacer travesías de varias horas, todos los días, a caballo o en mula ¡Y aquí enloquecemos porque nuestro flamante tren eléctrico deja de funcionar 30 minutos algún día del año! Somos unos niños irritables.

La costumbre de joder

Esta costumbre la describo también como el hábito de amargarse la vida. En serio que nos encanta molestar por todo, en especial por las pequeñeces, creo que hemos desarrollado un terrible amor por el drama, y empezamos a describirnos a nosotros mismos a través de todos esos dramas, hasta que llegan a parecernos normales.

A veces puede ser la forma que hemos aprendido para llamar la atención, o simplemente una característica de nosotros mismos que ya damos por sentada, pero en todo caso si hay una forma de alivianar la vida es “no poniéndole tiza”, aprendiendo a balancear la atención que le prestamos a las cosas y sobre todo sabiendo discernir qué merece verdaderamente nuestra energía.

Casi nunca nos damos cuenta de la cantidad de ruido que tenemos en la mente, de la tremenda cantidad de basura que pensamos, pero cuando somos capaces de dejar a un lado todo eso y entregarnos a la armonía con la que está escrita el universo, seremos capaces de burlarnos incluso de toda la “tiza que hemos puesto”.

¿Te atreves a crear una vida sin “ponerle tiza”? ¿Cómo vas empezar?

 

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3 comentarios en “Por qué le “ponemos tiza” a las cosas

  1. Una de las frases que has puesto me ha hecho recordar un libro

    “El arte de amargarse la vida”. Paul Watzlawick. Barcelona, Herder, 1989

    es cortito, y muy interesante, a la par que divertido 😀

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